El debate en torno al aborto es uno de esos que parecen no tener fin. Parte de la culpa la tiene la complejidad del tema en sí, que incluye cuestiones sobre el inicio de la vida humana, el concepto de persona y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. Pero otro motivo fundamental que impide que la discusión avance es el hecho de que el aborto se haya convertido en una especie de tabú, de forma que hablamos poco de él y, cuando lo hacemos, nuestras conversaciones suelen ser superficiales o acabar en discusiones airadas.
Common Ground Without Compromise es un libro que puede ayudarnos a iniciar y mantener conversaciones sobre el aborto de una forma más constructiva a través de una serie de preguntas que buscan encontrar un elemento fundamental pero a menudo olvidado: el terreno común, aquello en lo que todos, pro-vida y pro-elección, estamos de acuerdo.
Pese a que él mismo es partidario del derecho a vivir, Wagner ha procurado redactar el libro de forma que pueda ser de utilidad tanto a quienes defienden al no nacido como a quienes se decantan por el derecho a abortar; y lo ha hecho así con el convencimiento de que ayudar a ambos bandos a mejorar sus habilidades para la comunicación y la compresión mutua es el mejor modo de lograr que todos avancemos juntos en nuestra búsqueda de la verdad. Además, si bien a menudo se hace referencia en sus páginas a la situación concreta del aborto en los EE.UU., la mayoría de sus consejos son fácilmente trasladables al contexto de cualquier otro país.
La principal pega es que, de momento, la obra sólo está disponible en inglés. No obstante, al estar escrita en un lenguaje claro y sencillo basta con tener un nivel medio del idioma y un diccionario a mano para entenderla sin problemas. Lo mejor: se puede conseguir de forma gratuita en formato PDF siguiendo los pasos que el propio autor da en este enlace.
Animo a todo el mundo a leer este libro y a poner en práctica las ideas que se exponen en él, porque estoy convencida de que sólo podremos avanzar, en una dirección u otra, a base de cambiar conciencias, y no lograremos cambiar la de nadie mientras nos neguemos a hablar entre nosotros de forma civilizada.
Aquí voy a hablar de un experimento mental pro-elección que he visto usar más de una vez en las redes sociales y que últimamente ha vuelto a cobrar fuerza. Se puede plantear de muchas formas, pero la más reciente vendría a ser más o menos así:
"Estás en una clínica de fertilidad. El edificio está ardiendo y tienes que elegir entre salvar a un bebé o a diez embriones congelados. ¿Qué haces?"
Este experimento pretende ponernos en lo que se conoce como un no-win scenario, es decir, una situación en la que, hagamos lo que hagamos, no podemos ganar. Si elegimos al bebé, la persona que ha planteado el experimento entenderá que estamos admitiendo que su vida vale más que la de los embriones y lo tomará como una prueba de que la postura pro-vida no se sostiene. Si elegimos a los embriones o lo dejamos al azar pensará, o bien que estamos siendo irracionales, o bien que le estamos mintiendo y que no queremos admitir que en realidad salvaríamos al bebé.
Y es que, en el fondo, quien plantea este escenario hipotético suele estar convencido de que salvaríamos al bebé. ¿Por qué? Ahora lo veremos.
¿Hay alguna diferencia relevante entre un bebé y un embrión humano?
En primer lugar, vamos a tratar de analizar la situación de forma racional. Desde la perspectiva pro-vida, todas las vidas humanas implicadas en este experimento tienen un mismo valor intrínseco o fundamental. Teniendo esto en cuenta, lo lógico, aparentemente, sería escoger a los embriones, salvando así el mayor número de vidas posible. Sin embargo, en este caso en concreto existen una serie de circunstancias que conviene tener en cuenta, ya que podrían hacer variar nuestras prioridades. Estas circunstancias serían principalmente dos: la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir.
Como todo el mundo sabe, la mortalidad en la etapa embrionaria es muy alta. Un bebé tiene muchas más probabilidades de sobrevivir una vez puesto a salvo que un embrión. Así, si elegimos al bebé, podemos estar bastante seguros de que este seguirá viviendo, pero si elegimos a los embriones, podría ocurrir fácilmente que todos ellos muriesen antes de lograr implantarse o poco después de hacerlo (y esto sólo si logramos que todos ellos sean gestados por sus madres o adoptados, para empezar) con lo que no habríamos conseguido salvar a nadie.
Además, también deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿el bebé puede sentir dolor, miedo, etc. si lo dejamos arder? Sí. ¿Y los embriones? No. Puestos a elegir, una muerte dolorosa sería peor que una muerte indolora.
Enfocándolo de este modo, si el experimento nos obligase a elegir entre un bebé consciente de lo que ocurre y que tiene altas probabilidades de seguir viviendo si lo salvamos y diez bebés en coma que no se van a enterar de nada y que tienen pocas probabilidades de sobrevivir, quizá lo más lógico sería elegir al bebé consciente.
Si, por el contrario, asumiésemos que tanto el bebé como los embriones tienen las mismas probabilidades de sobrevivir y que ninguno de ellos puede sentir, lo más lógico sería elegir a los embriones.
La fuerza de la empatía
Hasta aquí el razonamiento. No obstante, en una situación extrema en la que nos vemos obligados a tomar una decisión semejante, ¿nos guiaríamos por la lógica? Probablemente no. Las principales responsables de nuestra reacción en este escenario serían nuestras emociones. Y estas son la razón por la que la mayoría de las personas que plantean este experimento esperan que escojamos al bebé.
Cualquier persona mínimamente decente y que no padezca algún tipo de psicopatía siente el impulso de proteger a un niño pequeño cuando está en peligro. Esta especie de instinto parental puede ser tan poderoso como para, en una versión modificada del experimento planteado, llevarnos a optar por salvar a un niño de un incendio antes que a diez adultos. No obstante, este impulso natural no lo hemos desarrollado con los embriones, a los que hasta hace pocos años no podíamos ni ver.
