domingo, 15 de mayo de 2022

Respuestas Pro-vida VII: ¿Y qué haces por los niños nacidos?

 ¿Alguna vez, en vuestras conversaciones con personas pro-elección, os habéis encontrado con una pregunta o frase de este tipo?:

“¿Y qué haces por los niños que ya han nacido?"; "No eres pro-vida, eres pro-parto"; "Si tanto te importa el derecho a vivir, ¿por qué no te dedicas a protestar contra los conflictos bélicos?”

Seguro que sí. Esta cuestión se plantea de muchas formas, pero al final su esencia vendría a ser: “¿por qué no te dedicas a esta causa, que yo considero legítima, en lugar de a esta otra, que considero ilegítima?”





Seres que importan vs. seres que no importan

A nadie se le ocurre preguntarle a un grupo que protesta por los desahucios por qué no va a protestar por los recortes en sanidad. Este tipo de preguntas se dirigen, fundamentalmente, a dos movimientos: el pro-vida y el animalista. ¿Y qué tienen estos en común? Que defienden a una clase de seres que se consideran poco o nada importantes en la sociedad actual.
Para el no animalista (o especista), los humanos son más importantes que los animales, por lo que considera una pérdida de tiempo o una muestra de hipocresía que haya personas y grupos especializados en la defensa de los derechos de estos últimos. Por no hablar de que, naturalmente, el reconocimiento de dichos derechos mermaría, hasta cierto punto, su libertad. 
Lo mismo ocurre con el pro-elección, que no cree que el feto humano tenga valor moral (o, al menos, no tanto como el humano nacido) ni que merezca tener derechos. Y para el que la aceptación social de esos derechos supondría una reducción de sus opciones o de las de sus seres queridos en caso de enfrentarse a un embarazo no deseado.
Estas dos circunstancias hacen que los animalistas y los pro-vida seamos vistos, cuando menos, como unos tocanarices, que se meten donde nadie les llama en lugar de hacer algo realmente positivo por la sociedad. Y que, para colmo, quieren decirle a la gente lo que puede hacer y lo que no con “sus” fetos/animales.
Por tanto, a la hora de responder a este tipo de preguntas es fundamental explicar por qué nos oponemos al aborto, por qué consideramos que los no nacidos son valiosos y deberían estar protegidos por ley.


Todos somos pro-vida y pro-elección a la vez

Una pregunta subsiguiente que podría surgir por parte del pro-aborto cuando intentas explicarle por qué los fetos te importan es "Pero si eres pro-VIDA, ¿no deberías incluir en tu lucha cualquier atentado, directo o indirecto, contra la vida humana?"
Pues no necesariamente. Hay que tener en cuenta que los términos pro-vida y pro-elección (o pro-aborto) surgieron en el contexto específico del conflicto entre el derecho del no nacido a vivir y el derecho de la gestante a elegir abortarlo. Fuera de ese contexto, todos somos, a la vez, pro-vida y pro-elección, en el sentido de que defendemos el derecho a vivir (de aquellos seres que consideramos que merecen tenerlo) y el derecho a elegir (siempre que dicha elección no dañe a otro ser que consideremos moralmente valioso). Además...


El que mucho abarca, poco aprieta

El número de cuestiones en las que a los pro-vida se nos exige implicarnos activamente para demostrar que somos coherentes es enorme: guerras, sanidad, adopción, desahucios, violencia policial, discriminación…
Parece que si una persona o grupo pro-vida no está estrechamente involucrado en todas y cada una de las causas sociales que existen, no es ‘realmente’ pro-vida. Pero, ¿es esto razonable? ¿Realmente se puede esperar que alguien dedique el mismo tiempo a todas las cuestiones que lo merecen?
Yo diría que no. Primero, porque no nos daría la vida para todo. Y segundo, porque podríamos dedicar un tiempo tan ínfimo a cada empresa que no lograríamos ningún avance significativo.
Todos los grupos y personas que llevan a cabo algún tipo de activismo están especializados en una causa concreta (o en unas pocas causas estrechamente relacionadas). Los hay que se centran en promover los derechos de un colectivo específico (niños, ancianos, mujeres, embriones/fetos), los que defienden un derecho en particular (a la vivienda, a la salud, a la educación), los que trabajan en cuestiones como el medio ambiente o los derechos de los animales, etc. Y dentro de estas categorías hay, a su vez, distintos enfoques y subespecialidades.
Todo el mundo entiende que el hecho de que una persona o un grupo de personas se dedique fundamentalmente a una causa concreta (por ejemplo, el medio ambiente) no implica que no le importen otras cuestiones (por ejemplo, la vivienda).
Lo mismo ocurre con los pro-vida. El hecho de nos importen los no nacidos y defendamos su derecho a no ser privados arbitrariamente de su vida no implica que otros colectivos (como los niños nacidos) o problemas no nos importen tanto como a cualquiera, ni que no dediquemos también parte de nuestro tiempo a algunos de ellos.


