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domingo, 15 de mayo de 2022

Respuestas Pro-vida VII: ¿Y qué haces por los niños nacidos?

 ¿Alguna vez, en vuestras conversaciones con personas pro-elección, os habéis encontrado con una pregunta o frase de este tipo?:

“¿Y qué haces por los niños que ya han nacido?"; "No eres pro-vida, eres pro-parto"; "Si tanto te importa el derecho a vivir, ¿por qué no te dedicas a protestar contra los conflictos bélicos?”

Seguro que sí. Esta cuestión se plantea de muchas formas, pero al final su esencia vendría a ser: “¿por qué no te dedicas a esta causa, que yo considero legítima, en lugar de a esta otra, que considero ilegítima?”





Seres que importan vs. seres que no importan

A nadie se le ocurre preguntarle a un grupo que protesta por los desahucios por qué no va a protestar por los recortes en sanidad. Este tipo de preguntas se dirigen, fundamentalmente, a dos movimientos: el pro-vida y el animalista. ¿Y qué tienen estos en común? Que defienden a una clase de seres que se consideran poco o nada importantes en la sociedad actual.
Para el no animalista (o especista), los humanos son más importantes que los animales, por lo que considera una pérdida de tiempo o una muestra de hipocresía que haya personas y grupos especializados en la defensa de los derechos de estos últimos. Por no hablar de que, naturalmente, el reconocimiento de dichos derechos mermaría, hasta cierto punto, su libertad. 
Lo mismo ocurre con el pro-elección, que no cree que el feto humano tenga valor moral (o, al menos, no tanto como el humano nacido) ni que merezca tener derechos. Y para el que la aceptación social de esos derechos supondría una reducción de sus opciones o de las de sus seres queridos en caso de enfrentarse a un embarazo no deseado.
Estas dos circunstancias hacen que los animalistas y los pro-vida seamos vistos, cuando menos, como unos tocanarices, que se meten donde nadie les llama en lugar de hacer algo realmente positivo por la sociedad. Y que, para colmo, quieren decirle a la gente lo que puede hacer y lo que no con “sus” fetos/animales.
Por tanto, a la hora de responder a este tipo de preguntas es fundamental explicar por qué nos oponemos al aborto, por qué consideramos que los no nacidos son valiosos y deberían estar protegidos por ley.


Todos somos pro-vida y pro-elección a la vez

Una pregunta subsiguiente que podría surgir por parte del pro-aborto cuando intentas explicarle por qué los fetos te importan es "Pero si eres pro-VIDA, ¿no deberías incluir en tu lucha cualquier atentado, directo o indirecto, contra la vida humana?"
Pues no necesariamente. Hay que tener en cuenta que los términos pro-vida y pro-elección (o pro-aborto) surgieron en el contexto específico del conflicto entre el derecho del no nacido a vivir y el derecho de la gestante a elegir abortarlo. Fuera de ese contexto, todos somos, a la vez, pro-vida y pro-elección, en el sentido de que defendemos el derecho a vivir (de aquellos seres que consideramos que merecen tenerlo) y el derecho a elegir (siempre que dicha elección no dañe a otro ser que consideremos moralmente valioso). Además...


El que mucho abarca, poco aprieta

El número de cuestiones en las que a los pro-vida se nos exige implicarnos activamente para demostrar que somos coherentes es enorme: guerras, sanidad, adopción, desahucios, violencia policial, discriminación…
Parece que si una persona o grupo pro-vida no está estrechamente involucrado en todas y cada una de las causas sociales que existen, no es ‘realmente’ pro-vida. Pero, ¿es esto razonable? ¿Realmente se puede esperar que alguien dedique el mismo tiempo a todas las cuestiones que lo merecen?
Yo diría que no. Primero, porque no nos daría la vida para todo. Y segundo, porque podríamos dedicar un tiempo tan ínfimo a cada empresa que no lograríamos ningún avance significativo.
Todos los grupos y personas que llevan a cabo algún tipo de activismo están especializados en una causa concreta (o en unas pocas causas estrechamente relacionadas). Los hay que se centran en promover los derechos de un colectivo específico (niños, ancianos, mujeres, embriones/fetos), los que defienden un derecho en particular (a la vivienda, a la salud, a la educación), los que trabajan en cuestiones como el medio ambiente o los derechos de los animales, etc. Y dentro de estas categorías hay, a su vez, distintos enfoques y subespecialidades.
Todo el mundo entiende que el hecho de que una persona o un grupo de personas se dedique fundamentalmente a una causa concreta (por ejemplo, el medio ambiente) no implica que no le importen otras cuestiones (por ejemplo, la vivienda).
Lo mismo ocurre con los pro-vida. El hecho de nos importen los no nacidos y defendamos su derecho a no ser privados arbitrariamente de su vida no implica que otros colectivos (como los niños nacidos) o problemas no nos importen tanto como a cualquiera, ni que no dediquemos también parte de nuestro tiempo a algunos de ellos.


Enfoque holístico vs. especializado

¿Es cierto que los pro-vida no hacemos nada por las personas que ya han nacido? Evidentemente no.
Si bien algunos grupos o individuos deciden especializarse en la defensa de los derechos pre-natales o en la concienciación social sobre la dignidad de los seres humanos en gestación (y de algún otro colectivo vulnerable), como Derecho a vivirOne of us o Abortion Resistance, también los hay orientados a ofrecer ayuda práctica a sus familias, como la Fundación RedMadreProyecto Maternity o LoveLine.
Algunos, incluso, amplían el rango de colectivos atendidos en situaciones de emergencia, como la Fundación Madrina, que se ocupó de atender las necesidades básicas de las personas en situación de vulnerabilidad durante la pandemia de Covid-19 y que se ha involucrado activamente en el apoyo a los refugiados de la guerra de Ucrania.
Además, existen organizaciones pro-vida, como Rehumanize International, que aparte de oponerse activamente al aborto luchan contra la pena de muerte, la eutanasia o la guerra, entre otras.
Por no hablar de la existencia de iniciativas centradas específicamente en facilitar la conciliación de la maternidad con los estudios o el trabajo o en garantizar la salud materna de colectivos vulnerables.
En resumen, lo mismo que se podría encontrar en el seno de cualquier otro movimiento social: distintos enfoques y especialidades.



Activistas de Rehumanize International.


Además de lo expuesto, estoy segura de que la mayoría de los que nos consideramos pro-vida también ponemos nuestro granito de arena en otras causas. Así que la próxima vez que algún pro-aborto os venga con alguna de las preguntas que planteo al principio de este post, os sugiero que, en primer lugar, empaticéis con él/ella y validéis su preocupación (enfatizando vuestros puntos en común). Y que, en segundo lugar, le expliquéis que si dedicáis tiempo a defender a los no nacidos no es porque los nacidos os importen menos, sino porque os importan tanto como ellos. Y, como ellos, merecen que alguien dedique su tiempo y su esfuerzo a defenderlos.



Preguntas: ¿Cómo responderíais vosotros a un pro-aborto que os plantease alguna de estas cuestiones? ¿Qué otras causas os importan y cómo os implicáis en ellas?


sábado, 2 de diciembre de 2017

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto VI: Si tuvieses que elegir, ¿salvarías a un bebé o a diez embriones?

Aquí voy a hablar de un experimento mental pro-elección que he visto usar más de una vez en las redes sociales y que últimamente ha vuelto a cobrar fuerza. Se puede plantear de muchas formas, pero la más reciente vendría a ser más o menos así:

"Estás en una clínica de fertilidad. El edificio está ardiendo y tienes que elegir entre salvar a un bebé o a diez embriones congelados. ¿Qué haces?"



Este experimento pretende ponernos en lo que se conoce como un no-win scenario, es decir, una situación en la que, hagamos lo que hagamos, no podemos ganar. Si elegimos al bebé, la persona que ha planteado el experimento entenderá que estamos admitiendo que su vida vale más que la de los embriones y lo tomará como una prueba de que la postura pro-vida no se sostiene. Si elegimos a los embriones o lo dejamos al azar pensará, o bien que estamos siendo irracionales, o bien que le estamos mintiendo y que no queremos admitir que en realidad salvaríamos al bebé.

Y es que, en el fondo, quien plantea este escenario hipotético suele estar convencido de que salvaríamos al bebé. ¿Por qué? Ahora lo veremos.

¿Hay alguna diferencia relevante entre un bebé y un embrión humano?

En primer lugar, vamos a tratar de analizar la situación de forma racional. Desde la perspectiva pro-vida, todas las vidas humanas implicadas en este experimento tienen un mismo valor intrínseco o fundamental. Teniendo esto en cuenta, lo lógico, aparentemente, sería escoger a los embriones, salvando así el mayor número de vidas posible. Sin embargo, en este caso en concreto existen una serie de circunstancias que conviene tener en cuenta, ya que podrían hacer variar nuestras prioridades. Estas circunstancias serían principalmente dos: la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir.

Como todo el mundo sabe, la mortalidad en la etapa embrionaria es muy alta. Un bebé tiene muchas más probabilidades de sobrevivir una vez puesto a salvo que un embrión. Así, si elegimos al bebé, podemos estar bastante seguros de que este seguirá viviendo, pero si elegimos a los embriones, podría ocurrir fácilmente que todos ellos muriesen antes de lograr implantarse o poco después de hacerlo (y esto sólo si logramos que todos ellos sean gestados por sus madres o adoptados, para empezar) con lo que no habríamos conseguido salvar a nadie.

Además, también deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿el bebé puede sentir dolor, miedo, etc. si lo dejamos arder? Sí. ¿Y los embriones? No. Puestos a elegir, una muerte dolorosa sería peor que una muerte indolora.

Enfocándolo de este modo, si el experimento nos obligase a elegir entre un bebé consciente de lo que ocurre y que tiene altas probabilidades de seguir viviendo si lo salvamos y diez bebés en coma que no se van a enterar de nada y que tienen pocas probabilidades de sobrevivir, quizá lo más lógico sería elegir al bebé consciente.

Si, por el contrario, asumiésemos que tanto el bebé como los embriones tienen las mismas probabilidades de sobrevivir y que ninguno de ellos puede sentir, lo más lógico sería elegir a los embriones.

La fuerza de la empatía

Hasta aquí el razonamiento. No obstante, en una situación extrema en la que nos vemos obligados a tomar una decisión semejante, ¿nos guiaríamos por la lógica? Probablemente no. Las principales responsables de nuestra reacción en este escenario serían nuestras emociones. Y estas son la razón por la que la mayoría de las personas que plantean este experimento esperan que escojamos al bebé.