Además, es fácil empatizar con un niño que se parece físicamente a nosotros y que experimenta sensaciones similares a las nuestras, mientras que con un embrión, que no tiene consciencia de sí mismo ni de su entorno, y que en sus primeras etapas tiene el aspecto de una mora o una habichuela, es prácticamente imposible. Sólo nuestra razón nos permite ver que uno es tan humano como otro y llegar a la conclusión de que, a un nivel fundamental, todos los seres humanos tienen el mismo valor moral, al margen de nuestros sentimientos hacia ellos.
Es más fácil sentirse identificado con un bebé que con un embrión.
Así pues, este experimento busca una respuesta emocional, no racional. Sin embargo, el hecho de que, si se diese el caso en la realidad, probablemente la mayoría de nosotros nos dejaríamos llevar principalmente por nuestras emociones y elegiríamos al bebé, no demuestra nada acerca del valor moral objetivo y fundamental de los embriones. Como mucho, nos ayuda a ver el peso que tienen nuestros sentimientos a la hora de tomar decisiones en situaciones extremas. Al fin y al cabo, si tuviésemos que elegir entre la vida de un desconocido y un ser querido, ¿quién no elegiría sin dudar al ser querido? Esto no implica que la vida del desconocido sea menos valiosa a un nivel fundamental.
Ahora bien, dejando al margen la cuestión emocional y volviendo a las características que teníamos en cuenta para elegir entre una vida y otra (en este caso, la probabilidad de supervivencia y la capacidad de sentir), hay que tener en cuenta que estas consideraciones sólo tienen sentido si nos vemos obligados a elegir entre dos valores fundamentales, es decir, cuando no tenemos más remedio que apoyarnos en valores secundarios para establecer prioridades. En condiciones ideales, estas características no tendrían mucha relevancia, ya que una vida humana no deja de ser valiosa a un nivel fundamental sólo porque pueda ser más corta o porque se encuentre en un estado no consciente.
Esta clase de escenarios extremos que nos obligan a elegir entre unas vidas y otras se dan muy poco en la vida real, afortunadamente, y cuando lo hacen, como en el caso de un embarazo que ponga en riesgo la vida de la madre, elegimos a esta última, entre otras cosas, por las razones antes mencionadas.
En la mayoría de los embarazos no encontramos un caso de vida contra vida, sino de vida contra experiencias negativas (embarazo y parto no deseados) por lo que la elección está clara: vida.
Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a un experimento mental de esta clase?
El otro día me encontré en Twitter con un hilo en el que una mujer explicaba cómo se vio obligada a abortar a su hijo cuando era una adolescente. Más tarde, esta persona publicó el hilo recopilado en una imagen con el siguiente tuit:
La fuerza de la historia me llamó la atención por lo que, con el permiso de la autora, procedo a traducir el texto:
“Despotrique largo, gráfico y personal. Siéntanse libres de ignorarlo: Mi amiga y yo entramos en la clínica. Parece una clínica normal. La señora nos pregunta en el mostrador qué queremos. Tests de embarazo, decimos las dos al mismo tiempo. Las dos pagamos nuestros 10$, porque PP no es barata. Los de ambas son positivos. Las dos lo sabíamos. Yo sé que estoy de unas 3-4 semanas. Mi amiga está llorando. Yo no. Yo amo al padre. Somos como Romeo/Julieta. Él tiene 20 años y yo 16. Mis padres nos han mantenido separados, ahora no pueden. La enfermera me pregunta primero qué planeo hacer. Yo hincho el pecho y digo ‘Me lo voy a quedar’. ¿Tienen cuidados pre-natales? La enfermera declara que no. A menos que quiera un aborto, no tienen ningún otro servicio para mí. Ella se vuelve a mi amiga, que todavía está llorando y dice que quiere un aborto. La enfermera me dice ‘Ya no queda nada que hacer, así que puedes irte’. Mi amiga me permite quedarme. Me siento durante una hora y media mientras la enfermera pasa 5 minutos llevando a cabo el procedimiento y descanso intentando pensar con mi amiga cómo pagará los 400$.
Corro a casa, llamo al ‘hombre’ que me ama. Digo ‘Estamos embarazados’. Podemos estar juntos. Él grita en el teléfono ‘Joder, deshazte de él. Tus padres ya me han amenazado con cargos legales por violación. Esto es una prueba. ‘Yo no lo quiero y hemos acabado’. Estoy estupefacta, pero desafiante. Este es mi bebé. Puedo hacer esto. Ya estoy enamorada de él. Encontraré la manera.
Sé que necesito decírselo a mis padres, voy a subirlos a bordo para que me apoyen, así que esa noche hago que se sienten. Mi padre está extrañamente tranquilo. Mi madre no. ‘Yo estuve embarazada a los 15 años, no puedo tener a una hija de 16 años embarazada. Dios, cómo pudiste avergonzarme. ‘Mamá, no, me lo voy a quedar’. Mi madre dice ‘Eres una puta inmadura, no eres ni la mitad de madura que yo era a tu edad. Mi madre tiene una forma de rebajarme, y tiene razón. Soy inmadura. Pensé que él me quería, pero realmente quiero al bebé que crece dentro de mí. Está previsto que él/ella nazca el 8 de junio. Yo: entonces daré al bebé en adopción. Mi papá liberal resopla ‘Nadie quiere un bebé mestizo. Tu bebé languidecerá en un hogar de acogida. ¿Es eso lo que quieres?’ Mi madre chilla ‘Estás fuera. Si te quedas con el bebé, sales de esta casa. De hecho, lárgate ahora mismo’. Dejo el hogar en la oscuridad y vago por la calle durante horas. ¿Cómo demonios voy a hacer esto? No tengo a dónde ir. Estoy sentada en un columpio de un parque de juegos diciéndome lo estúpida que soy. Mi madre se sienta a mi lado. ‘Supongo que como has vuelto significa que harás lo que digo’. La conducta de mi madre cambia. Es casi frívola. Me siento físicamente enferma. ‘Oh cariño, no te preocupes. No tendrás que ir a esa asquerosa Planned Parenthood. Conseguiremos a un médico para que lo haga en un hospital.
Cuando estoy sobre las 5 semanas, veo a un médico. Es frío. No explica el procedimiento, aparte de decir que mis padres pagaron para que fuese al ocaso. Estaré consciente, pero no me importará. El procedimiento será simple y rápido, me asegura. Hacen una ecografía para datar el embarazo, que es alejada de mi rostro y programa mi aborto para dentro de tres semanas.
Tres semanas después estoy preparada para la operación. Me llevan a una sala de operaciones y me dan una píldora. La píldora hace que todo sea neblinoso e irreal. Mis pies están en los estribos y mi mente corre a través de todo lo que está pasando. Entonces lo oigo. Suena como una malvada aspiradora. Y siento la presión. Mi mente grita ‘NO’ y entonces empiezo a gritar ‘No, no, no, no, no, no’. Esto no está bien. Esto no está bien. Esta aspiradora está matando. Está sorbiendo la vida de mi interior. Estoy matando a mi bebé. ‘No’. Estoy sollozando. El médico me dice que me calme, pronto habrá acabado. No lo hago. No puedo. Estoy matando a alguien. No a cualquiera, sino MÍO. De nuevo, él me asegura que terminará pronto. Poco podía saber que la pesadilla nunca acabaría para mí. La aspiradora continúa. Me siento violada, más violada que cuando me violaron dos años atrás. Por fin ha acabado. Me mandan a la sala de recuperación. Estoy sollozando histéricamente ‘mi bebé, mi bebé, mi bebé’. Sé que hablo alto. Una enfermera llega y se me acerca a la cara. ‘Cállate, dice, estás alterando a las otras pacientes’. Aparentemente no merezco respeto como paciente, y lo acepto. Soy escoria. Soy una asesina. No dejan a nadie de apoyo allí, pero mi tía, que trabaja en el hospital, entra a hurtadillas. Ve mi estado y me sostiene mientras lloro. A día de hoy, ella es el único miembro liberal de mi familia que es pro-vida. Siempre me he preguntado si ese fue el momento para ella. Me dejan vestirme, estoy sangrando y tengo calambres y es horrible. Me dan algunas medicinas. Me voy a casa y sigo sollozando, aunque la histeria se ha templado. Me tumbo en la cama y mi madre me abraza. La mujer que me dio la vida, pero no me dejó hacerlo a mí.
Sólo eras una niña, me dice la gente. Pero no lo era, desde el momento en que quedé embarazada, era una mamá. Y una mamá protege a sus hijos pase lo que pase.Fallé. Cada 8 de junio, me lo recuerda. Me lo recordó cada vez que oí el latido de mis hijos, o incluso su risa, que falta uno. Uno está muerto. Porque se me dió una ‘elección’. Te quiero pequeño, siempre lo haré”.
Esta historia no es única. Son muchos los testimonios de mujeres que cuentan vivencias similares acerca de cómo su entorno y sus circunstancias las llevaron a abortar contra su voluntad. Dichos casos son frecuentemente denunciados por las asociaciones pro-vida, pero, curiosamente, apenas son mencionadas por los grupos pro-elección. No sé si esto se debe a que creen que son minoritarios y, en consecuencia, los consideran irrelevantes, o a que temen que condenándolos públicamente puedan contribuir a la reducción del apoyo social al derecho al aborto. En uno u otro caso, cometen un error. En el primero porque, aún suponiendo que los casos de abortos forzados fuesen sólo un pequeño porcentaje de los que se practican, esto no haría que la problemática dejase de ser importante; y en el segundo porque si una persona cree realmente en el derecho a decidir en libertad si se aborta o no, debe ser coherente con su postura. No centrarse sólo en garantizar el derecho a abortar, sino también el derecho a dar a luz, una opción que para muchas mujeres resulta, en la práctica, inaccesible.
Aquellos que defienden el derecho a decidir deberían unirse a los pro-vida en estos casos, denunciando y proponiendo soluciones para erradicar la violencia estructural que obliga a muchas mujeres a interrumpir su embarazo. ¿Cómo? Para empezar, visibilizando el problema, no ignorándolo; compartiendo las historias de estas mujeres; promoviendo desde sus plataformas políticas públicas y apoyando a organizaciones privadas que provean a las mujeres embarazadas en situación de dificultad de la ayuda que necesiten para que puedan continuar con su embarazo, si así lo desean. Y desde luego, siendo coherentes también en todos los ámbitos de su vida privada, apoyando a las mujeres que les rodean con los medios a su alcance y no presionándolas para que tomen una decisión que a lo mejor ellos consideran más sensata o conveniente.
De este modo, si trabajamos juntos para erradicar todos los factores coercitivos que llevan al aborto, puede que consigamos un avance para ambos: salvar vidas y garantizar que las mujeres puedan decidir en auténtica libertad.
Lo cierto es que es frecuente en el activismo pro-vida que se compare el aborto con otros crímenes contra la Humanidad como el Holocausto, la esclavitud, etc., en base a los puntos que tienen en común. Sin embargo, ¿es válida esta comparación? La organización Secular Pro-Life se hizo esta misma pregunta hará un año y se la planteó a los seguidores de su página de Facebook. Finalmente lograron clasificar las respuestas en tres grandes grupos:
1 - No, la comparación presenta problemas.
2 - Sí, es una comparación válida, pero no necesariamente efectiva.
3 - Sí, es una comparación válida.
En Secular Pro-Life decidieron recoger en un artículo algunos de los comentarios que encajaban en los distintos grupos y he pensado que valía la pena traducirlos para que más gente pueda hacerse una idea de los pros y los contras de este tipo de comparaciones. Así que ahí van:
1 - No, la comparación presenta problemas.
Emily: En el mundo de la terapia/psicología se dice a menudo que la gente no debería intentar comparar su pena con la de otro. Por las mismas razones, creo que al comparar el aborto con el holocausto hay una ruptura emocional que puede minimizar involuntariamente la pena de cualquiera de las tragedias. Al igual que con cualquier tristeza, vemos serias similitudes. Pero hay muchas razones para no medir una frente a la otra.
Noah: El aborto no consiste en matar a todos los bebés, solo a algunos en ciertas circunstancias, mientras que el holocausto consistió en exterminar a grupos enteros de gente.
Christian: La comparación no es solo sobre el número de muertes, sino sobre el sufrimiento global. Los prisioneros en el Holocausto fueron privados de comida, abusados, despojados de ropa y humillados, tiroteados por deporte, utilizados en experimentos, empleados como esclavos, congelados, obligados a marchar hasta la muerte y vivieron sabiendo en todo momento que podían ser enviados a las cámaras de gas como animales. Eran los muertos vivientes. El desmembramiento de un feto es feo y perturbador, pero la víctima no experimenta sufrimiento consciente (al menos no en el mismo grado). No es capaz de procesar lo que le está ocurriendo, o, si lo hace, es al nivel más elemental (dolor físico).
Richard: Hasta que el gobierno obligue a la gente a abortar contra su voluntad, es difícil decir que están al mismo nivel.
Frank: Pienso que no, por la siguiente razón: un holocausto está dirigido contra gente de una cierta raza (o, en algunos casos, una religión u otro factor común), y el resultado final deseado de ese holocausto es un mundo libre de judíos/católicos/palestinos, etc. Los partidarios del aborto no se enfocan en ningún grupo en particular; no discriminan en otras cuestiones aparte de la edad, y en general no obligan a ninguna madre a abortar a su hijo. Aunque soy fuertemente pro-vida, considero el término holocausto no sólo equivocado sino también innecesariamente provocativo, lo que podría no ser útil en una discusión racional.
Aria: Los judíos, los gitanos y los no-arios fueron violados, saqueados, humillados, torturados y obligados a trabajar hasta la muerte. Por mucho que deplore el aborto, no me parece una comparación justa.
Grace: El problema de comparar el aborto con el holocausto es la habitual desestimación social del sufrimiento y la persecución de los judíos por parte del público no-judío general. A muchas personas judías les frustra que los sentimientos anti-semitas estén a menudo vivitos y coleando a pesar de la caída del régimen nazi. En lugar de apropiarse de un evento que constituye un gran punto de inflexión en la historia judía (aunque los gais, los católicos y los romaníes también sufrieron enormemente) sería mejor dejar de usar esta comparación.
Moni: holókaustos significa quemar algo hasta los cimientos... También puede aplicarse al deseo de la ideología nazi de destruir a toda la nación judía, figurativamente reducir al pueblo judío a cenizas. El aborto no tiene como objetivo destruir a una nación - aplicado al tercer mundo, el "control de la natalidad" quiere parar el crecimiento de la población (que se considera demasiado elevada), pero no destruir a una raza o a una nación completamente. La palabra griega génos se puede aplicar ampliamente a la raza, el linaje, los orígenes, la ascendencia o los antecedentes, la palabra latina caedere significa asesinato o masacre. Así que no importa cuál sea el motivo de un asesinato en masa ideológico de mujeres (China, India) o personas con discapacidad en el útero, la palabra genocidio encaja perfectamente. Además, la gran cantidad de abortos dentro de la parte negra (y abandonada por la sociedad) de la población americana puede ser vista como un genocidio, debido a razones económicas oportunistas. El genocidio implica el asesinato organizado de un grupo de gente por razones de base, personas que son, por citar a Warren J., "clasificadas como no-personas". Yo tiendo a decir que el holocausto fue un genocidio, pero no todo genocidio debería llamarse holocausto.
2 - Sí, es una comparación válida, pero no necesariamente efectiva.
John: Puesto que el niño no nacido es completamente humano, es incuestionablemente acertado hacer esa comparación. Sin embargo, ¿es política y retóricamente ventajoso? Esa es otra cuestión completamente distinta.
Jeff: Es lógicamente análogo, sí. Pero la prevalencia del Reductio ad Hitlerum la convierte en un táctica retórica ineficaz y a menudo contraproducente. Yo la evitaría.
Kasey: Desafortunadamente ha habido personas pro-elección que me han tomado por loca cuando he usado esta comparación. He aprendido que antes de usar esta comparación necesito hacer un prólogo enfatizando claramente la verdad sobre lo que creo: la ciencia, la lógica y la moralidad humana general dictan que un bebé no nacido es un ser humano con igualdad de derechos humanos en un estadio temprano de su desarrollo. Esto parece ayudar a que la comparación se entienda mejor.
Beatrice: Sí, pero es la clase de pensamiento que me guardaría para mí misma. Tenemos que situarnos donde ellos están y la típica persona que cree que el aborto es un derecho de la mujer está muy lejos de esa forma de pensar.
R.J.: En muchos aspectos, sí - pero estratégicamente creo que una comparación como esa es más valiosa cuando se utiliza para motivar a pro-vida apáticos, más que para convertir a los que apoyan el aborto en pro-vida.