Enfoque holístico vs. especializado

¿Es cierto que los pro-vida no hacemos nada por las personas que ya han nacido? Evidentemente no.
Si bien algunos grupos o individuos deciden especializarse en la defensa de los derechos pre-natales o en la concienciación social sobre la dignidad de los seres humanos en gestación (y de algún otro colectivo vulnerable), como Derecho a vivirOne of us o Abortion Resistance, también los hay orientados a ofrecer ayuda práctica a sus familias, como la Fundación RedMadreProyecto Maternity o LoveLine.
Algunos, incluso, amplían el rango de colectivos atendidos en situaciones de emergencia, como la Fundación Madrina, que se ocupó de atender las necesidades básicas de las personas en situación de vulnerabilidad durante la pandemia de Covid-19 y que se ha involucrado activamente en el apoyo a los refugiados de la guerra de Ucrania.
Además, existen organizaciones pro-vida, como Rehumanize International, que aparte de oponerse activamente al aborto luchan contra la pena de muerte, la eutanasia o la guerra, entre otras.
Por no hablar de la existencia de iniciativas centradas específicamente en facilitar la conciliación de la maternidad con los estudios o el trabajo o en garantizar la salud materna de colectivos vulnerables.
En resumen, lo mismo que se podría encontrar en el seno de cualquier otro movimiento social: distintos enfoques y especialidades.



Activistas de Rehumanize International.


Además de lo expuesto, estoy segura de que la mayoría de los que nos consideramos pro-vida también ponemos nuestro granito de arena en otras causas. Así que la próxima vez que algún pro-aborto os venga con alguna de las preguntas que planteo al principio de este post, os sugiero que, en primer lugar, empaticéis con él/ella y validéis su preocupación (enfatizando vuestros puntos en común). Y que, en segundo lugar, le expliquéis que si dedicáis tiempo a defender a los no nacidos no es porque los nacidos os importen menos, sino porque os importan tanto como ellos. Y, como ellos, merecen que alguien dedique su tiempo y su esfuerzo a defenderlos.



Preguntas: ¿Cómo responderíais vosotros a un pro-aborto que os plantease alguna de estas cuestiones? ¿Qué otras causas os importan y cómo os implicáis en ellas?


lunes, 27 de enero de 2020

Desearía ser pro-elección


Desearía poder estar a favor del derecho al aborto.

Desearía vivir en un mundo en el que las sociedades 'civilizadas' reconociesen como sujetos de derecho a todos los seres humanos, en lugar de considerar la eliminación de millones de ellos como un acto de compasión, justicia y empoderamiento.

Desearía poder decir a todas las mujeres que atraviesan un embarazo no deseado que no pasa nada, que pueden dejar de estar embarazadas cuando quieran sin perjudicar a nadie.

Desearía que ninguna mujer se sintiese empujada a arriesgar su salud y su vida abortando clandestinamente.

Desearía no tener que exponerme a ser tachada de machista, de intolerante, de fascista; a que me digan que merezco ser violada y me deseen que mis futuros hijos sufran malformaciones.

Desearía no tener que dedicar tiempo y esfuerzo a una causa que parece imposible.

Desearía poder vivir mi vida sexual sabiendo que, si alguna vez quedo embarazada, puedo dejar de estarlo al momento, en lugar de vivir un embarazo y un parto que por las circunstancias que fueren podría no desear.

Desearía poder ser pro-elección en lo que respecta al aborto.

Pero para eso tendría que encontrar, al menos, un argumento irrebatible que respaldase la idea de que los embriones y los fetos humanos no son seres humanos. O de que no todos los humanos merecen tener derechos. Y por mucho que lo busco, no consigo encontrarlo.

Por eso soy pro-vida.

"La justicia social empieza en el útero".
Imagen de Signs for Life.

jueves, 31 de enero de 2019

Distintos e iguales: la naturaleza racional como base para la igualdad de derechos

Pese a que existen diversas razones por las que una persona puede estar a favor del derecho al aborto, una de las más frecuentes es que no considere a los embriones y fetos humanos (al menos, hasta cierto momento del proceso de gestación) como la clase de seres humanos que merecen tener derechos. Sin embargo, si les preguntamos, la mayoría de los pro-elección sí reconocerán que todos los seres humanos nacidos tienen, en principio, el mismo derecho a vivir, entre otros. Ante esto, cabe preguntarse: ¿a qué se debe este consenso respecto a la igualdad de derechos fundamentales para los humanos que ya han abandonado el útero materno? Al fin y al cabo, todos somos distintos en casi todos los aspectos: algunos humanos son más inteligentes que otros; los hay más fuertes y más débiles;  no todos tienen el mismo aspecto, ni las mismas habilidades, ni siquiera el mismo nivel de autoconciencia.


Según Josh Brahm, del Equal Rights Institute, para justificar que se nos tratase como a iguales sería necesario que todos los humanos tuviésemos algo en común, una propiedad que estuviese presente en la misma medida en cada uno de nosotros, que no permitiese establecer la existencia de humanos de primera y de segunda categoría. ¿Existe semejante propiedad? Sí, y es la que da origen a lo que el propio Brahm denomina el "Argumento de la Naturaleza Racional para el Trato Igualitario".

Este argumento afirma que lo que todos los seres humanos tenemos en común, lo que sienta las bases de nuestra igualdad pese a nuestras diferencias, es que tenemos una naturaleza racional, es decir, somos la clase de seres que tienen la capacidad intrínseca de desarrollar una actividad racional.

Tal como él mismo lo define, una "persona" sería «una sustancia racional, un ser que mantiene su identidad a través del cambio y posee una naturaleza que se orienta a sí misma hacia una actividad racional», entendiendo por "racional" «que tiene auto-identidad, comprende las razones para los actos, elige actuar, infiere razones válidas para los actos y toma decisiones morales consecuentes».

Es fundamental tener en cuenta que lo que este argumento defiende es que no son las habilidades presentes del organismo en cuestión, sino la clase de ser que es (que le llevará, en condiciones ideales, a desarrollar ciertas habilidades), lo que lo hace merecedor de respeto. Citando a Christopher Kaczor, autor de The Ethics of Abortion, el valor intrínseco «no es otra cosa que la capacidad, habilidad o disposición (aunque quizá no realizable) disfrutada solo por seres vivos, completos, cuyo auto-desarrollo activo apunta hacia, y cuya prosperidad consiste en, libertad y racionalidad».

Teniendo todo esto en cuenta, Brahm concluye que los embriones y fetos humanos, por el hecho de ser miembros de la especie humana, poseen esta naturaleza y, por tanto, merecen ser tratados como cualquier otro ser humano.

Imagen original de Secular Pro-Life.





Preguntas: ¿Qué pensáis de la teoría de Brahm? ¿Se os ocurre algún otro rasgo que pueda justificar la igualdad de derechos o pensáis que deberíamos abandonar la idea de que todos los seres humanos tenemos el mismo valor fundamental?

viernes, 17 de agosto de 2018

¿Cuál debería ser el siguiente paso para Argentina?

La victoria de la “Ola Celeste” en Argentina el pasado 9 de agosto fue, para mí, una alegría inesperada. Después del batacazo en Irlanda, esta vez no me atrevía a hacerme ilusiones, pero finalmente el proyecto de ley que buscaba legalizar el aborto libre durante los primeros tres meses y medio de gestación (y sin límite de edad gestacional en casos de riesgo para la madre, malformaciones graves y violación) fue rechazado por el Senado.


Manisfestantes pro-vida en Argentina/Fuente: Scoopnest

Lema de la campaña pro-vida argentina.
Ahora bien, ¿cuál debería ser el siguiente paso de Argentina respecto al aborto, el derecho a la vida y la protección de las personas embarazadas en situación de vulnerabilidad? Porque una cosa está clara: el problema persiste. Las organizaciones pro-legalización aseguran que cada año se practican medio millón de abortos clandestinos en el país. Aunque, por experiencia, sospecho que esta cifra podría estar considerablemente inflada, también resulta evidente que esta clase de abortos son una realidad. Miles de niños no nacidos y decenas de mujeres están muriendo a causa de ellos. No podemos ignorar a las víctimas de esta práctica. Sus vidas importan. Hay que pasar a la acción. ¿Cómo? En mi opinión, las medidas que se tomen deberían ir orientadas a la prevención de los tres aspectos que conforman el problema: los embarazos no deseados, los abortos y las muertes maternas asociadas a dichos abortos. A continuación expongo algunas ideas para hacer frente a cada una de estas problemáticas.


Prevención de embarazos no deseados Aquellos niños que son concebidos de forma accidental son los que tienen más probabilidades de acabar siendo abortados, por lo que es de suponer que reducir el número de embarazos no deseados llevaría a una disminución del número de abortos. Para lograr esta reducción, es necesario garantizar el acceso a dos herramientas fundamentales: la educación afectivo-sexual y la anticoncepción.
Las personas tienen derecho a saber cómo funciona su cuerpo y cómo pueden regular su fertilidad y protegerse de las enfermedades de transmisión sexual. Esta información puede ser proporcionada en los centros de enseñanza o en el hogar, aunque lo ideal es que se reciba en ambos, y debe ir acompañada de la transmisión de una serie de valores, como el respeto al otro y la responsabilidad. Además, es importante instruir a los niños para que sean capaces de identificar cuándo podrían estar siendo víctimas de abuso sexual, para que sepan cómo deben actuar y adónde deben acudir.

La educación sexual es fundamental.

Existe al menos un proyecto de ley en el Senado argentino orientado a la prevención del embarazo adolescente. Otra medida que se podría tomar y que contribuiría indirectamente a prevenir algunos embarazos no deseados es la de endurecer las penas para los violadores y pederastas, llegando incluso a la prisión permanente para aquellos que no puedan ser reinsertados.