Cualquier persona mínimamente decente y que no padezca algún tipo de psicopatía siente el impulso de proteger a un niño pequeño cuando está en peligro. Esta especie de instinto parental puede ser tan poderoso como para, en una versión modificada del experimento planteado, llevarnos a optar por salvar a un niño de un incendio antes que a diez adultos. No obstante, este impulso natural no lo hemos desarrollado con los embriones, a los que hasta hace pocos años no podíamos ni ver.

Además, es fácil empatizar con un niño que se parece físicamente a nosotros y que experimenta sensaciones similares a las nuestras, mientras que con un embrión, que no tiene consciencia de sí mismo ni de su entorno, y que en sus primeras etapas tiene el aspecto de una mora o una habichuela, es prácticamente imposible. Sólo nuestra razón nos permite ver que uno es tan humano como otro y llegar a la conclusión de que, a un nivel fundamental, todos los seres humanos tienen el mismo valor moral, al margen de nuestros sentimientos hacia ellos.

Es más fácil sentirse identificado con un bebé que con un embrión.

Así pues, este experimento busca una respuesta emocional, no racional. Sin embargo, el hecho de que, si se diese el caso en la realidad, probablemente la mayoría de nosotros nos dejaríamos llevar principalmente por nuestras emociones y elegiríamos al bebé, no demuestra nada acerca del valor moral objetivo y fundamental de los embriones. Como mucho, nos ayuda a ver el peso que tienen nuestros sentimientos a la hora de tomar decisiones en situaciones extremas. Al fin y al cabo, si tuviésemos que elegir entre la vida de un desconocido y un ser querido, ¿quién no elegiría sin dudar al ser querido? Esto no implica que la vida del desconocido sea menos valiosa a un nivel fundamental.

Ahora bien, dejando al margen la cuestión emocional y volviendo a las características que teníamos en cuenta para elegir entre una vida y otra (en este caso, la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir), hay que tener en cuenta que estas consideraciones sólo tienen sentido si nos vemos obligados a elegir entre dos valores fundamentales, es decir, cuando no tenemos más remedio que apoyarnos en valores secundarios para establecer prioridades. En condiciones ideales, estas características no tendrían mucha relevancia, ya que una vida humana no deja de ser valiosa a un nivel fundamental sólo porque pueda ser más corta o porque se encuentre en un estado no consciente.

Esta clase de escenarios extremos que nos obligan a elegir entre unas vidas y otras se dan muy poco en la vida real, afortunadamente, y cuando lo hacen, como en el caso de un embarazo que ponga en riesgo la vida de la madre, elegimos a esta última, entre otras cosas, por las razones antes mencionadas.

En la mayoría de los embarazos no encontramos un caso de vida contra vida, sino de vida contra experiencias negativas (embarazo y parto no deseados) por lo que la elección está clara: vida.


Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a un experimento mental de esta clase?


Referencias:

- This Pro-Abortion Fanatic Presented A Thought Experiment 'DESTROYING' Pro-Lifers. Here Are 4 Reasons He Fails Dramatically.

WALSH: Here's The Reason Why Pro-Aborts Rely On Worst Case Scenarios To Argue Their Point

- Four Practical Tips for Responding to the Burning Fertility Clinic

Embryos and Five-Year-Olds: Whom to Rescue

lunes, 18 de julio de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto V: Los embriones no son seres vivos

Esta es una de las afirmaciones más chocantes que me encuentro cuando hablo con partidarios del aborto. Y no es que sea poco frecuente.


"Deberíais preocuparos más por los que ya están vivos, los embriones/fetos son conjuntos de células sin vida, etc.".

Sólo se me ocurren dos posibles explicaciones para que alguien diga que los embriones humanos no están vivos: o bien no sabe cuáles son las características que definen a los seres vivos (y que están presentes también en los embriones de cualquier especie) o bien define el inicio de la vida humana basándose en el criterio utilizado para determinar el estado de "muerte cerebral". Por si acaso, empezaré con un pequeño repaso sobre lo primero y después haré un análisis de lo segundo.


¿Cuáles son las características que definen a un ser vivo?

Aunque la vida en sí es un fenómeno físico-químico extremadamente complejo, existen una serie de características que todos (o casi todos) los seres vivos comparten. Estas son:

Organización y complejidad

Los seres vivos están formados por moléculas orgánicas (proteínas, lípidos, glúcidos, ADN/ARN) e inorgánicas (agua, sales minerales, gases) que se organizan formando estructuras complejas. Se considera a la célula como la mínima unidad de la vida, de modo que los seres vivos pueden estar formados por una sola célula (unicelulares) o por muchas células (pluricelulares) que a menudo se organizan formando tejidos y órganos especializados.

Los embriones y fetos humanos están formados por células.

Homeostasis

Los seres vivos tienen la capacidad de mantener las condiciones internas de su organismo relativamente constantes.

Respuesta a estímulos

Los organismos vivos son capaces de percibir y responder a estímulos tanto internos como externos.

El embrión humano se relaciona con su madre a nivel molecular, e incluso celular, desde el principio de la gestación.

Metabolismo

Los organismos obtienen átomos y moléculas del aire, agua, suelo o de otros seres vivos y los utilizan para llevar a cabo las reacciones químicas que permiten su crecimiento, conservación y reparación.

El embrión/feto obtiene los nutrientes y el oxígeno que necesita (y expulsa los desechos y el dióxido de carbono) a través de la placenta y el cordón umbilical que ponen en contacto su cuerpo con el de su madre.