Simon: Un argumento puede tener puntos válidos si se mira objetivamente, pero todavía podría darse contra un muro emocionalmente. La agricultura animal industrial ha sido comparada con la esclavitud por algunos veganos y aún así la gente no ha sido capaz de considerar la idea. Fundamentalmente las personas creen que son seres moralmente buenos y si se argumenta lo contrario automáticamente se ponen a la defensiva. Si no vences este escollo incluso una comparación válida es contraproducente.
Adele: Es absolutamente una comparación válida -- tienes la eliminación sistemática y LEGAL de un grupo específico de gente indefensa. Hay incluso montones de paralelismos en los eufemismos usados para el aborto, el rechazo a mirar las imágenes del procedimiento, y la demonización de la oposición. Dicho esto, nunca lo he encontrado un argumento útil, ya que no sirve para entablar una conversación con los pro-elección.
3 - Sí, es una comparación válida.
Lisanne: Verdaderamente pienso que algún día miraremos atrás hacia los abortos tardíos y por nacimiento parcial legalizados con el mismo asco e incredulidad de que la sociedad pudiese justificar cometer semejante acto.
Kyle: La cuestión, para mí, es por qué el aborto es inmoral; la razón es que mata a un ser humano. Para la gente que apoya abortar a un bebé, creen que él o ella no es un ser humano. Por citar a Adolf Hitler: "Los judíos son indudablemente una raza, pero no son humanos". Así que la comparación sería entre la mentalidad de los nazis y los pro-elección. Dicho esto, ellos se limitarán a reírse como siempre hacen.
Drexel: A ambos se les asignan agradables eufemismos: Elección y La Solución Final.
Chris: Sí, muy válido, porque los bebés son exterminados en masa por las mismas razones por las que lo fueron los judíos; la creencia de que no son seres humanos como los demás, y no tienen los mismos derechos que el resto, y que su exterminio puede hacer que la sociedad sea realmente mejor.
Jimmy: Con las lentes de la historia podemos mirar hacia atrás a través de varias generaciones y decirnos a nosotros mismos, "¿Cómo dejaron que esto ocurriese? ¿Cómo pudieron no ver la maldad en ello? ¿Qué les llevó a mantenerse al margen y aceptar esto como normal?" Somos testigos del intento de exterminio sistemático de los judíos, los romaníes y de cualquiera que fuese considerado indeseable. Podemos sentir el horror de los eventos que se desencadenaron a medida que el Holocausto tomaba forma y cambiaba el mundo para siempre. Hay muchos que entienden que dentro de un siglo nuestros descendientes hablarán de los oscuros años del Aborto del mismo modo. Que todo el que esté vivo entenderá que podría haber sido uno de sus ancestros, uno de sus abuelos o bisabuelos el que se habría perdido. Muchos aún tendrán registros de alguna vida perdida en su línea familiar. Y le preguntarán a la historia, "¿Cómo dejaron que esto pasara? ¿Cómo pudieron no ver la maldad en ello? ¿Qué les llevó a mantenerse al margen y aceptar esto como normal?" No sé cómo les responderemos.
Alexandria: Sí en el sentido de que los que tienen capacidades diferentes son un objetivo. Como experiencia es diferente, pero el sentimiento -esta vida no es suficientemente valiosa/perfecta- es el mismo.
Victoria: Sí. Sobre todo porque tanto en el aborto como en el Holocausto, un segmento de la humanidad es demonizado, deshumanizado y denigrado para que se le pueda asesinar sin compasión, bajo la misma apariencia de estar protegiendo los "derechos" de otro segmento de la humanidad, con la justificación de que el deshumanizado "enemigo" está siendo opresivo con el segundo segmento. A pesar de que, siendo realista, el segundo segmento no está en absoluto oprimido y es de hecho el opresor.
Caricatura en la que se compara el número de víctimas del Holocausto,
la dictadura comunista de Stalin y el aborto en EE.UU. desde
su legalización.
Conclusión
¿Deberíamos comparar el aborto con el Holocausto?
Lo cierto es que, aunque siempre la he considerado una comparación válida en el sentido en el que la utilizan los miembros del grupo 3, últimamente tengo mis dudas, y tiendo a situarme más entre el grupo 2 y el 1. Podemos ver ciertas similitudes entre el Holocausto y el aborto provocado como fenómeno global, pero hay al menos un par de aspectos que deberíamos tener en cuenta antes de compararlos públicamente:
- El dolor es importante.
No recuerdo quién dijo que la actitud de toda persona ante el dolor ajeno debe ser siempre la de un respeto extremo. Esto es absolutamente cierto. Podemos entender que matar a una persona sin provocarle ningún tipo de dolor o sufrimiento es horrible y a la vez admitir que torturar, humillar y aterrorizar a una persona, causándole un inmenso sufrimiento para finalmente matarla, es aún peor. Los nazis hicieron esto último con millones de personas, mientras que, como señala Christian, en la mayor parte de los abortos la víctima no siente dolor ni es consciente de lo que le ocurre o, si lo es, es a un nivel muy básico. El sufrimiento físico y mental es, afortunadamente, nulo para mayoría de los abortados y por tanto no es comparable, ni de lejos, al de las víctimas del Holocausto. Esto es algo que debemos tener muy en cuenta porque es un aspecto muy importante del horror que supusieron los crímenes nazis, un mal añadido al exterminio de sus víctimas demasiado relevante como para pasarlo por alto a la ligera.
- Los pro-elección no ven las cosas como nosotros.
