Las cifras bailan según la fuente a la que se acuda, pero el caso es que son muchas las mujeres que, junto con sus hijos, mueren cada año por culpa de este lucrativo negocio.
En muchas de mis conversaciones con activistas pro-elección he sido acusada de "promover" o de "estar a favor" del aborto clandestino, lo cual siempre me ha entristecido. Naturalmente, yo no quiero que nadie muera, ni las mujeres ni sus hijos. Tampoco quiero creer que el único modo de salvar a unas sea sacrificando la vida y la dignidad de los otros. Prefiero pensar que con educación, servicios de salud y planificación familiar y penas duras para los carniceros que practican este tipo de operaciones, se podría reducir a mínimos la mortalidad materna y fetal.Tal vez me equivoque, pero yo creo que es posible encontrar una solución equitativa.
Más información sobre la mortalidad materna en este enlace.
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