Crecimiento y desarrollo

El crecimiento es el aumento del tamaño y/o del número de células que componen un organismo a través de la conversión de los materiales obtenidos del ambiente en moléculas específicas del mismo.

El embrión humano empieza a crecer desde el momento de su concepción y no deja de hacerlo hasta alcanzar la adultez.

Reproducción

Todos los seres vivos se caracterizan por ser capaces de reproducirse, es decir, de transmitir su material genético a la siguiente generación, en algún momento de sus vidas.

El ser humano adquiere la capacidad de reproducirse al alcanzar la pubertad.

Evolución

Aunque la estructura genética de un solo organismo prácticamente no cambia durante toda su vida, la composición genética de una especie como un todo cambia conforme pasan las generaciones.




Visto lo visto, queda claro que embriones y fetos humanos encajan perfectamente en la definición de “ser vivo”. Entonces, ¿cómo es posible que incluso algunos científicos nieguen que el embrión humano esté vivo? Pues como decía más arriba, generalmente la respuesta tiene que ver con el concepto clínico de “muerte cerebral”.


Desarrollo del sistema nervioso: Por qué el concepto de “muerte cerebral” no es aplicable al embrión humano.

El argumento vendría a ser el siguiente: "Si consideramos que el cese de la actividad cerebral señala el final de la vida, ¿por qué no concluir que el inicio de dicha actividad marca el principio de la misma?”.

Hay que decir, en honor a la verdad, que se trata de uno de los argumentos pro-aborto más sólidos e interesantes  que me he encontrado nunca. A diferencia de la mayoría, se basa en una realidad científica (el desarrollo del sistema nervioso) para establecer el comienzo de la vida humana en un momento distinto de la concepción.

El razonamiento funciona más o menos así:

A) Un ser humano adulto que no tiene actividad cerebral está muerto.

B) Un embrión humano no tiene actividad cerebral.

Conclusión: El embrión humano está muerto.

Parece lógico. Sin embargo, este razonamiento elude un factor esencial que caracteriza a la primera situación, pero que no está presente en la segunda, y que una vez tenido en cuenta, invalida la analogía: la irrevocabilidad.

¿Por qué se considera que una persona que carece de actividad cerebral está muerta? Porque esta situación es irreversible. Un ser humano que emitió ondas cerebrales en el pasado y dejó de hacerlo nunca podrá recuperarlas, ha perdido para siempre la capacidad de funcionar como un todo integrado, así como la facultad de elaborar pensamientos racionales que caracteriza a nuestra especie. Puesto que esta pérdida es irrevocable, la establecemos como sinónimo de “muerte”. Dicha circunstancia no se da en el embrión. Este no ha perdido la capacidad de generar ondas cerebrales (o de razonar), sino que aún no la ha desarrollado. La inactividad cerebral no es permanente en él, como lo es en el caso de la persona en muerte cerebral, ya que su organismo posee la capacidad de desarrollarse hasta adquirirla.

Ahora bien, consideramos que un humano adulto está legalmente muerto cuando no presenta actividad cerebral. ¿Por qué? Porque un organismo cuyo cerebro ha muerto es irrecuperable. ¿Y a qué se debe esto? Sencillamente a que un ser tan complejo como es el humano adulto necesita que su cerebro funcione para poder seguir realizando sus funciones vitales como un todo integrado. Esto no ocurre en organismos más simples, como las plantas o algunos invertebrados y tampoco en las primeras semanas de desarrollo de seres más complejos, como los humanos. Un embrión humano no necesita tener un cerebro para seguir respirando, alimentándose y desarrollándose. A medida que aumente su grado de desarrollo se irá volviendo más y más dependiente de su sistema nervioso central. Un humano que dependa de su cerebro para sobrevivir dejará automáticamente de crecer y realizar el resto de sus funciones vitales si este órgano muere, y empezará a descomponerse, a desorganizarse.  El organismo en estado de muerte cerebral ha perdido la capacidad de funcionar como un todo. El que se encuentra en estado embrionario, no. El estado inactivo del cerebro embrionario no es permanente; de hecho, si nada interrumpe su desarrollo, este continuará hasta que el individuo adquiera todas las facultades propias de la especie humana, incluidas la capacidad de sentir y razonar.
Si lo que hace que la ausencia de actividad cerebral se utilice para definir el estado de muerte es que es definitiva, porque dicho organismo depende de su cerebro para subsistir, no tiene sentido considerar que un organismo en el que este estado no lo es porque no depende (aún) de dicho órgano, está muerto.

La afirmación de que un embrión humano no está vivo mientras no manifiesta actividad cerebral asume que la vida DEBE empezar del mismo modo que acaba. ¿Pero por qué habría de hacerlo? Al fin y al cabo, somos el mismo ser humano, antes y después de que nuestro cerebro "se active". ¿No tendría más sentido suponer que nuestra vida empieza cuando nuestro cuerpo empieza a funcionar como un todo que al ser tan simple en sus inicios, no necesita un cerebro para coordinarse y acaba cuando deja de ser capaz de seguir funcionando como un todo, lo que, de ocurrir cuando el organismo es adulto, dada su complejidad en ese momento, sí requeriría un cerebro activo?

Véase también:

- Secular Pro-Life Perspectives: Consciousnes = Personhood?

- Pro-Life Humanists: A secular case against abortion


Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a alguien que sitúa el inicio de la vida humana en el momento en que el cerebro se vuelve activo? Podéis dejar vuestras ideas en los comentarios.

domingo, 21 de febrero de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto IV: "Si no tienes útero, no opines"

Este es sin duda uno de los "argumentos" más frustrantes que un hombre pro-vida puede encontrarse cuando discute con personas que están a favor del aborto.


Como persona que cree firmemente en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como en el derecho a la libertad de expresión, me indigna que se pretenda restringir el derecho a opinar de otra persona en base a su sexo. En este caso, quien lo hace a menudo presupone que el aborto es una cuestión que sólo afecta a las mujeres y que un hombre, al no poder quedar embarazado, no debería tener derecho a opinar sobre la moralidad o la legalidad del aborto. Sin embargo, ¿es cierto que el aborto sólo afecta a las mujeres? Y si lo fuera, ¿sería eso un motivo razonable para negar a los demás su derecho a expresar su opinión?

El aborto no afecta sólo a las mujeres

En el artículo Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto: “Nadie te obliga a abortar” ya expliqué que el aborto afecta a los hombres de varias formas, siendo la peor de ellas el hecho de tener que ver cómo eliminan a sus hijos/hermanos/nietos/etc. y no poder hacer nada para evitarlo. Quizá un hombre no pueda experimentar un embarazo, un parto o un aborto de forma física pero sí a nivel emocional. Además, todo hombre (al igual que toda mujer) fue una vez un feto/embrión que pudo haber sido abortado.



Y aunque lo hiciese...

Deanna Young, en su artículo Should Men Shut Up About Abortion? deja muy claros los inconvenientes de esta línea de pensamiento. Para empezar, habría que tener en cuenta que muchas mujeres nunca han experimentado ni experimentarán jamás un embarazo no deseado (por ejemplo, por ser estériles) por lo que si echamos a los hombres del debate basándonos en que nunca podrán entender lo que siente una mujer en esta situación, estas mujeres también deberían quedar fuera de la ecuación.

En segundo lugar, habría que preguntarse si es cierto que el hecho de no tener conocimiento de primera mano de lo que otra persona está experimentando significa necesariamente que no se deberían poder hacer juicios morales sobre las acciones de esa persona. Ante esta cuestión, Young se remite al ejemplo utilizado por Josh Brahm en su artículo Dialogue Tip: Responding to “You’re a Man, You Can’t Get Pregnant!” sobre el caso real de Andrea Yates, quien, sufriendo una severa depresión post-parto, ahogó a sus cinco hijos. Ahora bien, muchas mujeres nunca han experimentado depresión post-parto y la mayoría de los hombres nunca lo harán. Aún así, todos nosotros, seamos hombres o mujeres, podemos llegar a la conclusión de que lo que hizo Yates, fuese cual fuese su estado mental en aquel momento, estuvo mal y que el infanticidio debería seguir siendo ilegal.

Mejor aún es la respuesta formulada por el hermano de Josh, Timothy Brahm, en su artículo Responding to the Astute Observation That I Am a Man, que transcribo a continuación (aunque recomiendo leer también el artículo original en inglés):

“Tienes toda la razón. Soy un hombre, y nunca me quedaré embarazado. Puedo intentar simpatizar con las mujeres que experimentan embarazos no deseados, pero nunca sabré realmente por lo que están pasando. Déjame hacerte una pregunta un poco rara.

Timothy Brahm hablando con unos estudiantes.
Imagina que voy a pescar al lago. Me lo estoy pasando genial pescando, y entonces la veo a ella (apunto a una de las voluntarias pro-vida) a unas veinte yardas. Me doy cuenta de que ella está empujando su coche hacia el lago. Bueno, eso es raro, ¿por qué habría de hacerlo? Entonces miro el asiento de atrás y me doy cuenta de que hay un niño de dos años en el coche.

Ahora, yo soy un hombre. Nunca he estado embarazado. Nunca he sido madre. Nunca sabré por lo que ella está pasando. Podríamos incluso cambiar el escenario haciendo que el niño sea un recién nacido y diciendo que ella tiene depresión post-parto, algo que como hombre jamás podré experimentar. Pero aunque no pueda entender por lo que está pasando, ¿no debería tratar de hacer algo para salvar al niño?

Yo tengo este extraño punto de vista. Puede sonar raro para ti, pero tengo buenos argumentos para él. Mi extraño punto de vista es que el embrión humano es, desde la fecundación, una persona humana tan valiosa como tú y como yo. Eso puede sonar loco, pero sígueme la corriente por un momento. Si tengo razón sobre este realmente extraño punto de vista, entonces parece que debería tratar de ayudar a esos embriones, igual que debería tratar de salvar al niño de ahogarse, a pesar de que en ninguno de los casos puedo entender verdaderamente por lo que ha pasado la mujer. Por eso creo que es tan importante averiguar si el embrión es una persona humana valiosa, como nosotros. ¿Qué crees tú?"

Como dice el propio Brahm, este experimento mental es directo y no controvertido, su prefacio reconoce la preocupación de la persona pro-elección de un modo respetuoso y al coincidir en que los hombres no pueden entender totalmente el embarazo clarifica el auténtico desacuerdo.

¿Podría el mito del “machismo pro-vida” estar detrás de este argumento?