Si algo ha quedado demostrado sobre comparar el aborto con el Holocausto es que se trata de un argumento completamente inútil, e incluso contraproducente, a la hora de convencer a quienes apoyan el aborto de que están equivocados. Y no es de extrañar, a nadie le gusta que le llamen nazi. Pero sobre todo, la comparación no sirve en este sentido porque los pro-elección no ven las cosas como nosotros. En su mente, tal como funciona actualmente, los embriones y los fetos humanos de pocos meses de vida son poco más que verrugas sin importancia. Para ellos es inconcebible que sus vidas puedan tener el mismo valor que la de una persona nacida. Esto hace que la comparación les resulte surrealista y, lo que es peor, que se la tomen como un insulto a las víctimas del nazismo. En cierta ocasión, un pro-elección que había estado siguiendo mis publicaciones porque le gustaba oír otros puntos de vista abandonó mi página al sentirse ofendido cuando comparé el Holocausto con el aborto. Y con ello perdí la oportunidad de ayudarle a abrirse a la filosofía pro-vida. Así que no deberíamos usar tal comparación ante un pro-elección sin antes dejar claro, como dice Kasey, dónde vemos los paralelismos y dónde no, y mostrando una simpatía y un respeto absolutos por las víctimas de los crímenes nazis.
Espero que este artículo pueda servir a alguien para entender la complejidad del asunto y mejorar sus conversaciones y su defensa del derecho a vivir.
Pregunta: ¿Creéis que deberíamos comparar el aborto con el Holocausto? Podéis responder en los comentarios.
Una vez vi un spot en el que se preguntaba a varias personas si estaban a favor o en contra del aborto. Todas decían estar en contra. Sin embargo, al preguntarles si apoyarían una ley que penalizase a las mujeres por abortar, ninguno de los encuestados sabía qué decir. Naturalmente se trataba de actores, pero el objetivo del anuncio era mostrar una realidad: que gran parte de las personas que se definen como pro-vida no están de acuerdo con que se envíe a la cárcel a las mujeres que abortan.
He visto a defensores del aborto acusar a los pro-vida de "odiar a las mujeres", de "querer encarcelarlas" por tomar decisiones que sólo les incumben a ellas; de que lo único que buscan es coartar su libertad. Sin embargo, cuando algún pro-vida se muestra reacio a penalizar a las madres que han abortado, frecuentemente es tachado de incoherente por los propios pro-aborto.
Ahora bien, respecto a la cuestión de si las mujeres que abortan deberían ser penalizadas de algún modo, ¿por qué hay opiniones encontradas, incluso entre quienes defienden el derecho del no nacido a la vida? ¿En qué se fundamenta cada una de ellas?
A favor
El motivo por el que algunos pro-vida creen que se debería penalizar a todos los implicados en un aborto consentido, incluyendo a la madre de la criatura, es simple. Y no, no es que estén deseando "fastidiar" al sexo femenino, castigando por gusto a mujeres inocentes. Su postura se basa en la idea de que todo ser humano debe ser igual ante la ley. Según esta premisa, cualquier ser humano que prive a otro de su vida debe recibir el mismo castigo por ello, independientemente de la edad, ubicación o grado de dependencia de la víctima.
Mucha gente (pro-aborto incluidos) entiende que esta es la única postura coherente con una mentalidad pro-vida. ¿Cuál es, entonces, el motivo por el que tantos pro-vida (incluyéndome a mí), no crean que se deba penalizar a las mujeres que abortan? La respuesta, en este caso, es algo más complicada.
En contra
Si tuviese que explicar por qué estoy en contra de que se penalice a las mujeres que cometen abortos tendría que empezar hablando de la consideración que la sociedad actual tiene hacia el feto, y sobre todo, hacia el embrión humano. Hasta hace unas pocas décadas, la gente de a pie apenas tenía idea de qué ocurría dentro del vientre materno durante la gestación. Para cuando llegaron las primeras ecografías, la Humanidad ya había aceptado, en su mayoría, que quitar la vida a un ser humano nacido era algo abominable. Dicha consideración, no obstante, no se había extendido al no nacido, especialmente durante los primeros meses del embarazo, en los que su existencia era casi imperceptible. En los últimos años, nuestros conocimientos sobre el desarrollo embrionario y fetal se han multiplicado. Sin embargo, el estatus moral del embrión humano no ha evolucionado a un ritmo acorde al conocimiento científico, de modo que, en la mayor parte del mundo, aún no se reconoce el derecho a la vida de un ser humano mientras no haya alcanzado una edad gestacional determinada (que varía entre unas pocas semanas después de la concepción y el momento del nacimiento). La falta de una conciencia social que acepte a los no nacidos como seres humanos con dignidad y derechos fundamentales iguales a los demás implica que muchas (por no decir la mayoría) de las mujeres que abortan lo hacen sin pensar que están acabando con una vida humana, algo que no ocurriría si se viesen en la tesitura de matar, por ejemplo, a un recién nacido. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿merece el mismo castigo una persona que mata a otra sabiendo lo que hace, que otra que comete el mismo crimen convencida de que está, no sé, sacándose una muela? A ello hay que sumarle el hecho de que, aún hoy, muchas de las mujeres que abortan se encuentran sometidas a diversas presiones (pareja, familia, miedo a perder o no encontrar empleo, falta de recursos económicos, etc.) que dificultan el ejercicio de la maternidad. Podemos suponer lo difíciles que deben ser las circunstancias de una mujer que opta por arriesgar su salud, e incluso su vida, abortando clandestinamente a su hijo en lugar de darlo a luz. Dicha reflexión nos lleva al principal motivo de mi oposición a la penalización de las mujeres: la importancia de combatir los estragos del aborto clandestino.
