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domingo, 15 de mayo de 2022

Respuestas Pro-vida VII: ¿Y qué haces por los niños nacidos?

 ¿Alguna vez, en vuestras conversaciones con personas pro-elección, os habéis encontrado con una pregunta o frase de este tipo?:

“¿Y qué haces por los niños que ya han nacido?"; "No eres pro-vida, eres pro-parto"; "Si tanto te importa el derecho a vivir, ¿por qué no te dedicas a protestar contra los conflictos bélicos?”

Seguro que sí. Esta cuestión se plantea de muchas formas, pero al final su esencia vendría a ser: “¿por qué no te dedicas a esta causa, que yo considero legítima, en lugar de a esta otra, que considero ilegítima?”





Seres que importan vs. seres que no importan

A nadie se le ocurre preguntarle a un grupo que protesta por los desahucios por qué no va a protestar por los recortes en sanidad. Este tipo de preguntas se dirigen, fundamentalmente, a dos movimientos: el pro-vida y el animalista. ¿Y qué tienen estos en común? Que defienden a una clase de seres que se consideran poco o nada importantes en la sociedad actual.
Para el no animalista (o especista), los humanos son más importantes que los animales, por lo que considera una pérdida de tiempo o una muestra de hipocresía que haya personas y grupos especializados en la defensa de los derechos de estos últimos. Por no hablar de que, naturalmente, el reconocimiento de dichos derechos mermaría, hasta cierto punto, su libertad. 
Lo mismo ocurre con el pro-elección, que no cree que el feto humano tenga valor moral (o, al menos, no tanto como el humano nacido) ni que merezca tener derechos. Y para el que la aceptación social de esos derechos supondría una reducción de sus opciones o de las de sus seres queridos en caso de enfrentarse a un embarazo no deseado.
Estas dos circunstancias hacen que los animalistas y los pro-vida seamos vistos, cuando menos, como unos tocanarices, que se meten donde nadie les llama en lugar de hacer algo realmente positivo por la sociedad. Y que, para colmo, quieren decirle a la gente lo que puede hacer y lo que no con “sus” fetos/animales.
Por tanto, a la hora de responder a este tipo de preguntas es fundamental explicar por qué nos oponemos al aborto, por qué consideramos que los no nacidos son valiosos y deberían estar protegidos por ley.


Todos somos pro-vida y pro-elección a la vez

Una pregunta subsiguiente que podría surgir por parte del pro-aborto cuando intentas explicarle por qué los fetos te importan es "Pero si eres pro-VIDA, ¿no deberías incluir en tu lucha cualquier atentado, directo o indirecto, contra la vida humana?"
Pues no necesariamente. Hay que tener en cuenta que los términos pro-vida y pro-elección (o pro-aborto) surgieron en el contexto específico del conflicto entre el derecho del no nacido a vivir y el derecho de la gestante a elegir abortarlo. Fuera de ese contexto, todos somos, a la vez, pro-vida y pro-elección, en el sentido de que defendemos el derecho a vivir (de aquellos seres que consideramos que merecen tenerlo) y el derecho a elegir (siempre que dicha elección no dañe a otro ser que consideremos moralmente valioso). Además...


El que mucho abarca, poco aprieta

El número de cuestiones en las que a los pro-vida se nos exige implicarnos activamente para demostrar que somos coherentes es enorme: guerras, sanidad, adopción, desahucios, violencia policial, discriminación…
Parece que si una persona o grupo pro-vida no está estrechamente involucrado en todas y cada una de las causas sociales que existen, no es ‘realmente’ pro-vida. Pero, ¿es esto razonable? ¿Realmente se puede esperar que alguien dedique el mismo tiempo a todas las cuestiones que lo merecen?
Yo diría que no. Primero, porque no nos daría la vida para todo. Y segundo, porque podríamos dedicar un tiempo tan ínfimo a cada empresa que no lograríamos ningún avance significativo.
Todos los grupos y personas que llevan a cabo algún tipo de activismo están especializados en una causa concreta (o en unas pocas causas estrechamente relacionadas). Los hay que se centran en promover los derechos de un colectivo específico (niños, ancianos, mujeres, embriones/fetos), los que defienden un derecho en particular (a la vivienda, a la salud, a la educación), los que trabajan en cuestiones como el medio ambiente o los derechos de los animales, etc. Y dentro de estas categorías hay, a su vez, distintos enfoques y subespecialidades.
Todo el mundo entiende que el hecho de que una persona o un grupo de personas se dedique fundamentalmente a una causa concreta (por ejemplo, el medio ambiente) no implica que no le importen otras cuestiones (por ejemplo, la vivienda).
Lo mismo ocurre con los pro-vida. El hecho de nos importen los no nacidos y defendamos su derecho a no ser privados arbitrariamente de su vida no implica que otros colectivos (como los niños nacidos) o problemas no nos importen tanto como a cualquiera, ni que no dediquemos también parte de nuestro tiempo a algunos de ellos.


Enfoque holístico vs. especializado

¿Es cierto que los pro-vida no hacemos nada por las personas que ya han nacido? Evidentemente no.
Si bien algunos grupos o individuos deciden especializarse en la defensa de los derechos pre-natales o en la concienciación social sobre la dignidad de los seres humanos en gestación (y de algún otro colectivo vulnerable), como Derecho a vivirOne of us o Abortion Resistance, también los hay orientados a ofrecer ayuda práctica a sus familias, como la Fundación RedMadreProyecto Maternity o LoveLine.
Algunos, incluso, amplían el rango de colectivos atendidos en situaciones de emergencia, como la Fundación Madrina, que se ocupó de atender las necesidades básicas de las personas en situación de vulnerabilidad durante la pandemia de Covid-19 y que se ha involucrado activamente en el apoyo a los refugiados de la guerra de Ucrania.
Además, existen organizaciones pro-vida, como Rehumanize International, que aparte de oponerse activamente al aborto luchan contra la pena de muerte, la eutanasia o la guerra, entre otras.
Por no hablar de la existencia de iniciativas centradas específicamente en facilitar la conciliación de la maternidad con los estudios o el trabajo o en garantizar la salud materna de colectivos vulnerables.
En resumen, lo mismo que se podría encontrar en el seno de cualquier otro movimiento social: distintos enfoques y especialidades.



Activistas de Rehumanize International.


Además de lo expuesto, estoy segura de que la mayoría de los que nos consideramos pro-vida también ponemos nuestro granito de arena en otras causas. Así que la próxima vez que algún pro-aborto os venga con alguna de las preguntas que planteo al principio de este post, os sugiero que, en primer lugar, empaticéis con él/ella y validéis su preocupación (enfatizando vuestros puntos en común). Y que, en segundo lugar, le expliquéis que si dedicáis tiempo a defender a los no nacidos no es porque los nacidos os importen menos, sino porque os importan tanto como ellos. Y, como ellos, merecen que alguien dedique su tiempo y su esfuerzo a defenderlos.



Preguntas: ¿Cómo responderíais vosotros a un pro-aborto que os plantease alguna de estas cuestiones? ¿Qué otras causas os importan y cómo os implicáis en ellas?


viernes, 17 de agosto de 2018

¿Cuál debería ser el siguiente paso para Argentina?

La victoria de la “Ola Celeste” en Argentina el pasado 9 de agosto fue, para mí, una alegría inesperada. Después del batacazo en Irlanda, esta vez no me atrevía a hacerme ilusiones, pero finalmente el proyecto de ley que buscaba legalizar el aborto libre durante los primeros tres meses y medio de gestación (y sin límite de edad gestacional en casos de riesgo para la madre, malformaciones graves y violación) fue rechazado por el Senado.


Manisfestantes pro-vida en Argentina/Fuente: Scoopnest

Lema de la campaña pro-vida argentina.
Ahora bien, ¿cuál debería ser el siguiente paso de Argentina respecto al aborto, el derecho a la vida y la protección de las personas embarazadas en situación de vulnerabilidad? Porque una cosa está clara: el problema persiste. Las organizaciones pro-legalización aseguran que cada año se practican medio millón de abortos clandestinos en el país. Aunque, por experiencia, sospecho que esta cifra podría estar considerablemente inflada, también resulta evidente que esta clase de abortos son una realidad. Miles de niños no nacidos y decenas de mujeres están muriendo a causa de ellos. No podemos ignorar a las víctimas de esta práctica. Sus vidas importan. Hay que pasar a la acción. ¿Cómo? En mi opinión, las medidas que se tomen deberían ir orientadas a la prevención de los tres aspectos que conforman el problema: los embarazos no deseados, los abortos y las muertes maternas asociadas a dichos abortos. A continuación expongo algunas ideas para hacer frente a cada una de estas problemáticas.


Prevención de embarazos no deseados Aquellos niños que son concebidos de forma accidental son los que tienen más probabilidades de acabar siendo abortados, por lo que es de suponer que reducir el número de embarazos no deseados llevaría a una disminución del número de abortos. Para lograr esta reducción, es necesario garantizar el acceso a dos herramientas fundamentales: la educación afectivo-sexual y la anticoncepción.
Las personas tienen derecho a saber cómo funciona su cuerpo y cómo pueden regular su fertilidad y protegerse de las enfermedades de transmisión sexual. Esta información puede ser proporcionada en los centros de enseñanza o en el hogar, aunque lo ideal es que se reciba en ambos, y debe ir acompañada de la transmisión de una serie de valores, como el respeto al otro y la responsabilidad. Además, es importante instruir a los niños para que sean capaces de identificar cuándo podrían estar siendo víctimas de abuso sexual, para que sepan cómo deben actuar y adónde deben acudir.

La educación sexual es fundamental.

Existe al menos un proyecto de ley en el Senado argentino orientado a la prevención del embarazo adolescente. Otra medida que se podría tomar y que contribuiría indirectamente a prevenir algunos embarazos no deseados es la de endurecer las penas para los violadores y pederastas, llegando incluso a la prisión permanente para aquellos que no puedan ser reinsertados.

 Prevención de abortos Ante aquellos embarazos no deseados que no se consiga prevenir, es necesario proporcionar a las gestantes los recursos necesarios para que puedan vivir el embarazo de la forma más positiva y saludable posible y, tras el parto, decidir libremente entre criar a sus hijos o renunciar a su custodia. Para ello hay que garantizar el acceso de todas las gestantes a una atención sanitaria de calidad, que atienda de forma integral a las madres y a sus familias a nivel físico, psicológico y espiritual, antes, durante y después del parto. Dicha atención debe incluir, en caso de ser necesario, el acceso a cuidados paliativos perinatales.
Cartel del Instituto Nacional de Perinatología
de México.

Los proyectos de ley Maternidad segura centrada en la Familia en el marco de la Regionalización Perinatal, Programa Nacional de asistencia y contención psicológica a menores adolescentes embarazadas y a sus familiares, Programa Nacional de acompañamiento de la madre y el recién nacido, Protección integral de los derechos humanos de la mujer embarazada y de las niñas y los niños por nacer, Declarar de interés nacional la promoción de la seguridad social especial, para la madre y el niño en situación de vulnerabilidad, Programa Mis primeros dos años de vida, Declarar de interés el plan “Mis primeros mil días en San Juan” para garantizar el buen Estado Nutricional de mujeres embarazadas y bebés, implementado en la provincia de San Juan, Programa Nacional de acompañamiento de la madre y del recién nacido en el ámbito del Ministerio de Salud de la Nación y Contención integral del embarazo y preservación de la vida de la persona por nacer están orientados a este respecto.

También es necesario combatir la discriminación laboral y educativa de las mujeres y adolescentes embarazadas o con dependientes a su cargo, tomando medidas que faciliten su inserción laboral y su acceso a la educación. A este objetivo podría contribuir, por ejemplo, la ampliación del permiso de paternidad.

Además, el Estado debería garantizar que, mientras al menos uno de los dos progenitores ejerza la custodia de los hijos en común, el otro se haga cargo de los gastos de manutención que le correspondan hasta la mayoría de edad de dichos hijos. En caso de embarazo por violación, la asignación de una ayuda económica para aquellas madres que decidan criar a sus hijos sería una medida de justicia, ejerciendo en este caso el Estado el rol que correspondería al “padre”. Este sería también uno de los objetivos del proyecto de ley Protección integral de los derechos humanos de la mujer embarazada y de las niñas y los niños por nacer

Otra causa de abortos, incluso en el caso de embarazos deseados, es la detección de anomalías en el feto que podrían causar una enfermedad o discapacidad grave. Proveer a las personas enfermas o con discapacidad y a sus familias de los recursos que precisen para cubrir sus necesidades básicas, incluido el acceso a la educación y al mercado laboral, podría no solo contribuir a su bienestar físico y psicológico, sino directamente salvarles la vida. En este sentido, existe un proyecto de ley para la creación de un Servicio de asistencia e información a mujeres en estado de gravidez con diagnóstico de anomalías en el período prenatal.

Por lo que respecta a aquellas personas que, disponiendo de los apoyos necesarios para poder criar dignamente a sus hijos/as, decidan libremente ceder su custodia de forma temporal o permanente, el Estado debería facilitarles la opción de su entrega en adopción o guarda. Además, también se debería promover y agilizar la adopción y la acogida de los menores que lo precisen. A este fin están pendientes los proyectos de ley Protección de la mujer con embarazo no deseado y El Estado se Hace Cargo y te Acompaña.

En internet abundan los sitios web con instrucciones
para abortar clandestinamente.
Es frecuente encontrar campañas televisivas, carteles, etc. destinados a concienciar sobre los peligros de beber o usar el móvil al volante, fumar o mantener relaciones sexuales sin protección. Llevar a cabo campañas de concienciación sobre los riesgos físicos y psicológicos asociados al aborto provocado podría ayudar a prevenir esta práctica. Dichas campañas deberían incluir, además, la difusión de información sobre las alternativas no violentas disponibles para las personas que se enfrentan a un embarazo inesperado.

Algo que también habría que considerar es aumentar las penas para los proveedores de abortos. Según tengo entendido, las que prevé la ley argentina actualmente son bastante bajas. Esto podría estar transmitiendo a la población el mensaje de que las vidas de los no nacidos valen menos que las de los ya nacidos. Además, aquellos que están dispuestos a hacer negocio con el aborto podrían pensar que les compensa correr el riesgo de pasar unos pocos años en la cárcel si lo comparan con los beneficios económicos que obtendrían

Y por último, aunque no por ello menos importante, es necesario crear una conciencia social pro-vida, que reconozca la humanidad y el valor de las vidas pre-natales. Esta es, quizá, la tarea más fundamental a la hora de acabar con el aborto, y lo mejor es que todos podemos contribuir a ella. ¿Cómo? Instruyéndonos sobre el tema, hablando con aquellos que nos rodean, organizando debates públicos, escribiendo artículos, manifestándonos… En definitiva, difundiendo la filosofía pro-vida.

Prevención de muertes maternas por abortos

Aunque todas las medidas anteriores contribuirían, en sí mismas, a disminuir el número de abortos clandestinos y, en consecuencia, el número de muertes maternas a causa de ellos, existe una última opción, más controvertida, que también habría que considerar: la despenalización de las personas que se someten a abortos clandestinos

Como ya comenté en mi artículo “¿Debería penalizarse a las mujeres por abortar?” somos muchos los que defendemos la no penalización de las mujeres que abortan, fundamentalmente por motivos pragmáticos: la ausencia de sanción y la elaboración de un plan de atención médica y psicológica para dichas mujeres podría contribuir a evitar las muertes maternas por complicaciones derivadas de esta práctica. Además, permitiría obtener información de primera mano de cuáles son los motivos que empujan a las mujeres a tomar la decisión de abortar, información que podría emplearse para elaborar estrategias preventivas más eficientes que evitasen futuros abortos. 

Habría que seguir, eso sí, considerando el aborto como delito y penalizando a los que se encargan de practicarlo, manteniendo así el reconocimiento de la dignidad y del derecho a la vida del no nacido.

Entiendo que esta última medida no será aceptada por todos los pro-vida, ya que es una cuestión sobre la que siempre ha habido debate en el seno del movimiento. Quiero aclarar que considero estas discrepancias como un fenómeno normal y saludable. Nos encontramos ante un problema de gran complejidad. Digan lo que digan los pro-elección, ninguno queremos que las mujeres aborten clandestinamente, ni que mueran en el proceso, al margen de que estemos a favor o en contra de su despenalización. Por eso confío en que, sea cual sea nuestra opinión al respecto, seamos capaces de discutirla de forma respetuosa y constructiva, sin dejar que estas diferencias nos enfrenten y nos dividan.



Preguntas: ¿Qué opinas sobre las propuestas que expongo en este artículo? ¿Se te ocurre alguna otra medida para combatir el aborto clandestino y proteger las dos vidas? Me encantaría leer tus impresiones en los comentarios, solo pido que las expreses con respeto y educación.

sábado, 27 de enero de 2018

"Common Ground Without Compromise - 25 questions to create dialogue on abortion", de Stephen M. Wagner

El debate en torno al aborto es uno de esos que parecen no tener fin. Parte de la culpa la tiene la complejidad del tema en sí, que incluye cuestiones sobre el inicio de la vida humana, el concepto de persona y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Pero otro motivo fundamental que impide que la discusión avance es el hecho de que el aborto se haya convertido en una especie de tabú, de forma que hablamos poco de él y, cuando lo hacemos, nuestras conversaciones suelen ser superficiales o acabar en discusiones airadas.

Common Ground Without Compromise es un libro que puede ayudarnos a iniciar y mantener conversaciones sobre el aborto de una forma más constructiva a través de una serie de preguntas que buscan encontrar un elemento fundamental pero a menudo olvidado: el terreno común, aquello en lo que todos, pro-vida y pro-elección, estamos de acuerdo.

Pese a que él mismo es partidario del derecho a vivir, Wagner ha procurado redactar el libro de forma que pueda ser de utilidad tanto a quienes defienden al no nacido como a quienes se decantan por el derecho a abortar; y lo ha hecho así con el convencimiento de que ayudar a ambos bandos a mejorar sus habilidades para la comunicación y la compresión mutua es el mejor modo de lograr que todos avancemos juntos en nuestra búsqueda de la verdad. Además, si bien a menudo se hace referencia en sus páginas a la situación concreta del aborto en los EE.UU., la mayoría de sus consejos son fácilmente trasladables al contexto de cualquier otro país.

La principal pega es que, de momento, la obra sólo está disponible en inglés. No obstante, al estar escrita en un lenguaje claro y sencillo basta con tener un nivel medio del idioma y un diccionario a mano para entenderla sin problemas. Lo mejor: se puede conseguir de forma gratuita en formato PDF siguiendo los pasos que el propio autor da en este enlace.

Animo a todo el mundo a leer este libro y a poner en práctica las ideas que se exponen en él, porque estoy convencida de que sólo podremos avanzar, en una dirección u otra, a base de cambiar conciencias, y no lograremos cambiar la de nadie mientras nos neguemos a hablar entre nosotros de forma civilizada.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto VI: Si tuvieses que elegir, ¿salvarías a un bebé o a diez embriones?

Aquí voy a hablar de un experimento mental pro-elección que he visto usar más de una vez en las redes sociales y que últimamente ha vuelto a cobrar fuerza. Se puede plantear de muchas formas, pero la más reciente vendría a ser más o menos así:

"Estás en una clínica de fertilidad. El edificio está ardiendo y tienes que elegir entre salvar a un bebé o a diez embriones congelados. ¿Qué haces?"



Este experimento pretende ponernos en lo que se conoce como un no-win scenario, es decir, una situación en la que, hagamos lo que hagamos, no podemos ganar. Si elegimos al bebé, la persona que ha planteado el experimento entenderá que estamos admitiendo que su vida vale más que la de los embriones y lo tomará como una prueba de que la postura pro-vida no se sostiene. Si elegimos a los embriones o lo dejamos al azar pensará, o bien que estamos siendo irracionales, o bien que le estamos mintiendo y que no queremos admitir que en realidad salvaríamos al bebé.

Y es que, en el fondo, quien plantea este escenario hipotético suele estar convencido de que salvaríamos al bebé. ¿Por qué? Ahora lo veremos.

¿Hay alguna diferencia relevante entre un bebé y un embrión humano?

En primer lugar, vamos a tratar de analizar la situación de forma racional. Desde la perspectiva pro-vida, todas las vidas humanas implicadas en este experimento tienen un mismo valor intrínseco o fundamental. Teniendo esto en cuenta, lo lógico, aparentemente, sería escoger a los embriones, salvando así el mayor número de vidas posible. Sin embargo, en este caso en concreto existen una serie de circunstancias que conviene tener en cuenta, ya que podrían hacer variar nuestras prioridades. Estas circunstancias serían principalmente dos: la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir.

Como todo el mundo sabe, la mortalidad en la etapa embrionaria es muy alta. Un bebé tiene muchas más probabilidades de sobrevivir una vez puesto a salvo que un embrión. Así, si elegimos al bebé, podemos estar bastante seguros de que este seguirá viviendo, pero si elegimos a los embriones, podría ocurrir fácilmente que todos ellos muriesen antes de lograr implantarse o poco después de hacerlo (y esto sólo si logramos que todos ellos sean gestados por sus madres o adoptados, para empezar) con lo que no habríamos conseguido salvar a nadie.

Además, también deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿el bebé puede sentir dolor, miedo, etc. si lo dejamos arder? Sí. ¿Y los embriones? No. Puestos a elegir, una muerte dolorosa sería peor que una muerte indolora.

Enfocándolo de este modo, si el experimento nos obligase a elegir entre un bebé consciente de lo que ocurre y que tiene altas probabilidades de seguir viviendo si lo salvamos y diez bebés en coma que no se van a enterar de nada y que tienen pocas probabilidades de sobrevivir, quizá lo más lógico sería elegir al bebé consciente.

Si, por el contrario, asumiésemos que tanto el bebé como los embriones tienen las mismas probabilidades de sobrevivir y que ninguno de ellos puede sentir, lo más lógico sería elegir a los embriones.

La fuerza de la empatía

Hasta aquí el razonamiento. No obstante, en una situación extrema en la que nos vemos obligados a tomar una decisión semejante, ¿nos guiaríamos por la lógica? Probablemente no. Las principales responsables de nuestra reacción en este escenario serían nuestras emociones. Y estas son la razón por la que la mayoría de las personas que plantean este experimento esperan que escojamos al bebé.

Cualquier persona mínimamente decente y que no padezca algún tipo de psicopatía siente el impulso de proteger a un niño pequeño cuando está en peligro. Esta especie de instinto parental puede ser tan poderoso como para, en una versión modificada del experimento planteado, llevarnos a optar por salvar a un niño de un incendio antes que a diez adultos. No obstante, este impulso natural no lo hemos desarrollado con los embriones, a los que hasta hace pocos años no podíamos ni ver.

Además, es fácil empatizar con un niño que se parece físicamente a nosotros y que experimenta sensaciones similares a las nuestras, mientras que con un embrión, que no tiene consciencia de sí mismo ni de su entorno, y que en sus primeras etapas tiene el aspecto de una mora o una habichuela, es prácticamente imposible. Sólo nuestra razón nos permite ver que uno es tan humano como otro y llegar a la conclusión de que, a un nivel fundamental, todos los seres humanos tienen el mismo valor moral, al margen de nuestros sentimientos hacia ellos.