Manifestante en una Marcha por la Vida:
"Soy una feminista, luchando por la igualdad
para los que están por nacer".
Cuando un hombre pro-vida se enfrenta al manido “no tienes útero, no opines” a menudo su primera reacción es recordarle a la otra persona que existen muchísimas mujeres que defienden su misma postura y retarla a rebatir sus argumentos en lugar de despreciarlo por su sexo. Sin embargo, esto no siempre funciona. Yo misma, siendo mujer, me he tenido que enfrentar a una sugerencia particularmente ofensiva: la de que la única explicación razonable para mi postura anti-aborto es que en realidad no estoy pensando por mí misma, que “el patriarcado” debe de haberme “lavado el cerebro”. Esto me ha llevado a pensar que el auténtico motivo por el que muchas personas se oponen a que los hombres opinen en contra del aborto es que asumen que estos hombres son, necesariamente, machistas, y que su postura pro-vida se cimienta exclusivamente en su deseo de limitar la libertad de las mujeres. Esta teoría explicaría por qué las opiniones masculinas favorables al aborto sí son bien recibidas por el movimiento pro-elección: esta postura no limita las opciones de las mujeres ante un embarazo no deseado, por tanto, no puede ser machista.

Ante esta situación, el único modo de garantizar que la conversación avance de un modo productivo es dejar claro que no soy una persona machista; que creo que hombres y mujeres tienen la misma dignidad, los mismos derechos y las mismas responsabilidades; que considero que la trata de mujeres, la ablación o el feminicidio son violaciones de los derechos humanos; que no necesito apoyar el aborto para considerarme feminista o para defender los derechos sexuales y reproductivos; y que si me opongo a que el aborto sea un derecho no es porque quiera fastidiar a las mujeres sino porque estoy convencida de que los no nacidos son seres humanos igual de dignos y valiosos que los que ya han nacido y de que sus derechos fundamentales merecen ser reconocidos y respetados.

martes, 4 de agosto de 2015

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto III: "Nadie te obliga a abortar"

Este es sin duda uno de los argumentos más utilizados por los defensores del aborto y a la vez uno de los menos efectivos. ¿Por qué? Vamos a verlo.


El argumento es sencillo: "¿No estás de acuerdo con el aborto? Muy bien, no abortes, pero no les digas a los demás lo que tienen que hacer. Abortar es un derecho, no una obligación". Sin embargo, ¿es cierto que el aborto "no obliga a nadie"? Pues no, no es cierto. De hecho, obliga a muchas personas, de muchas formas distintas.

Obliga a todos los ciudadanos a financiarlo

El Estado español destina varios millones de euros al año a la financiación de las clínicas que practican abortos. Dicha financiación se lleva a cabo con dinero público procedente de los impuestos de todos los ciudadanos, estén a favor o en contra de esta práctica. Esto significa que todos aquellos que vemos el aborto, no como un derecho humano, sino todo lo contrario, estamos obligados a pagarlo con nuestro dinero, un dinero que podría haber sido destinado, por ejemplo, a paliar la maltrecha situación económica de la Sanidad española, a mejorar las prestaciones a las personas con discapacidad, a la ampliación de los servicios sanitarios o a la investigación biomédica.

Obliga a los profesionales sanitarios a participar en el proceso

Si bien los médicos, enfermeros y demás profesionales de la salud tienen reconocido su derecho a la objeción de conciencia, este aún tiene sus limitaciones. Por ejemplo, los médicos de atención primaria tienen la obligación de informar a cualquier embarazada que lo solicite de su derecho a interrumpir legalmente su embarazo, aunque esto vaya contra sus convicciones religiosas o sus principios morales.

Obliga a los padres a permanecer al margen 

Al reconocer el aborto como un derecho exclusivo de la mujer a decidir sobre "su cuerpo" se niega automáticamente al progenitor masculino la posibilidad de participar legalmente en la toma de decisiones. Si él está de acuerdo en que se interrumpa el embarazo, no hay problema, pero, ¿y si está en contra? ¿Y si él quiere a su hijo, si ya lo considera parte de su familia? Imagina que tu pareja decide matar a tu hijo y tú no puedes hacer nada para evitarlo porque la ley te lo impide. Imagina tener que quedarte de brazos cruzados mientras pierdes para siempre a un ser al que amabas porque la ley no lo considera un ser humano sino una propiedad de su madre. Esto es algo que ocurre cuando el aborto se acepta como un "derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad", que muchos padres se ven obligados a renunciar a "su paternidad". Obligados a permanecer al margen mientras abortan a sus hijos, sólo porque por naturaleza estos no pueden desarrollarse dentro de sus cuerpos. Algunos de estos hombres pueden incluso llegar a sufrir los síntomas del conocido como Síndrome Post-Aborto, que también puede afectar a la madre, hermanos o abuelos de la criatura abortada, etc. No se les obliga a abortar de forma física, pero sí experimentan las consecuencias psicológicas de un aborto no deseado.

Obliga a muchas mujeres a abortar

Por supuesto, en la mayoría de los países en los que el aborto es legal está prohibido obligar a una mujer a abortar. Al menos, directamente. Sin embargo, esto no es obstáculo para que, al margen de su legalidad o ilegalidad, muchas mujeres se sientan  obligadas a abortar por diversas circunstancias: problemas económicos, miedo a perder su trabajo, a su pareja, su hogar, a no poder seguir estudiando... Ninguna mujer aborta porque le apetezca hacerlo; de hecho, muchas desearían dar a luz a sus hijos pero creen que esto no es una opción para ellas. No hay una obligación directa, pero sí indirecta. Estas mujeres también tienen más probabilidades de sufrir el síndrome post-aborto anteriormente mencionado.

Obliga a los no nacidos a morir

Este es, sin duda, el motivo principal por el que el argumento de "nadie te obliga a abortar" nunca convencerá a un pro-vida. Incluso si dejase de financiarse con dinero público; incluso si se respetase a rajatabla el derecho a la objeción de conciencia; incluso si ignorásemos el dolor de los padres y demás familiares de los que son abortados, considerándolo un "mal menor"; incluso si consiguiésemos que ninguna mujer se sintiese presionada para abortar en contra de su voluntad (objetivo que tanto pro-vida como pro-elección deberíamos esforzarnos por alcanzar) seguiríamos teniendo el mismo problema de base: el aborto siempre acaba con una vida humana, siempre obliga a morir a una criatura humana incapaz de opinar o defenderse.

Los que defendemos el derecho a vivir de los no nacidos no lo hacemos porque queramos oprimir a las mujeres u obligarlas a ser madres, sino porque creemos que todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos fundamentales desde el momento de nuestra concepción. Lo que pedimos es que se respete el derecho fundamental a la vida de todos los humanos, al margen de su edad, habilidades, ubicación o grado de dependencia. Una ley que niega la humanidad y el derecho a la vida de una parte de la población, en este caso del colectivo pre-natal, es un atentado contra los derechos humanos.  Para dejarlo claro: ¿aceptaríamos como argumento para permitir el infanticidio que nadie obliga a los padres a matar a sus hijos recién nacidos? No, porque sus hijos son personas, seres humanos con dignidad y derechos propios que ni siquiera sus progenitores les pueden arrebatar. Para un pro-vida un niño por nacer tiene los mismos derechos que uno ya nacido, por eso el argumento de "nadie te obliga a matar, deja que los demás maten" siempre cae en saco roto.

domingo, 15 de febrero de 2015

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto II: "Un huevo no es una gallina"

¿Alguna vez has visto a alguien defender el aborto con analogías como estas?

"Un huevo no es una gallina, una bellota no es un árbol e incluso una tela no es un vestido".

Seguro que sí. Basándome en el artículo "Eggs, acorns and silkworms: Refuting pro-choice propaganda", aparecido en el blog Secular Pro-Life Perspectives, voy a tratar de explicar qué hay de falso y de verdadero en este tipo de enunciados.





Un huevo no es una gallina

Generalmente, este afirmación, hecha con frecuencia en las redes sociales, viene acompañada de la foto de un huevo frito. Y lo gracioso es que, en general... ¡Es cierta! Resulta que la mayoría de los huevos destinados al consumo humano no están fertilizados, es decir, sólo contienen un óvulo de gallina, no un embrión (esto es algo que ya comenté hace mucho tiempo en una nota para mi página de Facebook).

Pero, ¿qué pasa cuando tenemos un huevo fecundado? ¿Es una gallina? Sí, al menos tanto como lo sería un pollito ya nacido. Comúnmente usamos la palabra gallina para referirnos a una hembra adulta de la especie Gallus gallus, llamamos gallo al macho y ambos reciben el nombre de pollito o polluelo en su etapa juvenil. El huevo (dentro del cual se encuentra el embrión o feto) no es más que ese mismo animal en las etapas más tempranas de su desarrollo.

Como curiosidad, incluyo aquí un vídeo en el que podemos observar a un embrión de ave a través de una cáscara transparente artificial:



Una bellota no es un árbol

Cuando utilizamos la palabra "árbol", nos estamos refiriendo a la forma adulta de una especie vegetal. Una bellota, una nuez, o el hueso de una fruta no son, obviamente, árboles adultos pero sí son tan miembros de su especie como ellos. Simplemente, igual que ocurre con el embrión de pollo o el humano, se encuentran en una fase muy temprana de su desarrollo, por lo que aún no han alcanzado el tamaño y el aspecto que tendrán en la adultez. Están vivos, lo único que necesitan es crecer.

Un pedazo de tela no es un vestido

Esta afirmación es totalmente cierta. Naturalmente, la materia prima utilizada para fabricar un vestido no es un vestido. De hecho, una tela podría ser utilizada para fabricar otras muchas cosas, como un mantel o una vela. Pero los embriones y los fetos no son "materias primas" que se utilicen para fabricar personas. Nuestra materia prima son los nutrientes que consumimos. Nadie nos "construye" uniendo artificialmente nuestras piezas, somos nosotros los que crecemos y nos desarrollamos; dicho de otro modo, no es que "vengamos de" un embrión, es que una vez fuimos un embrión. Por tanto, en este caso, la analogía no tiene sentido.

Por último, siempre hay alguien que comparte la imagen de una simulación del encuentro entre un óvulo y un espermatozoide diciendo "esto no es un ser humano"; y también es cierto, porque hasta que no se produce la unión efectiva entre ambas (fecundación o concepción), dos células sexuales humanas no pasan a constituir un ser humano con su genoma completo (véase Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto I: "Si una vez fuiste un feto, también fuiste un espermatozoide").



