Y es que el objetivo de la norma está claro: más que informar a la mujer, se trata de apelar a la conciencia, al remordimiento, y esto, señoras y señores, puede ser un arma de doble filo. Al margen de motivaciones políticas, debemos analizar las consecuencias de esta hipotética medida. Supongamos que obligamos a la mujer en cuestión a enfrentarse a la realidad. Le decimos "Mire, este es su hijo, al que usted quiere matar. Está en su derecho a hacerlo, pero debe saber que es un ser humano como usted, con brazos, piernas y todo lo demás, y, si sigue adelante, será destruido. Allá usted con su conciencia". Si la mujer cambia de opinión, estupendo, habremos salvado una vida. Pero, ¿y si no lo hace? ¿Y si tiene que vivir toda su vida con la imagen de ese niño grabada en la retina? Por mucho que algunos lo nieguen, el SPA (Síndrome Post-Aborto ) existe, y con esta medida, pienso yo, los casos podrían dispararse.
Por otro lado, si vemos las cosas con perspectiva, las medidas de este tipo no son sino parches que vamos añadiendo para evitar enfrentarnos al verdadero problema: en España, como en la mayoría de los países del mundo, los derechos de los no natos no valen nada. Son solo papel mojado. Durante los primeros cinco meses de vida la persona carece de valor jurídico como tal, y por tanto, de derechos. Hasta hace poco, ni siquiera los nacidos que no superaban las 24 horas de vida tenían derecho a un nombre y a figurar en el libro de familia, algo que muchos averiguamos accidentalmente al conocer el caso de Uma.
Por mucho que políticamente no interese, debemos llegar a alguna conclusión, establecer de una vez por todas qué es un ser humano y qué no. Algo así no puede depender de quién esté al mando, o de lo que dicte la mayoría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario