Aquí voy a hablar de un experimento mental pro-elección que he visto usar más de una vez en las redes sociales y que últimamente ha vuelto a cobrar fuerza. Se puede plantear de muchas formas, pero la más reciente vendría a ser más o menos así:
"Estás en una clínica de fertilidad. El edificio está ardiendo y tienes que elegir entre salvar a un bebé o a diez embriones congelados. ¿Qué haces?"
Este experimento pretende ponernos en lo que se conoce como un no-win scenario, es decir, una situación en la que, hagamos lo que hagamos, no podemos ganar. Si elegimos al bebé, la persona que ha planteado el experimento entenderá que estamos admitiendo que su vida vale más que la de los embriones y lo tomará como una prueba de que la postura pro-vida no se sostiene. Si elegimos a los embriones o lo dejamos al azar pensará, o bien que estamos siendo irracionales, o bien que le estamos mintiendo y que no queremos admitir que en realidad salvaríamos al bebé.
Y es que, en el fondo, quien plantea este escenario hipotético suele estar convencido de que salvaríamos al bebé. ¿Por qué? Ahora lo veremos.
¿Hay alguna diferencia relevante entre un bebé y un embrión humano?
En primer lugar, vamos a tratar de analizar la situación de forma racional. Desde la perspectiva pro-vida, todas las vidas humanas implicadas en este experimento tienen un mismo valor intrínseco o fundamental. Teniendo esto en cuenta, lo lógico, aparentemente, sería escoger a los embriones, salvando así el mayor número de vidas posible. Sin embargo, en este caso en concreto existen una serie de circunstancias que conviene tener en cuenta, ya que podrían hacer variar nuestras prioridades. Estas circunstancias serían principalmente dos: la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir.
Como todo el mundo sabe, la mortalidad en la etapa embrionaria es muy alta. Un bebé tiene muchas más probabilidades de sobrevivir una vez puesto a salvo que un embrión. Así, si elegimos al bebé, podemos estar bastante seguros de que este seguirá viviendo, pero si elegimos a los embriones, podría ocurrir fácilmente que todos ellos muriesen antes de lograr implantarse o poco después de hacerlo (y esto sólo si logramos que todos ellos sean gestados por sus madres o adoptados, para empezar) con lo que no habríamos conseguido salvar a nadie.
Además, también deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿el bebé puede sentir dolor, miedo, etc. si lo dejamos arder? Sí. ¿Y los embriones? No. Puestos a elegir, una muerte dolorosa sería peor que una muerte indolora.
Enfocándolo de este modo, si el experimento nos obligase a elegir entre un bebé consciente de lo que ocurre y que tiene altas probabilidades de seguir viviendo si lo salvamos y diez bebés en coma que no se van a enterar de nada y que tienen pocas probabilidades de sobrevivir, quizá lo más lógico sería elegir al bebé consciente.
Si, por el contrario, asumiésemos que tanto el bebé como los embriones tienen las mismas probabilidades de sobrevivir y que ninguno de ellos puede sentir, lo más lógico sería elegir a los embriones.
La fuerza de la empatía
Hasta aquí el razonamiento. No obstante, en una situación extrema en la que nos vemos obligados a tomar una decisión semejante, ¿nos guiaríamos por la lógica? Probablemente no. Las principales responsables de nuestra reacción en este escenario serían nuestras emociones. Y estas son la razón por la que la mayoría de las personas que plantean este experimento esperan que escojamos al bebé.
Cualquier persona mínimamente decente y que no padezca algún tipo de psicopatía siente el impulso de proteger a un niño pequeño cuando está en peligro. Esta especie de instinto parental puede ser tan poderoso como para, en una versión modificada del experimento planteado, llevarnos a optar por salvar a un niño de un incendio antes que a diez adultos. No obstante, este impulso natural no lo hemos desarrollado con los embriones, a los que hasta hace pocos años no podíamos ni ver.
Además, es fácil empatizar con un niño que se parece físicamente a nosotros y que experimenta sensaciones similares a las nuestras, mientras que con un embrión, que no tiene consciencia de sí mismo ni de su entorno, y que en sus primeras etapas tiene el aspecto de una mora o una habichuela, es prácticamente imposible. Sólo nuestra razón nos permite ver que uno es tan humano como otro y llegar a la conclusión de que, a un nivel fundamental, todos los seres humanos tienen el mismo valor moral, al margen de nuestros sentimientos hacia ellos.
Es más fácil sentirse identificado con un bebé que con un embrión.
Así pues, este experimento busca una respuesta emocional, no racional. Sin embargo, el hecho de que, si se diese el caso en la realidad, probablemente la mayoría de nosotros nos dejaríamos llevar principalmente por nuestras emociones y elegiríamos al bebé, no demuestra nada acerca del valor moral objetivo y fundamental de los embriones. Como mucho, nos ayuda a ver el peso que tienen nuestros sentimientos a la hora de tomar decisiones en situaciones extremas. Al fin y al cabo, si tuviésemos que elegir entre la vida de un desconocido y un ser querido, ¿quién no elegiría sin dudar al ser querido? Esto no implica que la vida del desconocido sea menos valiosa a un nivel fundamental.
Ahora bien, dejando al margen la cuestión emocional y volviendo a las características que teníamos en cuenta para elegir entre una vida y otra (en este caso, la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir), hay que tener en cuenta que estas consideraciones sólo tienen sentido si nos vemos obligados a elegir entre dos valores fundamentales, es decir, cuando no tenemos más remedio que apoyarnos en valores secundarios para establecer prioridades. En condiciones ideales, estas características no tendrían mucha relevancia, ya que una vida humana no deja de ser valiosa a un nivel fundamental sólo porque pueda ser más corta o porque se encuentre en un estado no consciente.
Esta clase de escenarios extremos que nos obligan a elegir entre unas vidas y otras se dan muy poco en la vida real, afortunadamente, y cuando lo hacen, como en el caso de un embarazo que ponga en riesgo la vida de la madre, elegimos a esta última, entre otras cosas, por las razones antes mencionadas.
En la mayoría de los embarazos no encontramos un caso de vida contra vida, sino de vida contra experiencias negativas (embarazo y parto no deseados) por lo que la elección está clara: vida.
Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a un experimento mental de esta clase?
El otro día me encontré en Twitter con un hilo en el que una mujer explicaba cómo se vio obligada a abortar a su hijo cuando era una adolescente. Más tarde, esta persona publicó el hilo recopilado en una imagen con el siguiente tuit:
La fuerza de la historia me llamó la atención por lo que, con el permiso de la autora, procedo a traducir el texto:
“Despotrique largo, gráfico y personal. Siéntanse libres de ignorarlo: Mi amiga y yo entramos en la clínica. Parece una clínica normal. La señora nos pregunta en el mostrador qué queremos. Tests de embarazo, decimos las dos al mismo tiempo. Las dos pagamos nuestros 10$, porque PP no es barata. Los de ambas son positivos. Las dos lo sabíamos. Yo sé que estoy de unas 3-4 semanas. Mi amiga está llorando. Yo no. Yo amo al padre. Somos como Romeo/Julieta. Él tiene 20 años y yo 16. Mis padres nos han mantenido separados, ahora no pueden. La enfermera me pregunta primero qué planeo hacer. Yo hincho el pecho y digo ‘Me lo voy a quedar’. ¿Tienen cuidados pre-natales? La enfermera declara que no. A menos que quiera un aborto, no tienen ningún otro servicio para mí. Ella se vuelve a mi amiga, que todavía está llorando y dice que quiere un aborto. La enfermera me dice ‘Ya no queda nada que hacer, así que puedes irte’. Mi amiga me permite quedarme. Me siento durante una hora y media mientras la enfermera pasa 5 minutos llevando a cabo el procedimiento y descanso intentando pensar con mi amiga cómo pagará los 400$.
Corro a casa, llamo al ‘hombre’ que me ama. Digo ‘Estamos embarazados’. Podemos estar juntos. Él grita en el teléfono ‘Joder, deshazte de él. Tus padres ya me han amenazado con cargos legales por violación. Esto es una prueba. ‘Yo no lo quiero y hemos acabado’. Estoy estupefacta, pero desafiante. Este es mi bebé. Puedo hacer esto. Ya estoy enamorada de él. Encontraré la manera.
Sé que necesito decírselo a mis padres, voy a subirlos a bordo para que me apoyen, así que esa noche hago que se sienten. Mi padre está extrañamente tranquilo. Mi madre no. ‘Yo estuve embarazada a los 15 años, no puedo tener a una hija de 16 años embarazada. Dios, cómo pudiste avergonzarme. ‘Mamá, no, me lo voy a quedar’. Mi madre dice ‘Eres una puta inmadura, no eres ni la mitad de madura que yo era a tu edad. Mi madre tiene una forma de rebajarme, y tiene razón. Soy inmadura. Pensé que él me quería, pero realmente quiero al bebé que crece dentro de mí. Está previsto que él/ella nazca el 8 de junio. Yo: entonces daré al bebé en adopción. Mi papá liberal resopla ‘Nadie quiere un bebé mestizo. Tu bebé languidecerá en un hogar de acogida. ¿Es eso lo que quieres?’ Mi madre chilla ‘Estás fuera. Si te quedas con el bebé, sales de esta casa. De hecho, lárgate ahora mismo’. Dejo el hogar en la oscuridad y vago por la calle durante horas. ¿Cómo demonios voy a hacer esto? No tengo a dónde ir. Estoy sentada en un columpio de un parque de juegos diciéndome lo estúpida que soy. Mi madre se sienta a mi lado. ‘Supongo que como has vuelto significa que harás lo que digo’. La conducta de mi madre cambia. Es casi frívola. Me siento físicamente enferma. ‘Oh cariño, no te preocupes. No tendrás que ir a esa asquerosa Planned Parenthood. Conseguiremos a un médico para que lo haga en un hospital.
Cuando estoy sobre las 5 semanas, veo a un médico. Es frío. No explica el procedimiento, aparte de decir que mis padres pagaron para que fuese al ocaso. Estaré consciente, pero no me importará. El procedimiento será simple y rápido, me asegura. Hacen una ecografía para datar el embarazo, que es alejada de mi rostro y programa mi aborto para dentro de tres semanas.
Tres semanas después estoy preparada para la operación. Me llevan a una sala de operaciones y me dan una píldora. La píldora hace que todo sea neblinoso e irreal. Mis pies están en los estribos y mi mente corre a través de todo lo que está pasando. Entonces lo oigo. Suena como una malvada aspiradora. Y siento la presión. Mi mente grita ‘NO’ y entonces empiezo a gritar ‘No, no, no, no, no, no’. Esto no está bien. Esto no está bien. Esta aspiradora está matando. Está sorbiendo la vida de mi interior. Estoy matando a mi bebé. ‘No’. Estoy sollozando. El médico me dice que me calme, pronto habrá acabado. No lo hago. No puedo. Estoy matando a alguien. No a cualquiera, sino MÍO. De nuevo, él me asegura que terminará pronto. Poco podía saber que la pesadilla nunca acabaría para mí. La aspiradora continúa. Me siento violada, más violada que cuando me violaron dos años atrás. Por fin ha acabado. Me mandan a la sala de recuperación. Estoy sollozando histéricamente ‘mi bebé, mi bebé, mi bebé’. Sé que hablo alto. Una enfermera llega y se me acerca a la cara. ‘Cállate, dice, estás alterando a las otras pacientes’. Aparentemente no merezco respeto como paciente, y lo acepto. Soy escoria. Soy una asesina. No dejan a nadie de apoyo allí, pero mi tía, que trabaja en el hospital, entra a hurtadillas. Ve mi estado y me sostiene mientras lloro. A día de hoy, ella es el único miembro liberal de mi familia que es pro-vida. Siempre me he preguntado si ese fue el momento para ella. Me dejan vestirme, estoy sangrando y tengo calambres y es horrible. Me dan algunas medicinas. Me voy a casa y sigo sollozando, aunque la histeria se ha templado. Me tumbo en la cama y mi madre me abraza. La mujer que me dio la vida, pero no me dejó hacerlo a mí.
Sólo eras una niña, me dice la gente. Pero no lo era, desde el momento en que quedé embarazada, era una mamá. Y una mamá protege a sus hijos pase lo que pase.Fallé. Cada 8 de junio, me lo recuerda. Me lo recordó cada vez que oí el latido de mis hijos, o incluso su risa, que falta uno. Uno está muerto. Porque se me dió una ‘elección’. Te quiero pequeño, siempre lo haré”.
Esta historia no es única. Son muchos los testimonios de mujeres que cuentan vivencias similares acerca de cómo su entorno y sus circunstancias las llevaron a abortar contra su voluntad. Dichos casos son frecuentemente denunciados por las asociaciones pro-vida, pero, curiosamente, apenas son mencionadas por los grupos pro-elección. No sé si esto se debe a que creen que son minoritarios y, en consecuencia, los consideran irrelevantes, o a que temen que condenándolos públicamente puedan contribuir a la reducción del apoyo social al derecho al aborto. En uno u otro caso, cometen un error. En el primero porque, aún suponiendo que los casos de abortos forzados fuesen sólo un pequeño porcentaje de los que se practican, esto no haría que la problemática dejase de ser importante; y en el segundo porque si una persona cree realmente en el derecho a decidir en libertad si se aborta o no, debe ser coherente con su postura. No centrarse sólo en garantizar el derecho a abortar, sino también el derecho a dar a luz, una opción que para muchas mujeres resulta, en la práctica, inaccesible.
Aquellos que defienden el derecho a decidir deberían unirse a los pro-vida en estos casos, denunciando y proponiendo soluciones para erradicar la violencia estructural que obliga a muchas mujeres a interrumpir su embarazo. ¿Cómo? Para empezar, visibilizando el problema, no ignorándolo; compartiendo las historias de estas mujeres; promoviendo desde sus plataformas políticas públicas y apoyando a organizaciones privadas que provean a las mujeres embarazadas en situación de dificultad de la ayuda que necesiten para que puedan continuar con su embarazo, si así lo desean. Y desde luego, siendo coherentes también en todos los ámbitos de su vida privada, apoyando a las mujeres que les rodean con los medios a su alcance y no presionándolas para que tomen una decisión que a lo mejor ellos consideran más sensata o conveniente.
De este modo, si trabajamos juntos para erradicar todos los factores coercitivos que llevan al aborto, puede que consigamos un avance para ambos: salvar vidas y garantizar que las mujeres puedan decidir en auténtica libertad.
Lo cierto es que es frecuente en el activismo pro-vida que se compare el aborto con otros crímenes contra la Humanidad como el Holocausto, la esclavitud, etc., en base a los puntos que tienen en común. Sin embargo, ¿es válida esta comparación? La organización Secular Pro-Life se hizo esta misma pregunta hará un año y se la planteó a los seguidores de su página de Facebook. Finalmente lograron clasificar las respuestas en tres grandes grupos:
1 - No, la comparación presenta problemas.
2 - Sí, es una comparación válida, pero no necesariamente efectiva.
3 - Sí, es una comparación válida.
En Secular Pro-Life decidieron recoger en un artículo algunos de los comentarios que encajaban en los distintos grupos y he pensado que valía la pena traducirlos para que más gente pueda hacerse una idea de los pros y los contras de este tipo de comparaciones. Así que ahí van:
1 - No, la comparación presenta problemas.
Emily: En el mundo de la terapia/psicología se dice a menudo que la gente no debería intentar comparar su pena con la de otro. Por las mismas razones, creo que al comparar el aborto con el holocausto hay una ruptura emocional que puede minimizar involuntariamente la pena de cualquiera de las tragedias. Al igual que con cualquier tristeza, vemos serias similitudes. Pero hay muchas razones para no medir una frente a la otra.
Noah: El aborto no consiste en matar a todos los bebés, solo a algunos en ciertas circunstancias, mientras que el holocausto consistió en exterminar a grupos enteros de gente.
Christian: La comparación no es solo sobre el número de muertes, sino sobre el sufrimiento global. Los prisioneros en el Holocausto fueron privados de comida, abusados, despojados de ropa y humillados, tiroteados por deporte, utilizados en experimentos, empleados como esclavos, congelados, obligados a marchar hasta la muerte y vivieron sabiendo en todo momento que podían ser enviados a las cámaras de gas como animales. Eran los muertos vivientes. El desmembramiento de un feto es feo y perturbador, pero la víctima no experimenta sufrimiento consciente (al menos no en el mismo grado). No es capaz de procesar lo que le está ocurriendo, o, si lo hace, es al nivel más elemental (dolor físico).
Richard: Hasta que el gobierno obligue a la gente a abortar contra su voluntad, es difícil decir que están al mismo nivel.
Frank: Pienso que no, por la siguiente razón: un holocausto está dirigido contra gente de una cierta raza (o, en algunos casos, una religión u otro factor común), y el resultado final deseado de ese holocausto es un mundo libre de judíos/católicos/palestinos, etc. Los partidarios del aborto no se enfocan en ningún grupo en particular; no discriminan en otras cuestiones aparte de la edad, y en general no obligan a ninguna madre a abortar a su hijo. Aunque soy fuertemente pro-vida, considero el término holocausto no sólo equivocado sino también innecesariamente provocativo, lo que podría no ser útil en una discusión racional.
Aria: Los judíos, los gitanos y los no-arios fueron violados, saqueados, humillados, torturados y obligados a trabajar hasta la muerte. Por mucho que deplore el aborto, no me parece una comparación justa.
Grace: El problema de comparar el aborto con el holocausto es la habitual desestimación social del sufrimiento y la persecución de los judíos por parte del público no-judío general. A muchas personas judías les frustra que los sentimientos anti-semitas estén a menudo vivitos y coleando a pesar de la caída del régimen nazi. En lugar de apropiarse de un evento que constituye un gran punto de inflexión en la historia judía (aunque los gais, los católicos y los romaníes también sufrieron enormemente) sería mejor dejar de usar esta comparación.
Moni: holókaustos significa quemar algo hasta los cimientos... También puede aplicarse al deseo de la ideología nazi de destruir a toda la nación judía, figurativamente reducir al pueblo judío a cenizas. El aborto no tiene como objetivo destruir a una nación - aplicado al tercer mundo, el "control de la natalidad" quiere parar el crecimiento de la población (que se considera demasiado elevada), pero no destruir a una raza o a una nación completamente. La palabra griega génos se puede aplicar ampliamente a la raza, el linaje, los orígenes, la ascendencia o los antecedentes, la palabra latina caedere significa asesinato o masacre. Así que no importa cuál sea el motivo de un asesinato en masa ideológico de mujeres (China, India) o personas con discapacidad en el útero, la palabra genocidio encaja perfectamente. Además, la gran cantidad de abortos dentro de la parte negra (y abandonada por la sociedad) de la población americana puede ser vista como un genocidio, debido a razones económicas oportunistas. El genocidio implica el asesinato organizado de un grupo de gente por razones de base, personas que son, por citar a Warren J., "clasificadas como no-personas". Yo tiendo a decir que el holocausto fue un genocidio, pero no todo genocidio debería llamarse holocausto.
2 - Sí, es una comparación válida, pero no necesariamente efectiva.
John: Puesto que el niño no nacido es completamente humano, es incuestionablemente acertado hacer esa comparación. Sin embargo, ¿es política y retóricamente ventajoso? Esa es otra cuestión completamente distinta.
Jeff: Es lógicamente análogo, sí. Pero la prevalencia del Reductio ad Hitlerum la convierte en un táctica retórica ineficaz y a menudo contraproducente. Yo la evitaría.
Kasey: Desafortunadamente ha habido personas pro-elección que me han tomado por loca cuando he usado esta comparación. He aprendido que antes de usar esta comparación necesito hacer un prólogo enfatizando claramente la verdad sobre lo que creo: la ciencia, la lógica y la moralidad humana general dictan que un bebé no nacido es un ser humano con igualdad de derechos humanos en un estadio temprano de su desarrollo. Esto parece ayudar a que la comparación se entienda mejor.
Beatrice: Sí, pero es la clase de pensamiento que me guardaría para mí misma. Tenemos que situarnos donde ellos están y la típica persona que cree que el aborto es un derecho de la mujer está muy lejos de esa forma de pensar.
R.J.: En muchos aspectos, sí - pero estratégicamente creo que una comparación como esa es más valiosa cuando se utiliza para motivar a pro-vida apáticos, más que para convertir a los que apoyan el aborto en pro-vida.
Simon: Un argumento puede tener puntos válidos si se mira objetivamente, pero todavía podría darse contra un muro emocionalmente. La agricultura animal industrial ha sido comparada con la esclavitud por algunos veganos y aún así la gente no ha sido capaz de considerar la idea. Fundamentalmente las personas creen que son seres moralmente buenos y si se argumenta lo contrario automáticamente se ponen a la defensiva. Si no vences este escollo incluso una comparación válida es contraproducente.
Adele: Es absolutamente una comparación válida -- tienes la eliminación sistemática y LEGAL de un grupo específico de gente indefensa. Hay incluso montones de paralelismos en los eufemismos usados para el aborto, el rechazo a mirar las imágenes del procedimiento, y la demonización de la oposición. Dicho esto, nunca lo he encontrado un argumento útil, ya que no sirve para entablar una conversación con los pro-elección.
3 - Sí, es una comparación válida.
Lisanne: Verdaderamente pienso que algún día miraremos atrás hacia los abortos tardíos y por nacimiento parcial legalizados con el mismo asco e incredulidad de que la sociedad pudiese justificar cometer semejante acto.
Kyle: La cuestión, para mí, es por qué el aborto es inmoral; la razón es que mata a un ser humano. Para la gente que apoya abortar a un bebé, creen que él o ella no es un ser humano. Por citar a Adolf Hitler: "Los judíos son indudablemente una raza, pero no son humanos". Así que la comparación sería entre la mentalidad de los nazis y los pro-elección. Dicho esto, ellos se limitarán a reírse como siempre hacen.
Drexel: A ambos se les asignan agradables eufemismos: Elección y La Solución Final.
Chris: Sí, muy válido, porque los bebés son exterminados en masa por las mismas razones por las que lo fueron los judíos; la creencia de que no son seres humanos como los demás, y no tienen los mismos derechos que el resto, y que su exterminio puede hacer que la sociedad sea realmente mejor.
Jimmy: Con las lentes de la historia podemos mirar hacia atrás a través de varias generaciones y decirnos a nosotros mismos, "¿Cómo dejaron que esto ocurriese? ¿Cómo pudieron no ver la maldad en ello? ¿Qué les llevó a mantenerse al margen y aceptar esto como normal?" Somos testigos del intento de exterminio sistemático de los judíos, los romaníes y de cualquiera que fuese considerado indeseable. Podemos sentir el horror de los eventos que se desencadenaron a medida que el Holocausto tomaba forma y cambiaba el mundo para siempre. Hay muchos que entienden que dentro de un siglo nuestros descendientes hablarán de los oscuros años del Aborto del mismo modo. Que todo el que esté vivo entenderá que podría haber sido uno de sus ancestros, uno de sus abuelos o bisabuelos el que se habría perdido. Muchos aún tendrán registros de alguna vida perdida en su línea familiar. Y le preguntarán a la historia, "¿Cómo dejaron que esto pasara? ¿Cómo pudieron no ver la maldad en ello? ¿Qué les llevó a mantenerse al margen y aceptar esto como normal?" No sé cómo les responderemos.