Conclusión: los fetos y embriones humanos no son adultos, ni tampoco materiales para fabricar personas, simplemente son seres humanos muy jóvenes y su aspecto y habilidades son exactamente los que deberían ser en esa etapa de su vida. Desde el momento de su concepción, poseen toda la información genética necesaria y la capacidad para desarrollarse a través del período pre-natal, la infancia, la adolescencia, la adultez y la vejez.






lunes, 5 de enero de 2015

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto I: "Si una vez fuiste un feto, también fuiste un espermatozoide"

Con este artículo, que espero sea el primero de una larga serie, pretendo explicar mi respuesta a un argumento pro-aborto bastante frecuente en las redes sociales:

"Si un feto/embrión fuese un ser humano/persona, un óvulo/espermatozoide también lo sería, por lo que la menstruación/masturbación/anticoncepción equivaldría a un aborto".

El problema con este razonamiento es que, al partir de una premisa falsa, llega inevitablemente a una conclusión errónea. Veamos por qué.


Ante todo hay algunos conceptos que debemos tener claros. Según la RAE:

-Gameto: Cada una de las células sexuales, masculina (espermatozoide) y femenina (óvulo), que al unirse forman el huevo de las plantas y de los animales.

-Cigoto: Célula resultante de la unión del gameto masculino con el femenino en la reproducción sexual de los animales y de las plantas.

-Embrión: Ser vivo en las primeras etapas de su desarrollo, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie.

-Mitosis: División de la célula en la que, previa duplicación del material genético, cada célula hija recibe una dotación completa de cromosomas.

-Meiosis: Sucesión de dos divisiones celulares durante la formación de los gametos, de la que resultan cuatro células que tienen un cromosoma de cada pareja de la célula original.

-Célula totipotente: Célula embrionaria con capacidad para generar un organismo completo.

¿Cómo funciona la Reproducción Sexual?


Espermatozoide, óvulo y embrión.
Podemos encontrar dos tipos de células en los seres vivos que se reproducen sexualmente: las somáticas, que conforman el organismo y se reproducen por mitosis, y las células sexuales o gametos, que son las que permiten reproducirse sexualmente. Los gametos se originan por un proceso llamado meiosis ("ovogénesis" en el caso del óvulo y "espermatogénesis" en el del espermatozoide) en el interior de unos órganos especializados llamados gónadas (ovarios y testículos). Mientras que la mayoría de las células del organismo (somáticas) son diploides, es decir, presentan dos copias de cada cromosoma, el proceso de gametogénesis produce células haploides, con una sola copia de cada cromosoma. Esto permite que, al combinarse el gameto femenino con el masculino, den lugar a una célula diploide (el cigoto) con una dotación genética que es una combinación de ambos progenitores. El cigoto se divide sucesivamente y sus células se van especializando y distribuyendo para formar los distintos tejidos y órganos, pasando a llamarse embrión.

Según esto, ¿por qué el óvulo y el espermatozoide no son seres humanos y el embrión sí? Después de todo, ¿no procede este último de la unión de dichas células, que también poseen vida? ¿No podría argumentarse que se trata, al fin y al cabo, del mismo ser sólo que en diferentes etapas de su vida, igual que el bebé antes fue feto, y el feto, embrión?.

Para entender por qué esto no es así, debemos tener en cuenta varios hechos. En primer lugar, los gametos son células sexuales producidas por los propios progenitores, es decir, forman parte del cuerpo de los padres, no del hijo. Además, al ser células haploides, sólo poseen la mitad de la dotación genética propia de la especie humana. Un gameto humano jamás podrá desarrollarse hasta formar un organismo completo, ya que carece de la totipotencialidad del cigoto.
En segundo lugar, durante cada eyaculación se liberan millones de espermatozoides, de los cuales sólo uno fecundará al óvulo. Dado que la unión de los gametos masculino y femenino ocurre al azar, cada espermatozoide representa una "posible" unión que daría lugar a una combinación genética distinta. Así pues, antes de la unión definitiva, no estaríamos hablando de un ser humano concreto, sino de millones de seres humanos "en potencia".
Al tener lugar la fecundación, es decir, cuando al fin uno de los muchos gametos masculinos logra alcanzar y penetrar el óvulo, las dos "mitades" se funden y dan lugar a una célula diploide, con una dotación genética completa que es distinta a la de los progenitores, nueva y única. Tras esta unión, el cigoto inicia las sucesivas divisiones celulares que, con el tiempo, desembocarán en un organismo humano completo, con sus tejidos, órganos y sistemas. Por esto decimos que es DESPUÉS de la fecundación, y no ANTES, cuando hablamos de un ser humano concreto y definitivo, y no de un "ser humano en potencia", o de un "proyecto de ser humano".

El movimiento pro-vida defiende el derecho humano a la vida desde el momento de la concepción (fecundación). Ningún activista u organismo pro-vida (al menos ninguno que yo conozca) ha afirmado nunca que los óvulos o espermatozoides sean seres humanos con derecho a vivir. Lamentablemente, no han faltado quienes han tratado de atribuirnos semejante razonamiento. Por poner un ejemplo, en 2013 se empezaron a difundir unas declaraciones falsamente atribuidas a la presidenta de la Federación Española de Asociaciones Pro-Vida Alicia Latorre en las que se afirmaba que la masturbación era una forma de aborto. Pese a que dichas declaraciones fueron desmentidas por la asociación, el bulo corrió como la pólvora en las redes sociales, e incluso en algunos medios de comunicación, y aún hoy mucha gente sigue dándole credibilidad.


El bulo de las presuntas declaraciones de Alicia Latorre
 sobre la masturbación y el aborto
corrió como la pólvora en las redes sociales.






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