Es más fácil sentirse identificado con un bebé que con un embrión.

Así pues, este experimento busca una respuesta emocional, no racional. Sin embargo, el hecho de que, si se diese el caso en la realidad, probablemente la mayoría de nosotros nos dejaríamos llevar principalmente por nuestras emociones y elegiríamos al bebé, no demuestra nada acerca del valor moral objetivo y fundamental de los embriones. Como mucho, nos ayuda a ver el peso que tienen nuestros sentimientos a la hora de tomar decisiones en situaciones extremas. Al fin y al cabo, si tuviésemos que elegir entre la vida de un desconocido y un ser querido, ¿quién no elegiría sin dudar al ser querido? Esto no implica que la vida del desconocido sea menos valiosa a un nivel fundamental.

Ahora bien, dejando al margen la cuestión emocional y volviendo a las características que teníamos en cuenta para elegir entre una vida y otra (en este caso, la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir), hay que tener en cuenta que estas consideraciones sólo tienen sentido si nos vemos obligados a elegir entre dos valores fundamentales, es decir, cuando no tenemos más remedio que apoyarnos en valores secundarios para establecer prioridades. En condiciones ideales, estas características no tendrían mucha relevancia, ya que una vida humana no deja de ser valiosa a un nivel fundamental sólo porque pueda ser más corta o porque se encuentre en un estado no consciente.

Esta clase de escenarios extremos que nos obligan a elegir entre unas vidas y otras se dan muy poco en la vida real, afortunadamente, y cuando lo hacen, como en el caso de un embarazo que ponga en riesgo la vida de la madre, elegimos a esta última, entre otras cosas, por las razones antes mencionadas.

En la mayoría de los embarazos no encontramos un caso de vida contra vida, sino de vida contra experiencias negativas (embarazo y parto no deseados) por lo que la elección está clara: vida.


Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a un experimento mental de esta clase?


Referencias:

- This Pro-Abortion Fanatic Presented A Thought Experiment 'DESTROYING' Pro-Lifers. Here Are 4 Reasons He Fails Dramatically.

WALSH: Here's The Reason Why Pro-Aborts Rely On Worst Case Scenarios To Argue Their Point

- Four Practical Tips for Responding to the Burning Fertility Clinic

Embryos and Five-Year-Olds: Whom to Rescue

jueves, 20 de abril de 2017

¿Deberíamos comparar el aborto con el Holocausto? Reflexiones a favor y en contra.

Recientemente un grupo pro-vida canadiense desató la polémica al mostrar un vídeo en el que se comparaba el aborto con el Holocausto judío. El vídeo, titulado The Case Against Abortion: Personhood, pertenece a la organización estadounidense Abort73 y se puede ver a continuación:


Lo cierto es que es frecuente en el activismo pro-vida que se compare el aborto con otros crímenes contra la Humanidad como el Holocausto, la esclavitud, etc., en base a los puntos que tienen en común. Sin embargo, ¿es válida esta comparación? La organización Secular Pro-Life se hizo esta misma pregunta hará un año y se la planteó a los seguidores de su página de Facebook. Finalmente lograron clasificar las respuestas en tres grandes grupos:

1 - No, la comparación presenta problemas.

2 - Sí, es una comparación válida, pero no necesariamente efectiva.

3 - Sí, es una comparación válida.

En Secular Pro-Life decidieron recoger en un artículo algunos de los comentarios que encajaban en los distintos grupos y he pensado que valía la pena traducirlos para que más gente pueda hacerse una idea de los pros y los contras de este tipo de comparaciones. Así que ahí van:

1 - No, la comparación presenta problemas.

Emily: En el mundo de la terapia/psicología se dice a menudo que la gente no debería intentar comparar su pena con la de otro. Por las mismas razones, creo que al comparar el aborto con el holocausto hay una ruptura emocional que puede minimizar involuntariamente la pena de cualquiera de las tragedias. Al igual que con cualquier tristeza, vemos serias similitudes. Pero hay muchas razones para no medir una frente a la otra.

Noah: El aborto no consiste en matar a todos los bebés, solo a algunos en ciertas circunstancias, mientras que el holocausto consistió en exterminar a grupos enteros de gente.

Christian: La comparación no es solo sobre el número de muertes, sino sobre el sufrimiento global. Los prisioneros en el Holocausto fueron privados de comida, abusados, despojados de ropa y humillados, tiroteados por deporte, utilizados en experimentos, empleados como esclavos, congelados, obligados a marchar hasta la muerte y vivieron sabiendo en todo momento que podían ser enviados a las cámaras de gas como animales. Eran los muertos vivientes. El desmembramiento de un feto es feo y perturbador, pero la víctima no experimenta sufrimiento consciente (al menos no en el mismo grado). No es capaz de procesar lo que le está ocurriendo, o, si lo hace, es al nivel más elemental (dolor físico).

Richard: Hasta que el gobierno obligue a la gente a abortar contra su voluntad, es difícil decir que están al mismo nivel.

Frank: Pienso que no, por la siguiente razón: un holocausto está dirigido contra gente de una cierta raza (o, en algunos casos, una religión u otro factor común), y el resultado final deseado de ese holocausto es un mundo libre de judíos/católicos/palestinos, etc. Los partidarios del aborto no se enfocan en ningún grupo en particular; no discriminan en otras cuestiones aparte de la edad, y en general no obligan a ninguna madre a abortar a su hijo. Aunque soy fuertemente pro-vida, considero el término holocausto no sólo equivocado sino también innecesariamente provocativo, lo que podría no ser útil en una discusión racional.

Aria: Los judíos, los gitanos y los no-arios fueron violados, saqueados, humillados, torturados y obligados a trabajar hasta la muerte. Por mucho que deplore el aborto, no me parece una comparación justa.

Grace: El problema de comparar el aborto con el holocausto es la habitual desestimación social del sufrimiento y la persecución de los judíos por parte del público no-judío general. A muchas personas judías les frustra que los sentimientos anti-semitas estén a menudo vivitos y coleando a pesar de la caída del régimen nazi. En lugar de apropiarse de un evento que constituye un gran punto de inflexión en la historia judía (aunque los gais, los católicos y los romaníes también sufrieron enormemente) sería mejor dejar de usar esta comparación.

Moni: holókaustos significa quemar algo hasta los cimientos... También puede aplicarse al deseo de la ideología nazi de destruir a toda la nación judía, figurativamente reducir al pueblo judío a cenizas. El aborto no tiene como objetivo destruir a una nación - aplicado al tercer mundo, el "control de la natalidad" quiere parar el crecimiento de la población (que se considera demasiado elevada), pero no destruir a una raza o a una nación completamente. La palabra griega génos se puede aplicar ampliamente a la raza, el linaje, los orígenes, la ascendencia o los antecedentes, la palabra latina caedere significa asesinato o masacre. Así que no importa cuál sea el motivo de un asesinato en masa ideológico de mujeres (China, India) o personas con discapacidad en el útero, la palabra genocidio encaja perfectamente. Además, la gran cantidad de abortos dentro de la parte negra (y abandonada por la sociedad) de la población americana puede ser vista como un genocidio, debido a razones económicas oportunistas. El genocidio implica el asesinato organizado de un grupo de gente por razones de base, personas que son, por citar a Warren J., "clasificadas como no-personas". Yo tiendo a decir que el holocausto fue un genocidio, pero no todo genocidio debería llamarse holocausto.

2 - Sí, es una comparación válida, pero no necesariamente efectiva.

John: Puesto que el niño no nacido es completamente humano, es incuestionablemente acertado hacer esa comparación. Sin embargo, ¿es política y retóricamente ventajoso? Esa es otra cuestión completamente distinta.