Alexandria: Sí en el sentido de que los que tienen capacidades diferentes son un objetivo. Como experiencia es diferente, pero el sentimiento -esta vida no es suficientemente valiosa/perfecta- es el mismo.
Victoria: Sí. Sobre todo porque tanto en el aborto como en el Holocausto, un segmento de la humanidad es demonizado, deshumanizado y denigrado para que se le pueda asesinar sin compasión, bajo la misma apariencia de estar protegiendo los "derechos" de otro segmento de la humanidad, con la justificación de que el deshumanizado "enemigo" está siendo opresivo con el segundo segmento. A pesar de que, siendo realista, el segundo segmento no está en absoluto oprimido y es de hecho el opresor.
Caricatura en la que se compara el número de víctimas del Holocausto,
la dictadura comunista de Stalin y el aborto en EE.UU. desde
su legalización.
Conclusión
¿Deberíamos comparar el aborto con el Holocausto?
Lo cierto es que, aunque siempre la he considerado una comparación válida en el sentido en el que la utilizan los miembros del grupo 3, últimamente tengo mis dudas, y tiendo a situarme más entre el grupo 2 y el 1. Podemos ver ciertas similitudes entre el Holocausto y el aborto provocado como fenómeno global, pero hay al menos un par de aspectos que deberíamos tener en cuenta antes de compararlos públicamente:
- El dolor es importante.
No recuerdo quién dijo que la actitud de toda persona ante el dolor ajeno debe ser siempre la de un respeto extremo. Esto es absolutamente cierto. Podemos entender que matar a una persona sin provocarle ningún tipo de dolor o sufrimiento es horrible y a la vez admitir que torturar, humillar y aterrorizar a una persona, causándole un inmenso sufrimiento para finalmente matarla, es aún peor. Los nazis hicieron esto último con millones de personas, mientras que, como señala Christian, en la mayor parte de los abortos la víctima no siente dolor ni es consciente de lo que le ocurre o, si lo es, es a un nivel muy básico. El sufrimiento físico y mental es, afortunadamente, nulo para mayoría de los abortados y por tanto no es comparable, ni de lejos, al de las víctimas del Holocausto. Esto es algo que debemos tener muy en cuenta porque es un aspecto muy importante del horror que supusieron los crímenes nazis, un mal añadido al exterminio de sus víctimas demasiado relevante como para pasarlo por alto a la ligera.
- Los pro-elección no ven las cosas como nosotros.
Si algo ha quedado demostrado sobre comparar el aborto con el Holocausto es que se trata de un argumento completamente inútil, e incluso contraproducente, a la hora de convencer a quienes apoyan el aborto de que están equivocados. Y no es de extrañar, a nadie le gusta que le llamen nazi. Pero sobre todo, la comparación no sirve en este sentido porque los pro-elección no ven las cosas como nosotros. En su mente, tal como funciona actualmente, los embriones y los fetos humanos de pocos meses de vida son poco más que verrugas sin importancia. Para ellos es inconcebible que sus vidas puedan tener el mismo valor que la de una persona nacida. Esto hace que la comparación les resulte surrealista y, lo que es peor, que se la tomen como un insulto a las víctimas del nazismo. En cierta ocasión, un pro-elección que había estado siguiendo mis publicaciones porque le gustaba oír otros puntos de vista abandonó mi página al sentirse ofendido cuando comparé el Holocausto con el aborto. Y con ello perdí la oportunidad de ayudarle a abrirse a la filosofía pro-vida. Así que no deberíamos usar tal comparación ante un pro-elección sin antes dejar claro, como dice Kasey, dónde vemos los paralelismos y dónde no, y mostrando una simpatía y un respeto absolutos por las víctimas de los crímenes nazis.
Espero que este artículo pueda servir a alguien para entender la complejidad del asunto y mejorar sus conversaciones y su defensa del derecho a vivir.
Pregunta: ¿Creéis que deberíamos comparar el aborto con el Holocausto? Podéis responder en los comentarios.