Y es que, pese al efecto disuasorio que pueda tener el riesgo de penalización a la hora de cometer un delito, la experiencia demuestra que este nunca logra eliminarlo del todo. Tenemos multitud de leyes que prohíben acciones como matar, violar, etc. y sin embargo estos crímenes se siguen cometiendo. Teniendo en cuenta la predominancia de la mentalidad antes citada (que no considera al no nacido como un ser humano de pleno derecho), sumada a las presiones que pueden llevar a las mujeres a abortar, es de suponer que muchas de ellas seguirían recurriendo a esta práctica, a pesar de su prohibición. De estas, aquellas con menos recursos económicos podrían correr mayores riesgos al recurrir a abortos caseros o llevados a cabo en condiciones insalubres. La amenaza que suponen estas prácticas para la salud y la vida de estas mujeres es una de las herramientas más utilizadas por los pro-aborto para presionar emocionalmente a sus oponentes y convencerles de que, incluso siendo moralmente incorrecto, el aborto legal sería un mal necesario. Ahora bien, eliminando el miedo a las consecuencias penales garantizaríamos que las mujeres que abortasen pudiesen acudir sin miedo a un centro sanitario en caso de haber complicaciones, reduciendo así el riesgo de muerte y daños físicos graves. Además, esta medida permitiría a los profesionales de la salud recoger datos de forma anónima que sirviesen para analizar las causas que llevan a las mujeres a abortar y elaborar estrategias de prevención tanto a nivel local como nacional.
Alguien podría decir: "Entonces, si no vamos a penalizar a las mujeres, ¿qué sentido tiene prohibir el aborto?" Hay que tener en cuenta que la prohibición sería, ante todo, una consecuencia lógica del reconocimiento de los Derechos Humanos Pre-Natales. Además del efecto disuasorio de la ley, su objetivo principal sería el de respaldar legalmente la dignidad intrínseca del ser humano aún en las primeras etapas de su vida. Por otra parte, la presión para abortar y el riesgo para la propia salud no son aplicables a los abortistas, es decir, aquellos que practican abortos a otras mujeres, de ahí que incluso los pro-vida que se oponen a penalizar a la mujer que aborta, por empatía y compasión y para reducir al mínimo el número de vidas perdidas, no suelan tener reparos en enviar a la cárcel a aquellos que, a menudo con ánimo de lucro, no sólo quitan la vida a un ser humano inocente, sino que además ponen en peligro a su madre.
Pregunta: ¿Creéis que debería penalizarse a las mujeres por abortar? Me gustaría leer vuestras opiniones en los comentarios.
Esta es una de las afirmaciones más chocantes que me encuentro cuando hablo con partidarios del aborto. Y no es que sea poco frecuente.
"Deberíais preocuparos más por los que ya están vivos, los embriones/fetos son conjuntos de células sin vida, etc.".
Sólo se me ocurren dos posibles explicaciones para que alguien diga que los embriones humanos no están vivos: o bien no sabe cuáles son las características que definen a los seres vivos (y que están presentes también en los embriones de cualquier especie) o bien define el inicio de la vida humana basándose en el criterio utilizado para determinar el estado de "muerte cerebral". Por si acaso, empezaré con un pequeño repaso sobre lo primero y después haré un análisis de lo segundo.
¿Cuáles son las características que definen a un ser vivo?
Aunque la vida en sí es un fenómeno físico-químico extremadamente complejo, existen una serie de características que todos (o casi todos) los seres vivos comparten. Estas son:
Organización y complejidad
Los seres vivos están formados por moléculas orgánicas (proteínas, lípidos, glúcidos, ADN/ARN) e inorgánicas (agua, sales minerales, gases) que se organizan formando estructuras complejas. Se considera a la célula como la mínima unidad de la vida, de modo que los seres vivos pueden estar formados por una sola célula (unicelulares) o por muchas células (pluricelulares) que a menudo se organizan formando tejidos y órganos especializados.
Los embriones y fetos humanos están formados por células.
Homeostasis
Los seres vivos tienen la capacidad de mantener las condiciones internas de su organismo relativamente constantes.
Respuesta a estímulos
Los organismos vivos son capaces de percibir y responder a estímulos tanto internos como externos.
Los organismos obtienen átomos y moléculas del aire, agua, suelo o de otros seres vivos y los utilizan para llevar a cabo las reacciones químicas que permiten su crecimiento, conservación y reparación.
El embrión/feto obtiene los nutrientes y el oxígeno que necesita (y expulsa los desechos y el dióxido de carbono) a través de la placenta y el cordón umbilical que ponen en contacto su cuerpo con el de su madre.
Crecimiento y desarrollo
El crecimiento es el aumento del tamaño y/o del número de células que componen un organismo a través de la conversión de los materiales obtenidos del ambiente en moléculas específicas del mismo.
El embrión humano empieza a crecer desde el momento de su concepción y no deja de hacerlo hasta alcanzar la adultez.
Reproducción
Todos los seres vivos se caracterizan por ser capaces de reproducirse, es decir, de transmitir su material genético a la siguiente generación, en algún momento de sus vidas.
El ser humano adquiere la capacidad de reproducirse al alcanzar la pubertad.
Evolución
Aunque la estructura genética de un solo organismo prácticamente no cambia durante toda su vida, la composición genética de una especie como un todo cambia conforme pasan las generaciones.
Visto lo visto, queda claro que embriones y fetos humanos encajan perfectamente en la definición de “ser vivo”. Entonces, ¿cómo es posible que incluso algunos científicos nieguen que el embrión humano esté vivo? Pues como decía más arriba, generalmente la respuesta tiene que ver con el concepto clínico de “muerte cerebral”.
Desarrollo del sistema nervioso: Por qué el concepto de “muerte cerebral” no es aplicable al embrión humano.
El argumento vendría a ser el siguiente: "Si consideramos que el cese de la actividad cerebral señala el final de la vida, ¿por qué no concluir que el inicio de dicha actividad marca el principio de la misma?”.
Hay que decir, en honor a la verdad, que se trata de uno de los argumentos pro-aborto más sólidos e interesantes que me he encontrado nunca. A diferencia de la mayoría, se basa en una realidad científica (el desarrollo del sistema nervioso) para establecer el comienzo de la vida humana en un momento distinto de la concepción.
El razonamiento funciona más o menos así:
A) Un ser humano adulto que no tiene actividad cerebral está muerto.