Jeff: Es lógicamente análogo, sí. Pero la prevalencia del Reductio ad Hitlerum la convierte en un táctica retórica ineficaz y a menudo contraproducente. Yo la evitaría.

Kasey: Desafortunadamente ha habido personas pro-elección que me han tomado por loca cuando he usado esta comparación. He aprendido que antes de usar esta comparación necesito hacer un prólogo enfatizando claramente la verdad sobre lo que creo: la ciencia, la lógica y la moralidad humana general dictan que un bebé no nacido es un ser humano con igualdad de derechos humanos en un estadio temprano de su desarrollo. Esto parece ayudar a que la comparación se entienda mejor.

Beatrice: Sí, pero es la clase de pensamiento que me guardaría para mí misma. Tenemos que situarnos donde ellos están y la típica persona que cree que el aborto es un derecho de la mujer está muy lejos de esa forma de pensar.

R.J.: En muchos aspectos, sí - pero estratégicamente creo que una comparación como esa es más valiosa cuando se utiliza para motivar a pro-vida apáticos, más que para convertir a los que apoyan el aborto en pro-vida.

Simon: Un argumento puede tener puntos válidos si se mira objetivamente, pero todavía podría darse contra un muro emocionalmente. La agricultura animal industrial ha sido comparada con la esclavitud por algunos veganos y aún así la gente no ha sido capaz de considerar la idea. Fundamentalmente las personas creen que son seres moralmente buenos y si se argumenta lo contrario automáticamente se ponen a la defensiva. Si no vences este escollo incluso una comparación válida es contraproducente.

Adele: Es absolutamente una comparación válida -- tienes la eliminación sistemática y LEGAL de un grupo específico de gente indefensa. Hay incluso montones de paralelismos en los eufemismos usados para el aborto, el rechazo a mirar las imágenes del procedimiento, y la demonización de la oposición. Dicho esto, nunca lo he encontrado un argumento útil, ya que no sirve para entablar una conversación con los pro-elección.

3 - Sí, es una comparación válida.

Lisanne: Verdaderamente pienso que algún día miraremos atrás hacia los abortos tardíos y por nacimiento parcial legalizados con el mismo asco e incredulidad de que la sociedad pudiese justificar cometer semejante acto.

Kyle: La cuestión, para mí, es por qué el aborto es inmoral; la razón es que mata a un ser humano. Para la gente que apoya abortar a un bebé, creen que él o ella no es un ser humano. Por citar a Adolf Hitler: "Los judíos son indudablemente una raza, pero no son humanos". Así que la comparación sería entre la mentalidad de los nazis y los pro-elección. Dicho esto, ellos se limitarán a reírse como siempre hacen.

Drexel: A ambos se les asignan agradables eufemismos: Elección y La Solución Final.

Chris: Sí, muy válido, porque los bebés son exterminados en masa por las mismas razones por las que lo fueron los judíos; la creencia de que no son seres humanos como los demás, y no tienen los mismos derechos que el resto, y que su exterminio puede hacer que la sociedad sea realmente mejor.

Jimmy: Con las lentes de la historia podemos mirar hacia atrás a través de varias generaciones y decirnos a nosotros mismos, "¿Cómo dejaron que esto ocurriese? ¿Cómo pudieron no ver la maldad en ello? ¿Qué les llevó a mantenerse al margen y aceptar esto como normal?" Somos testigos del intento de exterminio sistemático de los judíos, los romaníes y de cualquiera que fuese considerado indeseable. Podemos sentir el horror de los eventos que se desencadenaron a medida que el Holocausto tomaba forma y cambiaba el mundo para siempre. Hay muchos que entienden que dentro de un siglo nuestros descendientes hablarán de los oscuros años del Aborto del mismo modo. Que todo el que esté vivo entenderá que podría haber sido uno de sus ancestros, uno de sus abuelos o bisabuelos el que se habría perdido. Muchos aún tendrán registros de alguna vida perdida en su línea familiar. Y le preguntarán a la historia, "¿Cómo dejaron que esto pasara? ¿Cómo pudieron no ver la maldad en ello? ¿Qué les llevó a mantenerse al margen y aceptar esto como normal?" No sé cómo les responderemos.

Alexandria: Sí en el sentido de que los que tienen capacidades diferentes son un objetivo. Como experiencia es diferente, pero el sentimiento -esta vida no es suficientemente valiosa/perfecta- es el mismo.

Victoria: Sí. Sobre todo porque tanto en el aborto como en el Holocausto, un segmento de la humanidad es demonizado, deshumanizado y denigrado para que se le pueda asesinar sin compasión, bajo la misma apariencia de estar protegiendo los "derechos" de otro segmento de la humanidad, con la justificación de que el deshumanizado "enemigo" está siendo opresivo con el segundo segmento. A pesar de que, siendo realista, el segundo segmento no está en absoluto oprimido y es de hecho el opresor.


Podéis leer estos comentarios en inglés original en el siguiente enlace: We asked, you answered: Is abortion comparable to the Holocaust?

Caricatura en la que se compara el número de víctimas del Holocausto,
la dictadura comunista de Stalin y el aborto en EE.UU. desde
su legalización.
Conclusión

¿Deberíamos comparar el aborto con el Holocausto?

Lo cierto es que, aunque siempre la he considerado una comparación válida en el sentido en el que la utilizan los miembros del grupo 3, últimamente tengo mis dudas, y tiendo a situarme más entre el grupo 2 y el 1. Podemos ver ciertas similitudes entre el Holocausto y el aborto provocado como fenómeno global, pero hay al menos un par de aspectos que deberíamos tener en cuenta antes de compararlos públicamente:

- El dolor es importante.

No recuerdo quién dijo que la actitud de toda persona ante el dolor ajeno debe ser siempre la de un respeto extremo. Esto es absolutamente cierto. Podemos entender que matar a una persona sin provocarle ningún tipo de dolor o sufrimiento es horrible y a la vez admitir que torturar, humillar y aterrorizar a una persona, causándole un inmenso sufrimiento para finalmente matarla, es aún peor. Los nazis hicieron esto último con millones de personas, mientras que, como señala Christian, en la mayor parte de los abortos la víctima no siente dolor ni es consciente de lo que le ocurre o, si lo es, es a un nivel muy básico. El sufrimiento físico y mental es, afortunadamente, nulo para mayoría de los abortados y por tanto no es comparable, ni de lejos, al de las víctimas del Holocausto. Esto es algo que debemos tener muy en cuenta porque es un aspecto muy importante del horror que supusieron los crímenes nazis, un mal añadido al exterminio de sus víctimas demasiado relevante como para pasarlo por alto a la ligera.

-  Los pro-elección no ven las cosas como nosotros.

Si algo ha quedado demostrado sobre comparar el aborto con el Holocausto es que se trata de un argumento completamente inútil, e incluso contraproducente, a la hora de convencer a quienes apoyan el aborto de que están equivocados. Y no es de extrañar, a nadie le gusta que le llamen nazi. Pero sobre todo, la comparación no sirve en este sentido porque los pro-elección no ven las cosas como nosotros. En su mente, tal como funciona actualmente, los embriones y los fetos humanos de pocos meses de vida son poco más que verrugas sin importancia. Para ellos es inconcebible que sus vidas puedan tener el mismo valor que la de una persona nacida. Esto hace que la comparación les resulte surrealista y, lo que es peor, que se la tomen como un insulto a las víctimas del nazismo. En cierta ocasión, un pro-elección que había estado siguiendo mis publicaciones porque le gustaba oír otros puntos de vista abandonó mi página al sentirse ofendido cuando comparé el Holocausto con el aborto. Y con ello perdí la oportunidad de ayudarle a abrirse a la filosofía pro-vida. Así que no deberíamos usar tal comparación ante un pro-elección sin antes dejar claro, como dice Kasey, dónde vemos los paralelismos y dónde no, y mostrando una simpatía y un respeto absolutos por las víctimas de los crímenes nazis.