 Prevención de abortos Ante aquellos embarazos no deseados que no se consiga prevenir, es necesario proporcionar a las gestantes los recursos necesarios para que puedan vivir el embarazo de la forma más positiva y saludable posible y, tras el parto, decidir libremente entre criar a sus hijos o renunciar a su custodia. Para ello hay que garantizar el acceso de todas las gestantes a una atención sanitaria de calidad, que atienda de forma integral a las madres y a sus familias a nivel físico, psicológico y espiritual, antes, durante y después del parto. Dicha atención debe incluir, en caso de ser necesario, el acceso a cuidados paliativos perinatales.
Cartel del Instituto Nacional de Perinatología
de México.

Los proyectos de ley Maternidad segura centrada en la Familia en el marco de la Regionalización Perinatal, Programa Nacional de asistencia y contención psicológica a menores adolescentes embarazadas y a sus familiares, Programa Nacional de acompañamiento de la madre y el recién nacido, Protección integral de los derechos humanos de la mujer embarazada y de las niñas y los niños por nacer, Declarar de interés nacional la promoción de la seguridad social especial, para la madre y el niño en situación de vulnerabilidad, Programa Mis primeros dos años de vida, Declarar de interés el plan “Mis primeros mil días en San Juan” para garantizar el buen Estado Nutricional de mujeres embarazadas y bebés, implementado en la provincia de San Juan, Programa Nacional de acompañamiento de la madre y del recién nacido en el ámbito del Ministerio de Salud de la Nación y Contención integral del embarazo y preservación de la vida de la persona por nacer están orientados a este respecto.

También es necesario combatir la discriminación laboral y educativa de las mujeres y adolescentes embarazadas o con dependientes a su cargo, tomando medidas que faciliten su inserción laboral y su acceso a la educación. A este objetivo podría contribuir, por ejemplo, la ampliación del permiso de paternidad.

Además, el Estado debería garantizar que, mientras al menos uno de los dos progenitores ejerza la custodia de los hijos en común, el otro se haga cargo de los gastos de manutención que le correspondan hasta la mayoría de edad de dichos hijos. En caso de embarazo por violación, la asignación de una ayuda económica para aquellas madres que decidan criar a sus hijos sería una medida de justicia, ejerciendo en este caso el Estado el rol que correspondería al “padre”. Este sería también uno de los objetivos del proyecto de ley Protección integral de los derechos humanos de la mujer embarazada y de las niñas y los niños por nacer

Otra causa de abortos, incluso en el caso de embarazos deseados, es la detección de anomalías en el feto que podrían causar una enfermedad o discapacidad grave. Proveer a las personas enfermas o con discapacidad y a sus familias de los recursos que precisen para cubrir sus necesidades básicas, incluido el acceso a la educación y al mercado laboral, podría no solo contribuir a su bienestar físico y psicológico, sino directamente salvarles la vida. En este sentido, existe un proyecto de ley para la creación de un Servicio de asistencia e información a mujeres en estado de gravidez con diagnóstico de anomalías en el período prenatal.

Por lo que respecta a aquellas personas que, disponiendo de los apoyos necesarios para poder criar dignamente a sus hijos/as, decidan libremente ceder su custodia de forma temporal o permanente, el Estado debería facilitarles la opción de su entrega en adopción o guarda. Además, también se debería promover y agilizar la adopción y la acogida de los menores que lo precisen. A este fin están pendientes los proyectos de ley Protección de la mujer con embarazo no deseado y El Estado se Hace Cargo y te Acompaña.

En internet abundan los sitios web con instrucciones
para abortar clandestinamente.
Es frecuente encontrar campañas televisivas, carteles, etc. destinados a concienciar sobre los peligros de beber o usar el móvil al volante, fumar o mantener relaciones sexuales sin protección. Llevar a cabo campañas de concienciación sobre los riesgos físicos y psicológicos asociados al aborto provocado podría ayudar a prevenir esta práctica. Dichas campañas deberían incluir, además, la difusión de información sobre las alternativas no violentas disponibles para las personas que se enfrentan a un embarazo inesperado.

Algo que también habría que considerar es aumentar las penas para los proveedores de abortos. Según tengo entendido, las que prevé la ley argentina actualmente son bastante bajas. Esto podría estar transmitiendo a la población el mensaje de que las vidas de los no nacidos valen menos que las de los ya nacidos. Además, aquellos que están dispuestos a hacer negocio con el aborto podrían pensar que les compensa correr el riesgo de pasar unos pocos años en la cárcel si lo comparan con los beneficios económicos que obtendrían

Y por último, aunque no por ello menos importante, es necesario crear una conciencia social pro-vida, que reconozca la humanidad y el valor de las vidas pre-natales. Esta es, quizá, la tarea más fundamental a la hora de acabar con el aborto, y lo mejor es que todos podemos contribuir a ella. ¿Cómo? Instruyéndonos sobre el tema, hablando con aquellos que nos rodean, organizando debates públicos, escribiendo artículos, manifestándonos… En definitiva, difundiendo la filosofía pro-vida.

Prevención de muertes maternas por abortos

Aunque todas las medidas anteriores contribuirían, en sí mismas, a disminuir el número de abortos clandestinos y, en consecuencia, el número de muertes maternas a causa de ellos, existe una última opción, más controvertida, que también habría que considerar: la despenalización de las personas que se someten a abortos clandestinos

Como ya comenté en mi artículo “¿Debería penalizarse a las mujeres por abortar?” somos muchos los que defendemos la no penalización de las mujeres que abortan, fundamentalmente por motivos pragmáticos: la ausencia de sanción y la elaboración de un plan de atención médica y psicológica para dichas mujeres podría contribuir a evitar las muertes maternas por complicaciones derivadas de esta práctica. Además, permitiría obtener información de primera mano de cuáles son los motivos que empujan a las mujeres a tomar la decisión de abortar, información que podría emplearse para elaborar estrategias preventivas más eficientes que evitasen futuros abortos. 

Habría que seguir, eso sí, considerando el aborto como delito y penalizando a los que se encargan de practicarlo, manteniendo así el reconocimiento de la dignidad y del derecho a la vida del no nacido.

Entiendo que esta última medida no será aceptada por todos los pro-vida, ya que es una cuestión sobre la que siempre ha habido debate en el seno del movimiento. Quiero aclarar que considero estas discrepancias como un fenómeno normal y saludable. Nos encontramos ante un problema de gran complejidad. Digan lo que digan los pro-elección, ninguno queremos que las mujeres aborten clandestinamente, ni que mueran en el proceso, al margen de que estemos a favor o en contra de su despenalización. Por eso confío en que, sea cual sea nuestra opinión al respecto, seamos capaces de discutirla de forma respetuosa y constructiva, sin dejar que estas diferencias nos enfrenten y nos dividan.



Preguntas: ¿Qué opinas sobre las propuestas que expongo en este artículo? ¿Se te ocurre alguna otra medida para combatir el aborto clandestino y proteger las dos vidas? Me encantaría leer tus impresiones en los comentarios, solo pido que las expreses con respeto y educación.

sábado, 27 de enero de 2018

"Common Ground Without Compromise - 25 questions to create dialogue on abortion", de Stephen M. Wagner

El debate en torno al aborto es uno de esos que parecen no tener fin. Parte de la culpa la tiene la complejidad del tema en sí, que incluye cuestiones sobre el inicio de la vida humana, el concepto de persona y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Pero otro motivo fundamental que impide que la discusión avance es el hecho de que el aborto se haya convertido en una especie de tabú, de forma que hablamos poco de él y, cuando lo hacemos, nuestras conversaciones suelen ser superficiales o acabar en discusiones airadas.

Common Ground Without Compromise es un libro que puede ayudarnos a iniciar y mantener conversaciones sobre el aborto de una forma más constructiva a través de una serie de preguntas que buscan encontrar un elemento fundamental pero a menudo olvidado: el terreno común, aquello en lo que todos, pro-vida y pro-elección, estamos de acuerdo.

Pese a que él mismo es partidario del derecho a vivir, Wagner ha procurado redactar el libro de forma que pueda ser de utilidad tanto a quienes defienden al no nacido como a quienes se decantan por el derecho a abortar; y lo ha hecho así con el convencimiento de que ayudar a ambos bandos a mejorar sus habilidades para la comunicación y la compresión mutua es el mejor modo de lograr que todos avancemos juntos en nuestra búsqueda de la verdad. Además, si bien a menudo se hace referencia en sus páginas a la situación concreta del aborto en los EE.UU., la mayoría de sus consejos son fácilmente trasladables al contexto de cualquier otro país.

La principal pega es que, de momento, la obra sólo está disponible en inglés. No obstante, al estar escrita en un lenguaje claro y sencillo basta con tener un nivel medio del idioma y un diccionario a mano para entenderla sin problemas. Lo mejor: se puede conseguir de forma gratuita en formato PDF siguiendo los pasos que el propio autor da en este enlace.

Animo a todo el mundo a leer este libro y a poner en práctica las ideas que se exponen en él, porque estoy convencida de que sólo podremos avanzar, en una dirección u otra, a base de cambiar conciencias, y no lograremos cambiar la de nadie mientras nos neguemos a hablar entre nosotros de forma civilizada.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto VI: Si tuvieses que elegir, ¿salvarías a un bebé o a diez embriones?

Aquí voy a hablar de un experimento mental pro-elección que he visto usar más de una vez en las redes sociales y que últimamente ha vuelto a cobrar fuerza. Se puede plantear de muchas formas, pero la más reciente vendría a ser más o menos así:

"Estás en una clínica de fertilidad. El edificio está ardiendo y tienes que elegir entre salvar a un bebé o a diez embriones congelados. ¿Qué haces?"



Este experimento pretende ponernos en lo que se conoce como un no-win scenario, es decir, una situación en la que, hagamos lo que hagamos, no podemos ganar. Si elegimos al bebé, la persona que ha planteado el experimento entenderá que estamos admitiendo que su vida vale más que la de los embriones y lo tomará como una prueba de que la postura pro-vida no se sostiene. Si elegimos a los embriones o lo dejamos al azar pensará, o bien que estamos siendo irracionales, o bien que le estamos mintiendo y que no queremos admitir que en realidad salvaríamos al bebé.

Y es que, en el fondo, quien plantea este escenario hipotético suele estar convencido de que salvaríamos al bebé. ¿Por qué? Ahora lo veremos.

¿Hay alguna diferencia relevante entre un bebé y un embrión humano?

En primer lugar, vamos a tratar de analizar la situación de forma racional. Desde la perspectiva pro-vida, todas las vidas humanas implicadas en este experimento tienen un mismo valor intrínseco o fundamental. Teniendo esto en cuenta, lo lógico, aparentemente, sería escoger a los embriones, salvando así el mayor número de vidas posible. Sin embargo, en este caso en concreto existen una serie de circunstancias que conviene tener en cuenta, ya que podrían hacer variar nuestras prioridades. Estas circunstancias serían principalmente dos: la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir.

Como todo el mundo sabe, la mortalidad en la etapa embrionaria es muy alta. Un bebé tiene muchas más probabilidades de sobrevivir una vez puesto a salvo que un embrión. Así, si elegimos al bebé, podemos estar bastante seguros de que este seguirá viviendo, pero si elegimos a los embriones, podría ocurrir fácilmente que todos ellos muriesen antes de lograr implantarse o poco después de hacerlo (y esto sólo si logramos que todos ellos sean gestados por sus madres o adoptados, para empezar) con lo que no habríamos conseguido salvar a nadie.

Además, también deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿el bebé puede sentir dolor, miedo, etc. si lo dejamos arder? Sí. ¿Y los embriones? No. Puestos a elegir, una muerte dolorosa sería peor que una muerte indolora.

Enfocándolo de este modo, si el experimento nos obligase a elegir entre un bebé consciente de lo que ocurre y que tiene altas probabilidades de seguir viviendo si lo salvamos y diez bebés en coma que no se van a enterar de nada y que tienen pocas probabilidades de sobrevivir, quizá lo más lógico sería elegir al bebé consciente.

Si, por el contrario, asumiésemos que tanto el bebé como los embriones tienen las mismas probabilidades de sobrevivir y que ninguno de ellos puede sentir, lo más lógico sería elegir a los embriones.

La fuerza de la empatía

Hasta aquí el razonamiento. No obstante, en una situación extrema en la que nos vemos obligados a tomar una decisión semejante, ¿nos guiaríamos por la lógica? Probablemente no. Las principales responsables de nuestra reacción en este escenario serían nuestras emociones. Y estas son la razón por la que la mayoría de las personas que plantean este experimento esperan que escojamos al bebé.

Cualquier persona mínimamente decente y que no padezca algún tipo de psicopatía siente el impulso de proteger a un niño pequeño cuando está en peligro. Esta especie de instinto parental puede ser tan poderoso como para, en una versión modificada del experimento planteado, llevarnos a optar por salvar a un niño de un incendio antes que a diez adultos. No obstante, este impulso natural no lo hemos desarrollado con los embriones, a los que hasta hace pocos años no podíamos ni ver.

Además, es fácil empatizar con un niño que se parece físicamente a nosotros y que experimenta sensaciones similares a las nuestras, mientras que con un embrión, que no tiene consciencia de sí mismo ni de su entorno, y que en sus primeras etapas tiene el aspecto de una mora o una habichuela, es prácticamente imposible. Sólo nuestra razón nos permite ver que uno es tan humano como otro y llegar a la conclusión de que, a un nivel fundamental, todos los seres humanos tienen el mismo valor moral, al margen de nuestros sentimientos hacia ellos.

Es más fácil sentirse identificado con un bebé que con un embrión.

Así pues, este experimento busca una respuesta emocional, no racional. Sin embargo, el hecho de que, si se diese el caso en la realidad, probablemente la mayoría de nosotros nos dejaríamos llevar principalmente por nuestras emociones y elegiríamos al bebé, no demuestra nada acerca del valor moral objetivo y fundamental de los embriones. Como mucho, nos ayuda a ver el peso que tienen nuestros sentimientos a la hora de tomar decisiones en situaciones extremas. Al fin y al cabo, si tuviésemos que elegir entre la vida de un desconocido y un ser querido, ¿quién no elegiría sin dudar al ser querido? Esto no implica que la vida del desconocido sea menos valiosa a un nivel fundamental.