B) Un embrión humano no tiene actividad cerebral.
Conclusión: El embrión humano está muerto.
Parece lógico. Sin embargo, este razonamiento elude un factor esencial que caracteriza a la primera situación, pero que no está presente en la segunda, y que una vez tenido en cuenta, invalida la analogía: la irrevocabilidad.
¿Por qué se considera que una persona que carece de actividad cerebral está muerta? Porque esta situación es irreversible. Un ser humano que emitió ondas cerebrales en el pasado y dejó de hacerlo nunca podrá recuperarlas, ha perdido para siempre la capacidad de funcionar como un todo integrado, así como la facultad de elaborar pensamientos racionales que caracteriza a nuestra especie. Puesto que esta pérdida es irrevocable, la establecemos como sinónimo de “muerte”. Dicha circunstancia no se da en el embrión. Este no ha perdido la capacidad de generar ondas cerebrales (o de razonar), sino que aún no la ha desarrollado. La inactividad cerebral no es permanente en él, como lo es en el caso de la persona en muerte cerebral, ya que su organismo posee la capacidad de desarrollarse hasta adquirirla.
Ahora bien, consideramos que un humano adulto está legalmente muerto cuando no presenta actividad cerebral. ¿Por qué? Porque un organismo cuyo cerebro ha muerto es irrecuperable. ¿Y a qué se debe esto? Sencillamente a que un ser tan complejo como es el humano adulto necesita que su cerebro funcione para poder seguir realizando sus funciones vitales como un todo integrado. Esto no ocurre en organismos más simples, como las plantas o algunos invertebrados y tampoco en las primeras semanas de desarrollo de seres más complejos, como los humanos. Un embrión humano no necesita tener un cerebro para seguir respirando, alimentándose y desarrollándose. A medida que aumente su grado de desarrollo se irá volviendo más y más dependiente de su sistema nervioso central. Un humano que dependa de su cerebro para sobrevivir dejará automáticamente de crecer y realizar el resto de sus funciones vitales si este órgano muere, y empezará a descomponerse, a desorganizarse. El organismo en estado de muerte cerebral ha perdido la capacidad de funcionar como un todo. El que se encuentra en estado embrionario, no. El estado inactivo del cerebro embrionario no es permanente; de hecho, si nada interrumpe su desarrollo, este continuará hasta que el individuo adquiera todas las facultades propias de la especie humana, incluidas la capacidad de sentir y razonar.
Si lo que hace que la ausencia de actividad cerebral se utilice para definir el estado de muerte es que es definitiva, porque dicho organismo depende de su cerebro para subsistir, no tiene sentido considerar que un organismo en el que este estado no lo es porque no depende (aún) de dicho órgano, está muerto.
La afirmación de que un embrión humano no está vivo mientras no manifiesta actividad cerebral asume que la vida DEBE empezar del mismo modo que acaba. ¿Pero por qué habría de hacerlo? Al fin y al cabo, somos el mismo ser humano, antes y después de que nuestro cerebro "se active". ¿No tendría más sentido suponer que nuestra vida empieza cuando nuestro cuerpo empieza a funcionar como un todo que al ser tan simple en sus inicios, no necesita un cerebro para coordinarse y acaba cuando deja de ser capaz de seguir funcionando como un todo, lo que, de ocurrir cuando el organismo es adulto, dada su complejidad en ese momento, sí requeriría un cerebro activo?
Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a alguien que sitúa el inicio de la vida humana en el momento en que el cerebro se vuelve activo? Podéis dejar vuestras ideas en los comentarios.
El doctor Anthony Levatino es un médico gineco-obstetra estadounidense que llegó a practicar, en los primeros años de su carrera, hasta 1.200 abortos durante el primer y segundo semestre del embarazo. Reconvertido en pro-vida, hace unos meses decidió colaborar con Live Action en la realización de una serie de vídeos donde explica cómo se llevan a cabo los abortos según la edad gestacional, así como sus efectos sobre el cuerpo de las mujeres. Ahora esos vídeos han sido subtitulados al español por la organización Opciones Heroicas, de modo que he aprovechado para recogerlos en esta entrada, añadiendo imágenes reales de las distintas fases del desarrollo prenatal y aportando algunos datos sobre la situación legal y el número de abortos en España.
Eso sí, tengo que advertir que, aunque los procedimientos se explican por medio de animaciones, su visionado puede resultar impactante y herir la sensibilidad de algunas personas.
Aborto Químico durante el Primer Trimestre (RU-486)
Aborto Quirúrgico durante el Primer Trimestre: Succión D & C, Dilatación y Curetaje
Nota:
- La legislación española actual permite el aborto libre dentro de las primeras 14 semanas del embarazo.*
- El 70,18% de los 94.796 abortos practicados en España durante el 2014 se llevaron a cabo dentro de las primeras 8 semanas de gestación.**
- En ese mismo año, se practicaron 18.200 abortos entre las 9-12 semanas de gestación.**
Aborto Quirúrgico en el Segundo Trimestre: Dilatación y Evacuación
Nota:
- En España se puede abortar legalmente hasta las 22 semanas de gestación en caso de que exista grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada o riesgo de graves anomalías en el feto.*
- En 2014 fueron abortados en España 5.924 seres humanos de entre 13 - 16 semanas de gestación.**
- Otros 2.720 no nacidos fueron abortados cuando contaban con entre 17 - 20 semanas de gestación**
-Así mismo, 1.421 abortos fueron practicados cuando el feto contaba con 21 semanas o más de gestación. **
Aborto Inducido en el Tercer Trimestre: Inyección y parto del bebé muerto
Nota:
- La legislación española permite el aborto en cualquier momento del embarazo cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida o cuando el feto padezca una enfermedad extremadamente grave e incurable.