Espero que este artículo pueda servir a alguien para entender la complejidad del asunto y mejorar sus conversaciones y su defensa del derecho a vivir.



Pregunta: ¿Creéis que deberíamos comparar el aborto con el Holocausto? Podéis responder en los comentarios.


lunes, 18 de julio de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto V: Los embriones no son seres vivos

Esta es una de las afirmaciones más chocantes que me encuentro cuando hablo con partidarios del aborto. Y no es que sea poco frecuente.


"Deberíais preocuparos más por los que ya están vivos, los embriones/fetos son conjuntos de células sin vida, etc.".

Sólo se me ocurren dos posibles explicaciones para que alguien diga que los embriones humanos no están vivos: o bien no sabe cuáles son las características que definen a los seres vivos (y que están presentes también en los embriones de cualquier especie) o bien define el inicio de la vida humana basándose en el criterio utilizado para determinar el estado de "muerte cerebral". Por si acaso, empezaré con un pequeño repaso sobre lo primero y después haré un análisis de lo segundo.


¿Cuáles son las características que definen a un ser vivo?

Aunque la vida en sí es un fenómeno físico-químico extremadamente complejo, existen una serie de características que todos (o casi todos) los seres vivos comparten. Estas son:

Organización y complejidad

Los seres vivos están formados por moléculas orgánicas (proteínas, lípidos, glúcidos, ADN/ARN) e inorgánicas (agua, sales minerales, gases) que se organizan formando estructuras complejas. Se considera a la célula como la mínima unidad de la vida, de modo que los seres vivos pueden estar formados por una sola célula (unicelulares) o por muchas células (pluricelulares) que a menudo se organizan formando tejidos y órganos especializados.

Los embriones y fetos humanos están formados por células.

Homeostasis

Los seres vivos tienen la capacidad de mantener las condiciones internas de su organismo relativamente constantes.

Respuesta a estímulos

Los organismos vivos son capaces de percibir y responder a estímulos tanto internos como externos.

El embrión humano se relaciona con su madre a nivel molecular, e incluso celular, desde el principio de la gestación.

Metabolismo

Los organismos obtienen átomos y moléculas del aire, agua, suelo o de otros seres vivos y los utilizan para llevar a cabo las reacciones químicas que permiten su crecimiento, conservación y reparación.

El embrión/feto obtiene los nutrientes y el oxígeno que necesita (y expulsa los desechos y el dióxido de carbono) a través de la placenta y el cordón umbilical que ponen en contacto su cuerpo con el de su madre.

Crecimiento y desarrollo

El crecimiento es el aumento del tamaño y/o del número de células que componen un organismo a través de la conversión de los materiales obtenidos del ambiente en moléculas específicas del mismo.

El embrión humano empieza a crecer desde el momento de su concepción y no deja de hacerlo hasta alcanzar la adultez.

Reproducción

Todos los seres vivos se caracterizan por ser capaces de reproducirse, es decir, de transmitir su material genético a la siguiente generación, en algún momento de sus vidas.

El ser humano adquiere la capacidad de reproducirse al alcanzar la pubertad.

Evolución

Aunque la estructura genética de un solo organismo prácticamente no cambia durante toda su vida, la composición genética de una especie como un todo cambia conforme pasan las generaciones.




Visto lo visto, queda claro que embriones y fetos humanos encajan perfectamente en la definición de “ser vivo”. Entonces, ¿cómo es posible que incluso algunos científicos nieguen que el embrión humano esté vivo? Pues como decía más arriba, generalmente la respuesta tiene que ver con el concepto clínico de “muerte cerebral”.


Desarrollo del sistema nervioso: Por qué el concepto de “muerte cerebral” no es aplicable al embrión humano.

El argumento vendría a ser el siguiente: "Si consideramos que el cese de la actividad cerebral señala el final de la vida, ¿por qué no concluir que el inicio de dicha actividad marca el principio de la misma?”.

Hay que decir, en honor a la verdad, que se trata de uno de los argumentos pro-aborto más sólidos e interesantes  que me he encontrado nunca. A diferencia de la mayoría, se basa en una realidad científica (el desarrollo del sistema nervioso) para establecer el comienzo de la vida humana en un momento distinto de la concepción.

El razonamiento funciona más o menos así:

A) Un ser humano adulto que no tiene actividad cerebral está muerto.

B) Un embrión humano no tiene actividad cerebral.

Conclusión: El embrión humano está muerto.

Parece lógico. Sin embargo, este razonamiento elude un factor esencial que caracteriza a la primera situación, pero que no está presente en la segunda, y que una vez tenido en cuenta, invalida la analogía: la irrevocabilidad.

¿Por qué se considera que una persona que carece de actividad cerebral está muerta? Porque esta situación es irreversible. Un ser humano que emitió ondas cerebrales en el pasado y dejó de hacerlo nunca podrá recuperarlas, ha perdido para siempre la capacidad de funcionar como un todo integrado, así como la facultad de elaborar pensamientos racionales que caracteriza a nuestra especie. Puesto que esta pérdida es irrevocable, la establecemos como sinónimo de “muerte”. Dicha circunstancia no se da en el embrión. Este no ha perdido la capacidad de generar ondas cerebrales (o de razonar), sino que aún no la ha desarrollado. La inactividad cerebral no es permanente en él, como lo es en el caso de la persona en muerte cerebral, ya que su organismo posee la capacidad de desarrollarse hasta adquirirla.

Ahora bien, consideramos que un humano adulto está legalmente muerto cuando no presenta actividad cerebral. ¿Por qué? Porque un organismo cuyo cerebro ha muerto es irrecuperable. ¿Y a qué se debe esto? Sencillamente a que un ser tan complejo como es el humano adulto necesita que su cerebro funcione para poder seguir realizando sus funciones vitales como un todo integrado. Esto no ocurre en organismos más simples, como las plantas o algunos invertebrados y tampoco en las primeras semanas de desarrollo de seres más complejos, como los humanos. Un embrión humano no necesita tener un cerebro para seguir respirando, alimentándose y desarrollándose. A medida que aumente su grado de desarrollo se irá volviendo más y más dependiente de su sistema nervioso central. Un humano que dependa de su cerebro para sobrevivir dejará automáticamente de crecer y realizar el resto de sus funciones vitales si este órgano muere, y empezará a descomponerse, a desorganizarse.  El organismo en estado de muerte cerebral ha perdido la capacidad de funcionar como un todo. El que se encuentra en estado embrionario, no. El estado inactivo del cerebro embrionario no es permanente; de hecho, si nada interrumpe su desarrollo, este continuará hasta que el individuo adquiera todas las facultades propias de la especie humana, incluidas la capacidad de sentir y razonar.
Si lo que hace que la ausencia de actividad cerebral se utilice para definir el estado de muerte es que es definitiva, porque dicho organismo depende de su cerebro para subsistir, no tiene sentido considerar que un organismo en el que este estado no lo es porque no depende (aún) de dicho órgano, está muerto.

La afirmación de que un embrión humano no está vivo mientras no manifiesta actividad cerebral asume que la vida DEBE empezar del mismo modo que acaba. ¿Pero por qué habría de hacerlo? Al fin y al cabo, somos el mismo ser humano, antes y después de que nuestro cerebro "se active". ¿No tendría más sentido suponer que nuestra vida empieza cuando nuestro cuerpo empieza a funcionar como un todo que al ser tan simple en sus inicios, no necesita un cerebro para coordinarse y acaba cuando deja de ser capaz de seguir funcionando como un todo, lo que, de ocurrir cuando el organismo es adulto, dada su complejidad en ese momento, sí requeriría un cerebro activo?

Véase también:

- Secular Pro-Life Perspectives: Consciousnes = Personhood?