Ahora bien, dejando al margen la cuestión emocional y volviendo a las características que teníamos en cuenta para elegir entre una vida y otra (en este caso, la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir), hay que tener en cuenta que estas consideraciones sólo tienen sentido si nos vemos obligados a elegir entre dos valores fundamentales, es decir, cuando no tenemos más remedio que apoyarnos en valores secundarios para establecer prioridades. En condiciones ideales, estas características no tendrían mucha relevancia, ya que una vida humana no deja de ser valiosa a un nivel fundamental sólo porque pueda ser más corta o porque se encuentre en un estado no consciente.

Esta clase de escenarios extremos que nos obligan a elegir entre unas vidas y otras se dan muy poco en la vida real, afortunadamente, y cuando lo hacen, como en el caso de un embarazo que ponga en riesgo la vida de la madre, elegimos a esta última, entre otras cosas, por las razones antes mencionadas.

En la mayoría de los embarazos no encontramos un caso de vida contra vida, sino de vida contra experiencias negativas (embarazo y parto no deseados) por lo que la elección está clara: vida.


Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a un experimento mental de esta clase?


Referencias:

- This Pro-Abortion Fanatic Presented A Thought Experiment 'DESTROYING' Pro-Lifers. Here Are 4 Reasons He Fails Dramatically.

WALSH: Here's The Reason Why Pro-Aborts Rely On Worst Case Scenarios To Argue Their Point

- Four Practical Tips for Responding to the Burning Fertility Clinic

Embryos and Five-Year-Olds: Whom to Rescue

sábado, 23 de septiembre de 2017

Historia de un aborto

El otro día me encontré en Twitter con un hilo en el que una mujer explicaba cómo se vio obligada a abortar a su hijo cuando era una adolescente. Más tarde, esta persona publicó el hilo recopilado en una imagen con el siguiente tuit:


La fuerza de la historia me llamó la atención por lo que, con el permiso de la autora, procedo a traducir el texto:

“Despotrique largo, gráfico y personal. Siéntanse libres de ignorarlo: Mi amiga y yo entramos en la clínica. Parece una clínica normal. La señora nos pregunta en el mostrador qué queremos. Tests de embarazo, decimos las dos al mismo tiempo. Las dos pagamos nuestros 10$, porque PP no es barata. Los de ambas son positivos. Las dos lo sabíamos. Yo sé que estoy de unas 3-4 semanas. Mi amiga está llorando. Yo no. Yo amo al padre. Somos como Romeo/Julieta. Él tiene 20 años y yo 16. Mis padres nos han mantenido separados, ahora no pueden. La enfermera me pregunta primero qué planeo hacer. Yo hincho el pecho y digo ‘Me lo voy a quedar’. ¿Tienen cuidados pre-natales? La enfermera declara que no. A menos que quiera un aborto, no tienen ningún otro servicio para mí. Ella se vuelve a mi amiga, que todavía está llorando y dice que quiere un aborto. La enfermera me dice ‘Ya no queda nada que hacer, así que puedes irte’. Mi amiga me permite quedarme. Me siento durante una hora y media mientras la enfermera pasa 5 minutos llevando a cabo el procedimiento y descanso intentando pensar con mi amiga cómo pagará los 400$.

Corro a casa, llamo al ‘hombre’ que me ama. Digo ‘Estamos embarazados’. Podemos estar juntos. Él grita en el teléfono ‘Joder, deshazte de él. Tus padres ya me han amenazado con cargos legales por violación. Esto es una prueba. ‘Yo no lo quiero y hemos acabado’. Estoy estupefacta, pero desafiante. Este es mi bebé. Puedo hacer esto. Ya estoy enamorada de él. Encontraré la manera.

Sé que necesito decírselo a mis padres, voy a subirlos a bordo para que me apoyen, así que esa noche hago que se sienten. Mi padre está extrañamente tranquilo. Mi madre no. ‘Yo estuve embarazada a los 15 años, no puedo tener a una hija de 16 años embarazada. Dios, cómo pudiste avergonzarme. ‘Mamá, no, me lo voy a quedar’. Mi madre dice ‘Eres una puta inmadura, no eres ni la mitad de madura que yo era a tu edad. Mi madre tiene una forma de rebajarme, y tiene razón. Soy inmadura. Pensé que él me quería, pero realmente quiero al bebé que crece dentro de mí. Está previsto que él/ella nazca el 8 de junio. Yo: entonces daré al bebé en adopción. Mi papá liberal resopla ‘Nadie quiere un bebé mestizo. Tu bebé languidecerá en un hogar de acogida. ¿Es eso lo que quieres?’ Mi madre chilla ‘Estás fuera. Si te quedas con el bebé, sales de esta casa. De hecho, lárgate ahora mismo’. Dejo el hogar en la oscuridad y vago por la calle durante horas. ¿Cómo demonios voy a hacer esto? No tengo a dónde ir. Estoy sentada en un columpio de un parque de juegos diciéndome lo estúpida que soy. Mi madre se sienta a mi lado. ‘Supongo que como has vuelto significa que harás lo que digo’. La conducta de mi madre cambia. Es casi frívola. Me siento físicamente enferma. ‘Oh cariño, no te preocupes. No tendrás que ir a esa asquerosa Planned Parenthood. Conseguiremos a un médico para que lo haga en un hospital.

Cuando estoy sobre las 5 semanas, veo a un médico. Es frío. No explica el procedimiento, aparte de decir que mis padres pagaron para que fuese al ocaso. Estaré consciente, pero no me importará. El procedimiento será simple y rápido, me asegura. Hacen una ecografía para datar el embarazo, que es alejada de mi rostro y programa mi aborto para dentro de tres semanas.

Tres semanas después estoy preparada para la operación. Me llevan a una sala de operaciones y me dan una píldora. La píldora hace que todo sea neblinoso e irreal. Mis pies están en los estribos y mi mente corre a través de todo lo que está pasando. Entonces lo oigo. Suena como una malvada aspiradora. Y siento la presión. Mi mente grita ‘NO’ y entonces empiezo a gritar ‘No, no, no, no, no, no’. Esto no está bien. Esto no está bien. Esta aspiradora está matando. Está sorbiendo la vida de mi interior. Estoy matando a mi bebé. ‘No’. Estoy sollozando. El médico me dice que me calme, pronto habrá acabado. No lo hago. No puedo. Estoy matando a alguien. No a cualquiera, sino MÍO. De nuevo, él me asegura que terminará pronto. Poco podía saber que la pesadilla nunca acabaría para mí. La aspiradora continúa. Me siento violada, más violada que cuando me violaron dos años atrás. Por fin ha acabado. Me mandan a la sala de recuperación. Estoy sollozando histéricamente ‘mi bebé, mi bebé, mi bebé’. Sé que hablo alto. Una enfermera llega y se me acerca a la cara. ‘Cállate, dice, estás alterando a las otras pacientes’. Aparentemente no merezco respeto como paciente, y lo acepto. Soy escoria. Soy una asesina. No dejan a nadie de apoyo allí, pero mi tía, que trabaja en el hospital, entra a hurtadillas. Ve mi estado y me sostiene mientras lloro. A día de hoy, ella es el único miembro liberal de mi familia que es pro-vida. Siempre me he preguntado si ese fue el momento para ella. Me dejan vestirme, estoy sangrando y tengo calambres y es horrible. Me dan algunas medicinas. Me voy a casa y sigo sollozando, aunque la histeria se ha templado. Me tumbo en la cama y mi madre me abraza. La mujer que me dio la vida, pero no me dejó hacerlo a mí.

Sólo eras una niña, me dice la gente. Pero no lo era, desde el momento en que quedé embarazada, era una mamá. Y una mamá protege a sus hijos pase lo que pase. Fallé. Cada 8 de junio, me lo recuerda. Me lo recordó cada vez que oí el latido de mis hijos, o incluso su risa, que falta uno. Uno está muerto. Porque se me dió una ‘elección’. Te quiero pequeño, siempre lo haré”.


Esta historia no es única. Son muchos los testimonios de mujeres que cuentan vivencias similares acerca de cómo su entorno y sus circunstancias las llevaron a abortar contra su voluntad. Dichos casos son frecuentemente denunciados por las asociaciones pro-vida, pero, curiosamente, apenas son mencionadas por los grupos pro-elección. No sé si esto se debe a que creen que son minoritarios y, en consecuencia, los consideran irrelevantes, o a que temen que condenándolos públicamente puedan contribuir a la reducción del apoyo social al derecho al aborto. En uno u otro caso, cometen un error. En el primero porque, aún suponiendo que los casos de abortos forzados fuesen sólo un pequeño porcentaje de los que se practican, esto no haría que la problemática dejase de ser importante; y en el segundo porque si una persona cree realmente en el derecho a decidir en libertad si se aborta o no, debe ser coherente con su postura. No centrarse sólo en garantizar el derecho a abortar, sino también el derecho a dar a luz, una opción que para muchas mujeres resulta, en la práctica, inaccesible.

Aquellos que defienden el derecho a decidir deberían unirse a los pro-vida en estos casos, denunciando y proponiendo soluciones para erradicar la violencia estructural que obliga a muchas mujeres a interrumpir su embarazo. ¿Cómo? Para empezar, visibilizando el problema, no ignorándolo; compartiendo las historias de estas mujeres; promoviendo desde sus plataformas políticas públicas y apoyando a organizaciones privadas que provean a las mujeres embarazadas en situación de dificultad de la ayuda que necesiten para que puedan continuar con su embarazo, si así lo desean. Y desde luego, siendo coherentes también en todos los ámbitos de su vida privada, apoyando a las mujeres que les rodean con los medios a su alcance y no presionándolas para que tomen una decisión que a lo mejor ellos consideran más sensata o conveniente.

De este modo, si trabajamos juntos para erradicar todos los factores coercitivos que llevan al aborto, puede que consigamos un avance para ambos: salvar vidas y garantizar que las mujeres puedan decidir en auténtica libertad.

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