- Pro-Life Humanists: A secular case against abortion


Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a alguien que sitúa el inicio de la vida humana en el momento en que el cerebro se vuelve activo? Podéis dejar vuestras ideas en los comentarios.

sábado, 28 de mayo de 2016

Procedimientos abortivos explicados por el Dr. Anthony Levatino

El doctor Anthony Levatino es un médico gineco-obstetra estadounidense que llegó a practicar, en los primeros años de su carrera, hasta 1.200 abortos durante el primer y segundo semestre del embarazo. Reconvertido en pro-vida, hace unos meses decidió colaborar con Live Action en la realización de una serie de vídeos donde explica cómo se llevan a cabo los abortos según la edad gestacional, así como sus efectos sobre el cuerpo de las mujeres. Ahora esos vídeos han sido subtitulados al español por la organización Opciones Heroicas, de modo que he aprovechado para recogerlos en esta entrada, añadiendo imágenes reales de las distintas fases del desarrollo prenatal y aportando algunos datos sobre la situación legal y el número de abortos en España.

Eso sí, tengo que advertir que, aunque los procedimientos se explican por medio de animaciones, su visionado puede resultar impactante y herir la sensibilidad de algunas personas.


Aborto Químico durante el Primer Trimestre (RU-486)





Aborto Quirúrgico durante el Primer Trimestre: Succión D & C, Dilatación y Curetaje




Nota
:

- La legislación española actual permite el aborto libre dentro de las primeras 14 semanas del embarazo.*

- El 70,18% de los 94.796 abortos practicados en España durante el 2014 se llevaron a cabo dentro de las primeras 8 semanas de gestación.**

- En ese mismo año, se practicaron 18.200 abortos entre las 9-12 semanas de gestación.**


* Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo.

** Datos oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad


Embriones humanos de 4-8 semanas:









Fuente: Carnegie Stages

Ecografía de un feto humano de 11 semanas:

Fuente: 11 sem from INATAL on Vimeo.



Aborto Quirúrgico en el Segundo Trimestre: Dilatación y Evacuación



Nota:

- En España se puede abortar legalmente hasta las 22 semanas de gestación en caso de que exista grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada o riesgo de graves anomalías en el feto.*

- En 2014 fueron abortados en España 5.924 seres humanos de entre 13 - 16 semanas de gestación.**

- Otros 2.720 no nacidos fueron abortados cuando contaban con entre 17 - 20 semanas de gestación**

-Así mismo, 1.421 abortos fueron practicados cuando el feto contaba con  21 semanas o más de gestación. **

* Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo.

** Datos oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad


Fetoscopia de un ser humano de 20 semanas de vida:

20.2 sem from INATAL on Vimeo.



Aborto Inducido en el Tercer Trimestre: Inyección y parto del bebé muerto 




Nota:

- La legislación española permite el aborto en cualquier momento del embarazo cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida o cuando el feto padezca una enfermedad extremadamente grave e incurable.

* Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo.

Ecografía de un ser humano de 23 semanas de gestación:

23 4D sem from INATAL on Vimeo.

domingo, 21 de febrero de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto IV: "Si no tienes útero, no opines"

Este es sin duda uno de los "argumentos" más frustrantes que un hombre pro-vida puede encontrarse cuando discute con personas que están a favor del aborto.


Como persona que cree firmemente en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como en el derecho a la libertad de expresión, me indigna que se pretenda restringir el derecho a opinar de otra persona en base a su sexo. En este caso, quien lo hace a menudo presupone que el aborto es una cuestión que sólo afecta a las mujeres y que un hombre, al no poder quedar embarazado, no debería tener derecho a opinar sobre la moralidad o la legalidad del aborto. Sin embargo, ¿es cierto que el aborto sólo afecta a las mujeres? Y si lo fuera, ¿sería eso un motivo razonable para negar a los demás su derecho a expresar su opinión?

El aborto no afecta sólo a las mujeres

En el artículo Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto: “Nadie te obliga a abortar” ya expliqué que el aborto afecta a los hombres de varias formas, siendo la peor de ellas el hecho de tener que ver cómo eliminan a sus hijos/hermanos/nietos/etc. y no poder hacer nada para evitarlo. Quizá un hombre no pueda experimentar un embarazo, un parto o un aborto de forma física pero sí a nivel emocional. Además, todo hombre (al igual que toda mujer) fue una vez un feto/embrión que pudo haber sido abortado.



Y aunque lo hiciese...

Deanna Young, en su artículo Should Men Shut Up About Abortion? deja muy claros los inconvenientes de esta línea de pensamiento. Para empezar, habría que tener en cuenta que muchas mujeres nunca han experimentado ni experimentarán jamás un embarazo no deseado (por ejemplo, por ser estériles) por lo que si echamos a los hombres del debate basándonos en que nunca podrán entender lo que siente una mujer en esta situación, estas mujeres también deberían quedar fuera de la ecuación.

En segundo lugar, habría que preguntarse si es cierto que el hecho de no tener conocimiento de primera mano de lo que otra persona está experimentando significa necesariamente que no se deberían poder hacer juicios morales sobre las acciones de esa persona. Ante esta cuestión, Young se remite al ejemplo utilizado por Josh Brahm en su artículo Dialogue Tip: Responding to “You’re a Man, You Can’t Get Pregnant!” sobre el caso real de Andrea Yates, quien, sufriendo una severa depresión post-parto, ahogó a sus cinco hijos. Ahora bien, muchas mujeres nunca han experimentado depresión post-parto y la mayoría de los hombres nunca lo harán. Aún así, todos nosotros, seamos hombres o mujeres, podemos llegar a la conclusión de que lo que hizo Yates, fuese cual fuese su estado mental en aquel momento, estuvo mal y que el infanticidio debería seguir siendo ilegal.

Mejor aún es la respuesta formulada por el hermano de Josh, Timothy Brahm, en su artículo Responding to the Astute Observation That I Am a Man, que transcribo a continuación (aunque recomiendo leer también el artículo original en inglés):

“Tienes toda la razón. Soy un hombre, y nunca me quedaré embarazado. Puedo intentar simpatizar con las mujeres que experimentan embarazos no deseados, pero nunca sabré realmente por lo que están pasando. Déjame hacerte una pregunta un poco rara.

Timothy Brahm hablando con unos estudiantes.
Imagina que voy a pescar al lago. Me lo estoy pasando genial pescando, y entonces la veo a ella (apunto a una de las voluntarias pro-vida) a unas veinte yardas. Me doy cuenta de que ella está empujando su coche hacia el lago. Bueno, eso es raro, ¿por qué habría de hacerlo? Entonces miro el asiento de atrás y me doy cuenta de que hay un niño de dos años en el coche.

Ahora, yo soy un hombre. Nunca he estado embarazado. Nunca he sido madre. Nunca sabré por lo que ella está pasando. Podríamos incluso cambiar el escenario haciendo que el niño sea un recién nacido y diciendo que ella tiene depresión post-parto, algo que como hombre jamás podré experimentar. Pero aunque no pueda entender por lo que está pasando, ¿no debería tratar de hacer algo para salvar al niño?

Yo tengo este extraño punto de vista. Puede sonar raro para ti, pero tengo buenos argumentos para él. Mi extraño punto de vista es que el embrión humano es, desde la fecundación, una persona humana tan valiosa como tú y como yo. Eso puede sonar loco, pero sígueme la corriente por un momento. Si tengo razón sobre este realmente extraño punto de vista, entonces parece que debería tratar de ayudar a esos embriones, igual que debería tratar de salvar al niño de ahogarse, a pesar de que en ninguno de los casos puedo entender verdaderamente por lo que ha pasado la mujer. Por eso creo que es tan importante averiguar si el embrión es una persona humana valiosa, como nosotros. ¿Qué crees tú?"

Como dice el propio Brahm, este experimento mental es directo y no controvertido, su prefacio reconoce la preocupación de la persona pro-elección de un modo respetuoso y al coincidir en que los hombres no pueden entender totalmente el embarazo clarifica el auténtico desacuerdo.

¿Podría el mito del “machismo pro-vida” estar detrás de este argumento?

Manifestante en una Marcha por la Vida:
"Soy una feminista, luchando por la igualdad
para los que están por nacer".
Cuando un hombre pro-vida se enfrenta al manido “no tienes útero, no opines” a menudo su primera reacción es recordarle a la otra persona que existen muchísimas mujeres que defienden su misma postura y retarla a rebatir sus argumentos en lugar de despreciarlo por su sexo. Sin embargo, esto no siempre funciona. Yo misma, siendo mujer, me he tenido que enfrentar a una sugerencia particularmente ofensiva: la de que la única explicación razonable para mi postura anti-aborto es que en realidad no estoy pensando por mí misma, que “el patriarcado” debe de haberme “lavado el cerebro”. Esto me ha llevado a pensar que el auténtico motivo por el que muchas personas se oponen a que los hombres opinen en contra del aborto es que asumen que estos hombres son, necesariamente, machistas, y que su postura pro-vida se cimienta exclusivamente en su deseo de limitar la libertad de las mujeres. Esta teoría explicaría por qué las opiniones masculinas favorables al aborto sí son bien recibidas por el movimiento pro-elección: esta postura no limita las opciones de las mujeres ante un embarazo no deseado, por tanto, no puede ser machista.

Ante esta situación, el único modo de garantizar que la conversación avance de un modo productivo es dejar claro que no soy una persona machista; que creo que hombres y mujeres tienen la misma dignidad, los mismos derechos y las mismas responsabilidades; que considero que la trata de mujeres, la ablación o el feminicidio son violaciones de los derechos humanos; que no necesito apoyar el aborto para considerarme feminista o para defender los derechos sexuales y reproductivos; y que si me opongo a que el aborto sea un derecho no es porque quiera fastidiar a las mujeres sino porque estoy convencida de que los no nacidos son seres humanos igual de dignos y valiosos que los que ya han nacido y de que sus derechos fundamentales merecen ser reconocidos y respetados.

martes, 4 de agosto de 2015

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto III: "Nadie te obliga a abortar"

Este es sin duda uno de los argumentos más utilizados por los defensores del aborto y a la vez uno de los menos efectivos. ¿Por qué? Vamos a verlo.


El argumento es sencillo: "¿No estás de acuerdo con el aborto? Muy bien, no abortes, pero no les digas a los demás lo que tienen que hacer. Abortar es un derecho, no una obligación". Sin embargo, ¿es cierto que el aborto "no obliga a nadie"? Pues no, no es cierto. De hecho, obliga a muchas personas, de muchas formas distintas.

Obliga a todos los ciudadanos a financiarlo

El Estado español destina varios millones de euros al año a la financiación de las clínicas que practican abortos. Dicha financiación se lleva a cabo con dinero público procedente de los impuestos de todos los ciudadanos, estén a favor o en contra de esta práctica. Esto significa que todos aquellos que vemos el aborto, no como un derecho humano, sino todo lo contrario, estamos obligados a pagarlo con nuestro dinero, un dinero que podría haber sido destinado, por ejemplo, a paliar la maltrecha situación económica de la Sanidad española, a mejorar las prestaciones a las personas con discapacidad, a la ampliación de los servicios sanitarios o a la investigación biomédica.

Obliga a los profesionales sanitarios a participar en el proceso

Si bien los médicos, enfermeros y demás profesionales de la salud tienen reconocido su derecho a la objeción de conciencia, este aún tiene sus limitaciones. Por ejemplo, los médicos de atención primaria tienen la obligación de informar a cualquier embarazada que lo solicite de su derecho a interrumpir legalmente su embarazo, aunque esto vaya contra sus convicciones religiosas o sus principios morales.

Obliga a los padres a permanecer al margen 

Al reconocer el aborto como un derecho exclusivo de la mujer a decidir sobre "su cuerpo" se niega automáticamente al progenitor masculino la posibilidad de participar legalmente en la toma de decisiones. Si él está de acuerdo en que se interrumpa el embarazo, no hay problema, pero, ¿y si está en contra? ¿Y si él quiere a su hijo, si ya lo considera parte de su familia? Imagina que tu pareja decide matar a tu hijo y tú no puedes hacer nada para evitarlo porque la ley te lo impide. Imagina tener que quedarte de brazos cruzados mientras pierdes para siempre a un ser al que amabas porque la ley no lo considera un ser humano sino una propiedad de su madre. Esto es algo que ocurre cuando el aborto se acepta como un "derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad", que muchos padres se ven obligados a renunciar a "su paternidad". Obligados a permanecer al margen mientras abortan a sus hijos, sólo porque por naturaleza estos no pueden desarrollarse dentro de sus cuerpos. Algunos de estos hombres pueden incluso llegar a sufrir los síntomas del conocido como Síndrome Post-Aborto, que también puede afectar a la madre, hermanos o abuelos de la criatura abortada, etc. No se les obliga a abortar de forma física, pero sí experimentan las consecuencias psicológicas de un aborto no deseado.

Obliga a muchas mujeres a abortar

Por supuesto, en la mayoría de los países en los que el aborto es legal está prohibido obligar a una mujer a abortar. Al menos, directamente. Sin embargo, esto no es obstáculo para que, al margen de su legalidad o ilegalidad, muchas mujeres se sientan  obligadas a abortar por diversas circunstancias: problemas económicos, miedo a perder su trabajo, a su pareja, su hogar, a no poder seguir estudiando... Ninguna mujer aborta porque le apetezca hacerlo; de hecho, muchas desearían dar a luz a sus hijos pero creen que esto no es una opción para ellas. No hay una obligación directa, pero sí indirecta. Estas mujeres también tienen más probabilidades de sufrir el síndrome post-aborto anteriormente mencionado.

Obliga a los no nacidos a morir

Este es, sin duda, el motivo principal por el que el argumento de "nadie te obliga a abortar" nunca convencerá a un pro-vida. Incluso si dejase de financiarse con dinero público; incluso si se respetase a rajatabla el derecho a la objeción de conciencia; incluso si ignorásemos el dolor de los padres y demás familiares de los que son abortados, considerándolo un "mal menor"; incluso si consiguiésemos que ninguna mujer se sintiese presionada para abortar en contra de su voluntad (objetivo que tanto pro-vida como pro-elección deberíamos esforzarnos por alcanzar) seguiríamos teniendo el mismo problema de base: el aborto siempre acaba con una vida humana, siempre obliga a morir a una criatura humana incapaz de opinar o defenderse.

Los que defendemos el derecho a vivir de los no nacidos no lo hacemos porque queramos oprimir a las mujeres u obligarlas a ser madres, sino porque creemos que todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos fundamentales desde el momento de nuestra concepción. Lo que pedimos es que se respete el derecho fundamental a la vida de todos los humanos, al margen de su edad, habilidades, ubicación o grado de dependencia. Una ley que niega la humanidad y el derecho a la vida de una parte de la población, en este caso del colectivo pre-natal, es un atentado contra los derechos humanos.  Para dejarlo claro: ¿aceptaríamos como argumento para permitir el infanticidio que nadie obliga a los padres a matar a sus hijos recién nacidos? No, porque sus hijos son personas, seres humanos con dignidad y derechos propios que ni siquiera sus progenitores les pueden arrebatar. Para un pro-vida un niño por nacer tiene los mismos derechos que uno ya nacido, por eso el argumento de "nadie te obliga a matar, deja que los demás maten" siempre cae en saco roto.

Respuestas Pro-vida VII: ¿Y qué haces por los niños nacidos?

 ¿Alguna vez, en vuestras conversaciones con personas pro-elección, os habéis encontrado con una pregunta o frase de este tipo?: “¿Y qué hac...